DICCIONARIO MÉDICO
Amimia
La amimia es la pérdida grave o completa de la expresividad facial, tanto voluntaria como involuntaria. Se percibe como un rostro inmóvil, carente de gesticulación, que los neurólogos clásicos denominaron "cara de máscara". Se debe, en la mayoría de los casos, a la bradicinesia de los músculos mímicos, y su causa más frecuente es la enfermedad de Parkinson. El término procede del griego: el prefijo privativo ἀ- (a-, "sin") y μιμία (mimía, "imitación, mímica"), con el sufijo -ία (-ía) que indica estado o cualidad. Literalmente, "ausencia de mímica". La RAE lo documenta en español desde 1906, en el Vocabulario de Antropología de Bernaldo de Quirós. Gregorio Marañón lo empleó en 1943 para describir lo que él veía como uno de los signos más llamativos de ciertos pacientes neurológicos: una cara que no se mueve mientras el enfermo habla. Conviene distinguir amimia de hipomimia. Ambos términos se refieren al empobrecimiento de la expresión facial, pero la hipomimia designa una reducción parcial, mientras que la amimia implica la abolición prácticamente total del movimiento en los músculos de la cara. En la práctica clínica se usan a veces de forma intercambiable, lo cual no es del todo riguroso; la hipomimia admite grados, la amimia es el extremo del espectro. La gestualidad facial depende de la coordinación entre la corteza motora primaria, los núcleos de la base y el nervio facial (VII par craneal), que inerva la musculatura mímica. En la enfermedad de Parkinson, la pérdida progresiva de neuronas dopaminérgicas en la sustancia negra reduce la facilitación del circuito directo de los ganglios basales. Esa reducción se traduce en un exceso de inhibición sobre las áreas premotoras que planifican los movimientos faciales: el parpadeo se vuelve infrecuente, desaparecen las arrugas dinámicas de la frente, los pliegues nasolabiales se atenúan y la boca tiende a quedar entreabierta. No es solo un problema motor. Estudios de resonancia funcional han mostrado que los pacientes con amimia también presentan menor activación de la ínsula anterior cuando intentan expresar emociones, lo que sugiere un componente de desconexión entre la intención emocional y su ejecución motora. El resultado visible es desconcertante para el entorno del paciente: alguien que puede sentir alegría, sorpresa o tristeza con normalidad, pero cuyo rostro no lo refleja. Hasta el 90 % de los pacientes con enfermedad de Parkinson desarrollan algún grado de hipomimia a lo largo de la evolución, y en fases avanzadas la amimia puede ser completa. García-Ruiz y colaboradores (2018) describieron que la amimia basal se correlaciona con la gravedad motora global medida por la escala UPDRS, y propusieron que podría funcionar como predictor de progresión. Fuera del Parkinson idiopático, la amimia aparece en los parkinsonismos atípicos (parálisis supranuclear progresiva, atrofia multisistémica, degeneración corticobasal), donde suele ser más precoz e intensa. También se observa en contextos no parkinsonianos: el afecto plano de la esquizofrenia, los estados catatónicos graves y, ocasionalmente, como efecto adverso de fármacos que bloquean receptores dopaminérgicos. En todos estos casos, el mecanismo final es una hipofunción dopaminérgica, sea por neurodegeneración, sea por bloqueo farmacológico. La parálisis facial periférica (parálisis de Bell) puede producir una inmovilidad del rostro que, a primera vista, recuerda a la amimia. La diferencia es anatómica y clínicamente clara. En la parálisis de Bell, la lesión afecta al nervio facial: se pierde la capacidad de cerrar el ojo, de arrugar la frente y de retraer la comisura labial del lado afectado, y el déficit es asimétrico. En la amimia de origen extrapiramidal, la inmovilidad es simétrica, el cierre palpebral se conserva (aunque el parpadeo sea infrecuente) y la frente no presenta la asimetría típica de una lesión del nervio periférico. Del griego ἀ- ("sin") y μιμία ("imitación, mímica"), con el sufijo -ία que denota estado. La palabra se formó en el latín científico del siglo XIX por analogía con otras voces médicas privativas (acinesia, afasia, apraxia). En español se documenta desde 1906. Estrictamente, no. La hipomimia es la disminución parcial de la expresividad facial y la amimia, la pérdida prácticamente completa. Representan el mismo fenómeno en grados distintos de un mismo espectro, y la frontera entre ambos no siempre es nítida en la exploración clínica, lo que explica que muchos textos los usen de manera intercambiable. No. Es la causa más frecuente, pero no la única. Los parkinsonismos atípicos, ciertos cuadros psiquiátricos con afecto aplanado (esquizofrenia, catatonia) y el uso de fármacos antipsicóticos pueden producir una cara inexpresiva por mecanismos diferentes, todos ellos relacionados de una u otra forma con la actividad dopaminérgica. En el Parkinson, generalmente no. El paciente experimenta emociones de forma normal, pero su rostro no las transmite porque la musculatura mímica no responde a la orden motora. Esta disociación entre lo que se siente y lo que se muestra es fuente de malentendidos frecuentes: familiares y cuidadores pueden interpretar la cara inmóvil como desinterés o apatía, cuando en realidad se trata de un déficit motor, no emocional. Si desea profundizar en conceptos asociados a la amimia, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la amimia
Base neurofisiológica
Contextos clínicos
Diferenciación con la parálisis facial
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra amimia?
¿Es lo mismo amimia que hipomimia?
¿Solo aparece la amimia en la enfermedad de Parkinson?
¿La amimia afecta a la capacidad de sentir emociones?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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