DICCIONARIO MÉDICO
Microsoma
El microsoma es una vesícula diminuta, de entre 50 y 300 nanómetros, que se forma cuando el retículo endoplásmico de una célula queda fragmentado durante procesos de laboratorio como la trituración de un tejido. No existe como estructura autónoma dentro de una célula viva: aparece únicamente al homogeneizar y centrifugar muestras, sobre todo de hígado, y conserva buena parte de las enzimas que catalizaban reacciones en el retículo original. Mikrós, pequeño, y soma, cuerpo: de la unión de ambas raíces griegas nace microsoma, un corpúsculo diminuto. La palabra tiene, sin embargo, dos historias distintas. La acuñó por primera vez en 1880 el botánico alemán Johannes von Hanstein para designar un tipo de gránulo celular, un uso que hoy prácticamente ha desaparecido de la literatura científica. El significado que sí sobrevive llegó décadas más tarde, de la mano del biólogo Albert Claude. Trabajaba con hígado triturado y sometido a ultracentrifugación diferencial cuando obtuvo, al fondo del tubo, una fracción vesicular que no encajaba con ningún orgánulo reconocible bajo la microscopía óptica de aquellos años. La bautizó microsoma, y el nombre se consolidó antes de que el microscopio electrónico revelara su verdadera naturaleza: fragmentos del retículo endoplásmico liso reorganizados en pequeñas bolsas cerradas. Todo comienza con la homogeneización de un tejido, casi siempre hígado por su riqueza en retículo endoplásmico. La mezcla resultante se somete a una primera centrifugación a velocidad moderada, que arrastra al fondo los núcleos, las mitocondrias y los restos celulares intactos. El sobrenadante se centrifuga después a una velocidad mucho mayor, y ahí precipita la fracción microsomal: membranas fragmentadas que se han cerrado sobre sí mismas formando vesículas. La mayoría procede del retículo endoplásmico liso, aunque también aparecen fragmentos del rugoso, del aparato de Golgi y de la membrana plasmática. Su interés para la investigación es notable: contienen las enzimas del citocromo P450, responsables de buena parte de las reacciones de oxidación que el organismo emplea para transformar fármacos y otras sustancias extrañas. Por esta razón, los microsomas hepáticos son un recurso habitual en los laboratorios de farmacología y toxicología que estudian cómo se metabolizan distintos compuestos antes de que lleguen a un ensayo clínico. No todos los microsomas son iguales. Los que proceden del retículo rugoso conservan ribosomas adheridos a su cara externa y, por esa razón, sedimentan a mayor densidad en un gradiente de sacarosa. Los que proceden del retículo liso carecen de ribosomas y sedimentan más arriba. Esta diferencia de densidad permite separarlos en el laboratorio y estudiar por separado sus perfiles enzimáticos, que no coinciden del todo: el liso concentra más actividad de citocromo P450, mientras que el rugoso conserva mayor capacidad de síntesis proteica residual. El nombre induce a error. Hablar de microsoma sugiere una estructura tan definida como una mitocondria o un lisosoma, y no lo es. Ninguna célula viva contiene microsomas: son un producto artificial del propio procedimiento de laboratorio, generado en el instante en que la membrana del retículo se rompe y se pliega sobre sí misma para cerrar sus extremos sueltos. Retire la célula de la cubeta de homogeneización y el microsoma, sencillamente, no existe. Conviene no confundirlo con los microcuerpos, término con el que históricamente se ha designado a los peroxisomas. A diferencia del microsoma, el peroxisoma sí es un orgánulo real, presente en la célula intacta, con membrana propia y funciones metabólicas estables. La confusión terminológica entre ambos generó no pocos malentendidos en la literatura científica de mediados del siglo XX, cuando la resolución de las técnicas de microscopía todavía no permitía distinguirlos con claridad. No. Es un artefacto que se genera al triturar y centrifugar un tejido en el laboratorio. En una célula viva e intacta no hay microsomas, solo retículo endoplásmico continuo. Del griego mikrós, pequeño, y soma, cuerpo. El término se documentó por primera vez en 1880, aplicado a un concepto distinto del actual, y fue el biólogo Albert Claude quien lo reutilizó décadas después para nombrar la fracción vesicular que obtenía al centrifugar hígado triturado. Sirven, sobre todo, para estudiar el metabolismo de sustancias antes de que lleguen a un ensayo en personas. Al conservar las enzimas del citocromo P450, permiten reproducir en un tubo de ensayo buena parte de las reacciones de oxidación que ocurrirían en el hígado real. Los investigadores incuban el compuesto de interés junto con la fracción microsomal y analizan qué productos de degradación se generan, con qué velocidad y mediante qué isoenzima concreta. Esta información orienta decisiones tempranas sobre el diseño de un fármaco, mucho antes de que exista ningún dato en humanos. La diferencia es de fondo, no solo de tamaño. El peroxisoma existe en la célula viva, tiene una membrana estable y funciones metabólicas propias, como la degradación de ácidos grasos de cadena muy larga. El microsoma, en cambio, solo aparece tras la manipulación de laboratorio.Qué es el microsoma
Cómo se forma y qué contiene
Microsomas rugosos y microsomas lisos
Un artefacto, no un orgánulo
Preguntas frecuentes
¿El microsoma es un orgánulo de la célula?
¿De dónde procede la palabra microsoma?
¿Para qué se usan los microsomas hepáticos en un laboratorio?
¿Qué diferencia hay entre un microsoma y un peroxisoma?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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