DICCIONARIO MÉDICO
Intolerancia a la fructosa
Bajo el nombre de intolerancia a la fructosa se esconden en realidad dos situaciones muy distintas: la malabsorción de fructosa, frecuente y de carácter digestivo, y la intolerancia hereditaria a la fructosa, rara y de origen genético. Comparten palabra, pero poco más. La fructosa es un monosacárido, un azúcar simple presente en la fruta, la miel y muchos vegetales, que además forma parte de la sacarosa, el azúcar común. Su nombre viene del latín fructus, fruto. Cuando se habla de intolerancia a la fructosa, el término se usa con cierta ligereza para dos trastornos que conviene no mezclar, porque ni el mecanismo ni la gravedad se parecen. Es la variante común, la que la mayoría de la gente tiene en mente. Se produce cuando el intestino delgado no absorbe bien la fructosa por un funcionamiento insuficiente de su transportador específico, una proteína llamada GLUT5 situada en la superficie de las células intestinales. El azúcar que no se absorbe sigue camino hasta el colon, donde las bacterias lo fermentan y aparecen las molestias digestivas. Este cuadro es bastante prevalente y, por lo general, benigno. No pone en riesgo la vida y suele depender de la cantidad: una dosis pequeña de fructosa se tolera, mientras que un exceso desborda la capacidad de absorción. Hay quien la llama, de forma imprecisa, simplemente intolerancia a la fructosa, y de ahí buena parte de la confusión con la otra entidad. Aquí el problema es de otra naturaleza. Se trata de un error congénito del metabolismo causado por mutaciones en el gen ALDOB, que impiden fabricar correctamente la enzima aldolasa B. Se hereda de forma autosómica recesiva y es poco frecuente, del orden de un caso por cada veinte o treinta mil nacimientos. También se la conoce como fructosemia. Sin esa enzima, la fructosa que se ingiere no puede metabolizarse en el hígado y se acumula en forma de fructosa 1 fosfato en el hígado, el riñón y el intestino. Esa acumulación bloquea la producción de glucosa y puede dar lugar a hipoglucemia y afectación del hígado. Los primeros signos aparecen cuando el bebé empieza a tomar fructosa, sacarosa o sorbitol, es decir, al introducir la alimentación complementaria. Bien reconocida, se controla evitando esos azúcares; pasar por alto el diagnóstico, en cambio, tiene consecuencias serias. El origen las separa por completo. La malabsorción es un fallo del transporte del azúcar en el intestino; la hereditaria es un fallo de una enzima del hígado. Cambia también la frecuencia (una es común, la otra rara), la gravedad (molesta frente a potencialmente grave) y el momento de aparición (a cualquier edad frente a los primeros meses, al probar la fruta). Un mismo apellido, la fructosa, para dos historias que apenas se tocan. No. La malabsorción es un problema de absorción intestinal, frecuente y benigno. La hereditaria es una enfermedad metabólica rara, por déficit de una enzima, que puede ser grave. Que compartan nombre no las hace equivalentes. Un azúcar simple, el que da dulzor a la fruta y a la miel. Junto con la glucosa forma la sacarosa, el azúcar de mesa, así que está presente en buena parte de la dieta. No. Se estima en torno a un caso por cada veinte o treinta mil nacimientos, muy por debajo de la malabsorción, que afecta a una parte considerable de la población. En el intestino delgado, a través del transportador GLUT5. Cuando ese transportador no da abasto, la fructosa sobrante llega al colon y produce los síntomas de la malabsorción.Qué es la intolerancia a la fructosa
La malabsorción de fructosa
La intolerancia hereditaria a la fructosa
Cómo distinguir una de otra
Preguntas frecuentes
¿La malabsorción y la intolerancia hereditaria son lo mismo?
¿Qué es la fructosa?
¿Es frecuente la forma hereditaria?
¿Dónde se absorbe la fructosa?
Referencias
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