DICCIONARIO MÉDICO
Idoxuridina
La idoxuridina es un antivírico análogo de la timidina, empleado por vía oftálmica en el tratamiento de la queratitis herpética. Actúa como falsa pieza del ADN: el virus la incorpora a su material genético en lugar de la timidina y ya no puede replicarse con normalidad. Tiene relevancia histórica por haber sido el primer antiviral aprobado. Sus códigos en la clasificación ATC son S01AD01 (uso oftálmico), J05AB02 (antiviral) y D06BB01 (uso dermatológico). Para posología, contraindicaciones, interacciones y seguridad en el embarazo y la lactancia, consulte la ficha técnica oficial en la AEMPS (CIMA). La idoxuridina es un análogo yodado de la timidina, uno de los cuatro nucleósidos que forman el ADN. Su nombre químico es 5-yodo-2'-desoxiuridina, y esa modificación (un átomo de yodo añadido sobre el anillo de uracilo) es la que le da su comportamiento peculiar. La molécula es prácticamente idéntica a la timidina natural, lo bastante para que la maquinaria que copia el ADN la acepte, pero lo bastante distinta para estropear la copia una vez incorporada. En la práctica clínica se utiliza en forma de colirio y pomada oftálmica. La penetración de la idoxuridina en la córnea es escasa, de modo que resulta más útil en las infecciones del epitelio corneal, las más superficiales, que en las que afectan al estroma profundo. Su actividad se limita a virus de tipo ADN, en especial el herpes simple. Frente a la córnea, la idoxuridina abrió una vía terapéutica donde antes solo había espera. Dentro de la célula, la idoxuridina se fosforila hasta su forma trifosfato y entonces sustituye a la timidina en la cadena de ADN que el virus está construyendo. El átomo de yodo, más voluminoso que el grupo metilo de la timidina original, distorsiona el emparejamiento de las bases y desestabiliza la doble hélice. El resultado es un ADN vírico defectuoso que da lugar a proteínas anómalas y detiene la propagación de la infección. Esa misma falta de finura explica su principal inconveniente. La idoxuridina no distingue bien entre el ADN del virus y el de la célula humana, por lo que también se incorpora al material genético del hospedador. Cuando se administraba por vía sistémica, esta ausencia de selectividad se traducía en toxicidad, sobre todo cardíaca, y ese uso se abandonó. Por eso hoy queda confinada a la aplicación local sobre la superficie ocular, donde el fármaco actúa donde se necesita y apenas alcanza el resto del organismo. La toxicidad no fue un detalle menor. Marcó los límites del fármaco desde el principio y orientó la búsqueda de sucesores más selectivos, como el análogo de nucleósido aciclovir. La idoxuridina fue sintetizada por el farmacólogo William H. Prusoff, en la Universidad de Yale, a finales de la década de 1950, y no como antiviral: se buscaba un posible agente contra el cáncer que interfiriese en la síntesis de ADN de las células tumorales. En 1961, Ernest C. Herrmann demostró que el compuesto inhibía la replicación del virus del herpes simple y del virus vaccinia en cultivo celular. Poco después, Herbert Kaufman documentó su eficacia en pacientes con queratitis herpética. En 1963 se convirtió en el primer fármaco antiviral aprobado, un hito que suele situarse en el origen de toda la quimioterapia antiviral moderna. Prusoff, que dedicó buena parte de su carrera a los análogos de la timidina, es recordado como el padre de esta disciplina. La molécula que nació como candidato antitumoral terminó dando a los médicos su primera arma real contra el herpes ocular, entonces una de las causas infecciosas principales de ceguera. Porque no distingue bien el ADN vírico del humano y, administrada por todo el cuerpo, resulta tóxica, en particular para el corazón. Aplicada en forma de colirio o pomada actúa sobre la córnea infectada y apenas se absorbe hacia el resto del organismo, lo que limita ese riesgo. La idoxuridina interfiere en la replicación del ADN sin apenas distinguir entre células infectadas y sanas, lo que la hace poco selectiva y bastante tóxica. Los antivirales posteriores, como el aciclovir, se activan de forma preferente en el interior de las células infectadas por el virus, de modo que dañan mucho menos los tejidos sanos. Por eso han desplazado a la idoxuridina en la mayoría de las indicaciones. Significa que su estructura imita a la timidina, una de las piezas con las que se construye el ADN. Gracias a ese parecido, el virus la confunde con la pieza auténtica y la ensambla en su material genético, momento en el que la copia se estropea. Si desea ampliar información sobre los conceptos vinculados a la idoxuridina, puede consultar:Qué es la idoxuridina
Cómo interfiere en la replicación del virus
El primer antiviral de la historia
Preguntas frecuentes
¿Por qué la idoxuridina solo se usa en los ojos y no en pastillas o inyecciones?
¿En qué se diferencia de antivirales más recientes como el aciclovir?
¿Qué significa que sea un análogo de la timidina?
Referencias
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