DICCIONARIO MÉDICO
Insulina de acción prolongada
La insulina de acción prolongada es la que cubre las necesidades de fondo del organismo a lo largo del día, con un efecto sostenido que se acerca a las veinticuatro horas. Se la conoce también como insulina basal, porque reproduce la secreción constante y de bajo nivel que el páncreas mantiene entre las comidas y durante la noche. Los ejemplos característicos son los análogos glargina (en su formulación de cien unidades) y detemir. Es la contraparte de las insulinas rápidas de las comidas. Toda persona necesita una cantidad pequeña y continua de insulina incluso en ayunas, para frenar la liberación de glucosa por el hígado y mantener la glucemia estable. Esa cobertura de fondo es la que aporta la insulina basal. El término basal procede del griego básis (base, fundamento) y describe justo eso: el suelo metabólico sobre el que se añaden luego los picos de las comidas. Su rasgo distintivo no es solo la duración, sino la forma de la curva. Una insulina de acción prolongada busca un perfil lo más plano posible, sin altibajos marcados, de modo que una sola inyección diaria mantenga un nivel bastante uniforme. Ese es su ideal de diseño. Los análogos basales clásicos consiguen prolongar su efecto por caminos distintos. La glargina se presenta en una solución ácida en la que permanece disuelta; al inyectarse bajo la piel, donde el pH es neutro, precipita y forma un depósito de microcristales. Ese depósito se vuelve a disolver despacio, y de esa liberación lenta nace su acción prolongada. La detemir emplea una estrategia por completo diferente. Lleva enganchada una cadena de ácido graso que le permite unirse a la albúmina, la proteína más abundante de la sangre. Mientras la insulina viaja pegada a la albúmina permanece inactiva, y solo se va soltando poco a poco (una especie de reserva circulante que se libera a demanda). El resultado es, de nuevo, un efecto que se estira en el tiempo, aunque su duración resulta algo más variable que la de la glargina. La insulina de acción intermedia también hace de insulina de fondo, pero con una diferencia importante: presenta un máximo de actividad hacia la mitad de su recorrido. Ese pico puede provocar caídas de la glucemia en momentos poco convenientes, sobre todo de madrugada. Las insulinas de acción prolongada, al aplanar la curva, reducen ese riesgo. Un escalón más allá se sitúan las de acción ultralenta, que estiran el efecto por encima de las veinticuatro horas. Es la insulina que cubre las necesidades continuas del organismo entre las comidas y durante el sueño, frente a la prandial, que atiende las subidas de glucosa asociadas a comer. La palabra basal viene del griego básis, base. Las insulinas de acción prolongada son el ejemplo típico de insulina basal. Porque después de inyectarse forma un pequeño depósito sólido bajo la piel. Estaba disuelta en un medio ácido; al encontrarse con el pH neutro del tejido, precipita. Ese depósito se disuelve de nuevo con lentitud y va soltando la hormona de forma gradual a lo largo del día. Es sobre todo de duración y estabilidad. La insulina de acción ultralenta supera las veinticuatro horas y ofrece un perfil aún más plano y regular, lo que permite mayor margen en el horario de la inyección.Qué es la insulina de acción prolongada
Dos maneras de durar más
Frente a la insulina intermedia
Preguntas frecuentes
¿Qué es una insulina basal?
¿Por qué la glargina actúa durante tanto tiempo?
¿Cuál es la diferencia con una insulina ultralenta?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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