DICCIONARIO MÉDICO
Mielopoyesis
La mielopoyesis es el proceso por el que la médula ósea genera y madura los componentes mieloides de la sangre: neutrófilos, eosinófilos, basófilos y monocitos, junto con eritrocitos y plaquetas según el alcance que se dé al término. Todos ellos derivan de un progenitor común, distinto del que origina los linfocitos, cuya diferenciación regulan varias citocinas específicas. El nombre se construye con el griego μυελός (myelós), médula, y ποιεῖν (poieîn), hacer o fabricar. Comparte esta segunda raíz con otras voces del vocabulario hematológico, como eritropoyesis o trombopoyesis, formadas todas ellas sobre el mismo patrón compositivo. Junto con la linfopoyesis, la mielopoyesis constituye una de las dos grandes ramas en las que se divide la hematopoyesis, el proceso general de formación de la sangre. La división ocurre muy pronto en el árbol celular, en el momento en que la célula madre pluripotente da lugar a un progenitor mieloide y a un progenitor linfoide con destinos ya irreversiblemente distintos. El progenitor mieloide común nace de la célula madre hematopoyética alojada en la médula ósea. De él derivan, por un lado, el progenitor granulocito-monocítico, origen de neutrófilos, eosinófilos, basófilos y monocitos, y, por otro, el progenitor eritro-megacariocítico, precursor de eritrocitos y plaquetas. La existencia de este progenitor mieloide como entidad funcional aislable se demostró en modelo murino en el año 2000, en un trabajo de Akashi y colaboradores que sentó las bases del actual esquema jerárquico de la hematopoyesis. Un primer grupo de citocinas de acción amplia, entre ellas el factor de células madre y la interleucina 3, prepara a los progenitores para proliferar. A partir de ahí toman el relevo factores de estimulación de colonias con especificidad de linaje: el G-CSF orienta la producción hacia neutrófilos, el M-CSF hacia monocitos y macrófagos, y el GM-CSF actúa sobre ambas series a la vez. La interleucina 5 dirige de forma casi exclusiva la maduración de los eosinófilos. Cada factor se une a un receptor propio en la superficie del progenitor y activa cascadas de señalización intracelular, con la vía JAK-STAT como protagonista habitual. El resultado neto es cuantitativo: más o menos células de cada tipo, según lo exijan las circunstancias del organismo. La serie granulocítica agrupa a los granulocitos: neutrófilos, eosinófilos y basófilos, así llamados por los gránulos que se tiñen de forma característica en su citoplasma. La serie monocítica da lugar al monocito circulante y, tras su salida de la médula, a macrófagos tisulares y a parte de las células dendríticas. El uso del término no es del todo uniforme. En sentido amplio, mielopoyesis incluye también la formación de eritrocitos y plaquetas, por oposición a la vía linfoide. En sentido más restringido, habitual en hematología clínica, se reserva para la serie granulocítica y monocítica, mientras que la producción de hematíes y plaquetas recibe nombres propios: eritropoyesis y trombopoyesis. Ambos usos conviven en la literatura médica actual. Durante buena parte de la vida fetal, la formación de células mieloides ocurre fuera de la médula ósea: primero en el saco vitelino, después en el hígado y el bazo. Esta localización se abandona de forma progresiva a medida que la médula ósea madura y asume la práctica totalidad de la función hematopoyética. Que reaparezca hígado o bazo como sede de mielopoyesis activa en la vida adulta se considera anómalo. Suele traducir un intento de compensación cuando la médula ósea no puede sostener la demanda de células sanguíneas, ya sea porque está infiltrada, fibrosada o dañada por otra causa. El fenómeno recibe el nombre de mielopoyesis extramedular o ectópica. No, más allá de la raíz compartida. Mielina es un término acuñado en el siglo XIX para la sustancia grasa que envuelve los axones, mientras que mielopoyesis designa un proceso celular que tiene lugar en la médula ósea. La coincidencia es puramente etimológica: ambas palabras parten del griego myelós, médula, pero cada una siguió después un camino distinto dentro del vocabulario médico. Depende de la fuente que se consulte. Algunos autores incluyen la serie eritroide dentro de la mielopoyesis, por tratarse de una vía no linfoide; otros prefieren llamar eritropoyesis a la formación de eritrocitos y reservan mielopoyesis para granulocitos y monocitos. Ninguno de los dos usos es incorrecto, pero conviene tenerlo presente al leer un texto especializado. La caracterización funcional del progenitor mieloide común como célula aislable, con marcadores de superficie propios, es relativamente reciente: se publicó en 2000 a partir de estudios en ratón, y se confirmó en médula ósea humana dos años después. Antes de esos trabajos, el esquema de la hematopoyesis se apoyaba sobre todo en observaciones morfológicas. En el feto, no: es la situación normal antes de que la médula ósea asuma su papel. Después del nacimiento, su reaparición sí se considera un hallazgo que conviene estudiar, aunque el propio diccionario no es el lugar para valorar cada caso concreto.Qué es la mielopoyesis
Mecanismo: del progenitor común a las citocinas
Clasificación de la serie mieloide
Mielopoyesis extramedular
Preguntas frecuentes
¿Tiene mielopoyesis alguna relación con la mielina de las neuronas?
¿Es correcto decir que la mielopoyesis produce glóbulos rojos?
¿Desde cuándo se sabe que existe un progenitor mieloide común?
¿La mielopoyesis extramedular es siempre un signo de enfermedad?
Referencias
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