DICCIONARIO MÉDICO
Hipercaliemia
La hipercaliemia es la elevación de la concentración de potasio en la sangre por encima del intervalo considerado normal, situado de forma habitual por encima de 5,5 mmol/L. El mismo trastorno se conoce también como hiperpotasemia: las dos palabras nombran exactamente lo mismo y solo se diferencian en la raíz que eligen para el metal. Detrás de la cifra hay siempre un desajuste entre el potasio que entra en el organismo, el que se desplaza dentro y fuera de las células y el que el riñón consigue eliminar. El potasio es el principal catión del interior de las células. Cerca del 98 % del potasio corporal se aloja dentro de ellas, y apenas un 2 % circula por el líquido extracelular, que es donde lo mide un análisis de sangre. Esa diferencia tan marcada entre ambos compartimentos no es un detalle anecdótico: de ella depende el potencial eléctrico de las membranas y, con él, la capacidad de nervios y músculos para excitarse. Cuando el potasio plasmático rebasa su techo normal, ese equilibrio eléctrico se altera. El término reúne tres piezas. El prefijo griego hypér (ὑπέρ) aporta la idea de exceso o de estar por encima. La parte central procede del latín científico kalium, nombre del potasio del que deriva su símbolo químico, la K. Y kalium, a su vez, viene del árabe al-qalī (القلي), las cenizas de una planta que crece en suelos salinos, la misma raíz que dio la palabra álcali. El cierre, -emia, remite a la sangre (del griego haîma). Reunidas las tres, hipercaliemia se lee de forma literal como demasiado potasio en la sangre. Dos sistemas gobiernan la cifra de potasio en sangre. El primero reparte el ion entre el interior y el exterior de las células en cuestión de minutos, gracias sobre todo a la bomba sodio-potasio, que empuja potasio hacia dentro. La insulina, las catecolaminas y el propio pH sanguíneo modulan de continuo ese reparto. El segundo sistema, más lento, es la excreción renal: el riñón ajusta a lo largo de horas la cantidad de potasio que se pierde por la orina y se encarga de eliminar más del 90 % del que se ingiere. La hipercaliemia aparece cuando alguno de esos engranajes falla. Un aporte muy alto puede desbordar la capacidad de manejo, aunque por sí solo rara vez basta si el riñón funciona. Con más frecuencia el potasio sale de las células hacia el plasma, algo que ocurre, por ejemplo, cuando el medio se vuelve ácido o cuando se destruye tejido y este libera su contenido. La causa más común, sin embargo, es la tercera: que el riñón no logre eliminar el potasio al ritmo necesario. De ahí que las situaciones de deterioro de la función renal figuren entre los escenarios típicos. La hipercaliemia se gradúa según la cifra alcanzada. Se considera leve cuando el potasio se sitúa entre 5,5 y 6,0 mmol/L aproximadamente, moderada en el tramo intermedio, y grave a partir de 6,5 mmol/L, umbral en el que el riesgo para la excitabilidad cardíaca se dispara. Un matiz que a menudo pesa más que el número absoluto es la velocidad de instauración: una elevación brusca se tolera peor que la misma cifra alcanzada de forma lenta, porque el organismo no ha tenido tiempo de adaptarse. Conviene separar la hipercaliemia verdadera de la seudohipercaliemia, una elevación que solo existe en el tubo de análisis. Sucede cuando el potasio sale de las células después de la extracción, casi siempre por hemólisis de la muestra, y también en recuentos muy altos de plaquetas o de leucocitos, en los que las células liberan potasio durante el procesamiento. La pista para sospecharla es sencilla. Hay una cifra alarmante sin ningún contexto que la explique. Reconocerla evita tratar un problema que en realidad está en la probeta y no en el paciente. Que un mismo trastorno tenga dos nombres tiene una explicación curiosa, y los dos apuntan al mismo lugar: las cenizas. Hipercaliemia se construye sobre kalium, la vía árabe-latina que describía las cenizas de plantas alcalinas. Hiperpotasemia parte de potasio, y potasio viene de potash, las cenizas que quedaban en el fondo de la olla al lixiviarlas. Dos idiomas, dos rutas, un mismo residuo vegetal. En los textos de MedlinePlus en español figura hipercaliemia como nombre médico del cuadro, mientras que en la práctica clínica hospitalaria de España se oye con más frecuencia hiperpotasemia. Ninguno es más correcto que el otro. Porque el símbolo no procede de potasio, sino de kalium, su nombre latino. Cuando Humphry Davy aisló el metal en 1807 por electrólisis de la potasa, en el mundo científico convivían los dos nombres. El químico Berzelius adoptó kalium para la notación internacional, y de ahí la K. La P ya estaba ocupada por el fósforo. Sí. Designan un potasio sanguíneo por encima de lo normal, sin ninguna diferencia de significado. La elección de una u otra depende de la costumbre del entorno y de la fuente que se consulte. El límite más aceptado es 5,5 mmol/L en suero. Algunos laboratorios aplican un valor algo menor en plasma. Por encima de 6,5 mmol/L se considera una elevación de riesgo por su repercusión sobre el corazón. Es una cifra alta falsa. El potasio ha escapado de las células dentro del tubo, casi siempre porque la muestra se ha hemolizado, de modo que el resultado no refleja lo que hay en la sangre del paciente. Repetir la extracción con cuidado suele resolver la duda.Qué es la hipercaliemia
Cómo se mantiene el potasio y por qué se eleva
Grados y variantes
Hipercaliemia e hiperpotasemia: por qué dos nombres
Preguntas frecuentes
¿Por qué el símbolo del potasio es K y no P?
¿Hipercaliemia e hiperpotasemia son lo mismo?
¿A partir de qué cifra se habla de hipercaliemia?
¿Qué es la seudohipercaliemia?
Referencias
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