DICCIONARIO MÉDICO
Hipomimia
La hipomimia es la disminución de la expresión facial, es decir, la merma de los gestos con que el rostro acompaña de forma natural al habla y a las emociones. Constituye uno de los signos más reconocibles de la enfermedad de Parkinson, aunque puede aparecer en otros procesos. Cuando la pérdida de gesticulación es casi completa, se habla de amimia. El término combina el prefijo hipo- (ὑπό, "por debajo, disminución") y mimía, del griego μῖμος (mîmos, "imitador, actor de mímica"). Nombra, por tanto, una mímica facial empobrecida. La cara conserva movimiento, pero lo produce con menor frecuencia y menor amplitud de lo habitual. Conviene situar el término dentro de una gradación. En un extremo está el rostro plenamente expresivo; en el otro, la amimia, con la gesticulación prácticamente abolida. La hipomimia ocupa la franja intermedia: aquí la reducción es solo parcial. Esa diferencia de grado es lo que separa ambos términos, que por lo demás comparten mecanismo y causas. El origen habitual está en la lentitud y la rigidez de los músculos de la cara. La bradicinesia, o lentitud del movimiento, y la rigidez propias del parkinsonismo alcanzan también a la musculatura mímica, que responde con retraso y escaso recorrido. Bajo ese fenómeno late un déficit de dopamina en los circuitos que gobiernan el movimiento. A la explicación puramente motora se ha añadido otra, y resulta interesante: algunos trabajos apuntan a que estas personas tienen además dificultad para reconocer y reproducir las emociones ajenas, de modo que el rostro inexpresivo no dependería solo de unos músculos lentos, sino en parte de la propia lectura emocional. La hipomimia figura, junto a la hipocinesia, entre las manifestaciones que pueden aparecer pronto en la enfermedad. Se calcula que la presentan alrededor de siete de cada diez personas con párkinson. Merece la pena separar la hipomimia de la parálisis facial. En la parálisis, un nervio dañado deja sin movimiento un lado de la cara; en la hipomimia, ambos lados se mueven, solo que poco y despacio, sin que exista una lesión de un nervio periférico. La inexpresividad de ciertas depresiones también puede recordarla, pero obedece a una causa distinta. El rostro fijo, conocido popularmente como cara de máscara, es la imagen con que suele describirse el grado extremo del fenómeno, reflejado en la facies hipomímica. Es una cuestión de grado. La hipomimia supone una reducción parcial de la expresión facial, mientras que la amimia implica su abolición casi total. Comparten origen, de manera que muchas veces representan dos momentos de un mismo proceso. Porque la lentitud y la rigidez que afectan al resto del cuerpo llegan también a los pequeños músculos del rostro. Al moverse con retraso y poca amplitud, la cara deja de acompañar a las palabras y a los estados de ánimo con su gesticulación habitual. No. En la parálisis facial hay un nervio lesionado que inmoviliza medio rostro. En la hipomimia los dos lados conservan la movilidad, aunque reducida, y el problema nace del control del movimiento, no de una lesión nerviosa local. En absoluto. La persona puede sentir con toda normalidad, aunque su cara no lo trasluzca. Esta disociación entre lo que se siente y lo que se muestra es una fuente frecuente de malentendidos con el entorno, que puede interpretar el rostro quieto como desinterés.Qué es la hipomimia
Por qué se produce
Cómo se distingue de otros cuadros
Preguntas frecuentes
¿Qué diferencia hay entre hipomimia y amimia?
¿Por qué el párkinson borra la expresión de la cara?
¿Es lo mismo que una parálisis facial?
¿Significa que la persona no siente emociones?
Referencias
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