DICCIONARIO MÉDICO
Hiperoxemia
La hiperoxemia es el aumento de la presión de oxígeno en la sangre arterial por encima de sus valores normales. No ocurre de manera espontánea, como sí sucede con la falta de oxígeno: aparece casi siempre cuando se administra oxígeno suplementario. Un exceso mantenido puede resultar perjudicial para los tejidos. La hiperoxemia designa un contenido de oxígeno demasiado alto en la sangre arterial, medido como presión parcial de oxígeno (PaO2). La palabra combina el prefijo hiper-, «por encima», con oxi-, de oxígeno, y el sufijo -emia, del griego haima, «sangre». Es decir, «oxígeno de más en la sangre». En condiciones normales, la presión de oxígeno arterial ronda los 75 a 100 milímetros de mercurio. Se habla de hiperoxemia cuando esa cifra se eleva de forma llamativa, por encima de unos 120 milímetros de mercurio en la gasometría. Puesto que el aire que respiramos apenas permite superar ese techo, la hiperoxemia es prácticamente exclusiva del entorno hospitalario, donde se enriquece la mezcla inspirada con oxígeno. La hiperoxemia se refiere en concreto a la sangre. La hiperoxia, en cambio, alude al exceso de oxígeno en los tejidos, que es adonde puede conducir una hiperoxemia sostenida. Dicho de otro modo: primero se satura la sangre y después, si el aporte se prolonga, se saturan las células. La distinción no es un tecnicismo, porque el daño por oxígeno se produce en los tejidos. Su opuesto es la hipoxemia, el descenso del oxígeno en la sangre arterial, que a su vez puede desembocar en hipoxia tisular. La pareja se ordena con lógica: hipo- para lo que falta, hiper- para lo que sobra, -emia para la sangre y el otro término para el tejido. Durante mucho tiempo se dio por hecho que cuanto más oxígeno, mejor. La idea ha cambiado. Un aporte excesivo genera un aumento de las llamadas especies reactivas de oxígeno, moléculas capaces de dañar las membranas y las células, un fenómeno englobado en la toxicidad por oxígeno. Además, la hiperoxemia provoca el estrechamiento de algunos vasos, como los del corazón y el cerebro, lo que paradójicamente puede dificultar la llegada de oxígeno a esas zonas. Los estudios en cuidados intensivos describen una relación en forma de U entre la presión de oxígeno y el pronóstico: tan indeseable es quedarse corto como pasarse. Los recién nacidos prematuros son especialmente vulnerables al oxígeno en exceso. Por eso la oxigenoterapia se ajusta hoy con objetivos precisos, para mantener la saturación dentro de una franja de seguridad y no por encima de ella. Procede del griego haima, «sangre». Aparece en muchos términos médicos: anemia, hiperglucemia, hipoxemia. En hiperoxemia indica que el exceso de oxígeno se refiere a la sangre. Prácticamente no. El aire ambiente contiene un 21 % de oxígeno, una proporción que no basta para elevar la presión arterial de oxígeno por encima del rango normal. Por eso la hiperoxemia surge sobre todo cuando se administra oxígeno enriquecido, ya sea con mascarilla, con gafas nasales o mediante un respirador. No. La hiperoxemia es el exceso de oxígeno en la sangre; la hiperoxia, el exceso en los tejidos. La primera puede llevar a la segunda si se prolonga. El daño celular asociado al oxígeno pertenece más bien al terreno de la hiperoxia. Sí. Un exceso sostenido favorece la aparición de moléculas reactivas que dañan los tejidos y puede estrechar ciertos vasos sanguíneos. La medicina actual busca un punto intermedio, ni tan poco que falte ni tanto que sobre.Qué es la hiperoxemia
Hiperoxemia, hiperoxia e hipoxemia: tres términos que conviene separar
Por qué el exceso de oxígeno importa
Preguntas frecuentes
¿Qué quiere decir el sufijo «-emia»?
¿Se puede tener hiperoxemia respirando aire normal?
¿Es lo mismo hiperoxemia que hiperoxia?
¿Demasiado oxígeno puede ser malo?
Referencias
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