DICCIONARIO MÉDICO
Hemofiltración
La hemofiltración es una técnica de depuración extracorpórea de la sangre que retira agua y sustancias disueltas mediante convección, haciéndolas pasar a través de una membrana porosa por efecto de un gradiente de presión. Reproduce el modo en que el glomérulo renal filtra el plasma, por lo que forma parte de las terapias que sustituyen la función del riñón cuando este deja de trabajar. El término combina el prefijo griego haîma (αἷμα), "sangre", con filtración, palabra que procede del latín medieval filtrum, el fieltro que antiguamente se empleaba para colar líquidos. La hemofiltración consiste, precisamente, en colar la sangre: separar de ella el agua sobrante y parte de los solutos que el riñón sano eliminaría por la orina. Se trata de una modalidad de depuración extracorpórea, lo que significa que la sangre sale del organismo, atraviesa un circuito con un filtro y regresa ya depurada. El filtro contiene una membrana semipermeable de alta permeabilidad que deja pasar el agua y las moléculas de pequeño y mediano tamaño, mientras retiene las células sanguíneas y las proteínas grandes. Lo que distingue a la hemofiltración es el mecanismo físico con el que retira las sustancias. En lugar de aprovechar la diferencia de concentración entre dos líquidos, genera una presión que empuja el agua del plasma a través de los poros de la membrana. Al desplazarse, ese agua arrastra consigo los solutos disueltos, un fenómeno que los nefrólogos llaman arrastre por solvente. El líquido que resulta de ese paso recibe el nombre de ultrafiltrado. El volumen que se extrae de esta forma es muy elevado, mucho mayor que el exceso de agua que conviene retirar. Por eso el procedimiento obliga a devolver al paciente un líquido de reposición de composición parecida a la del plasma, que puede infundirse antes del filtro (predilución) o después de él (posdilución). El balance entre lo que se filtra y lo que se repone determina la cantidad neta de agua que pierde el organismo. Dos factores gobiernan su eficacia depuradora: la tasa de ultrafiltración y el coeficiente de cribado de cada molécula, es decir, la facilidad con que atraviesa la membrana. La convección resulta especialmente buena para las moléculas de tamaño medio, que la difusión depura con más dificultad. La hemodiálisis, la más conocida de estas técnicas, se apoya en un principio distinto: la difusión. La sangre circula junto a un líquido de diálisis del que la separa la membrana, y los solutos pasan desde donde están más concentrados hacia donde lo están menos. Ese mecanismo aclara con rapidez las moléculas pequeñas, como la urea o la creatinina. Frente a ella, la hemofiltración prescinde por completo del líquido de diálisis y confía toda la depuración a la convección. Existe además una fórmula intermedia, la hemodiafiltración, que suma los dos principios en el mismo filtro. Cada una tiene su lugar según lo que se pretenda retirar y la situación del paciente. La depuración extrarrenal engloba a todas ellas. En su versión continua, conocida como hemofiltración venovenosa continua, la sangre se depura de forma lenta e ininterrumpida a lo largo del día. Esa lentitud es una ventaja cuando el corazón y la circulación están inestables, porque evita los cambios bruscos de volumen propios de las sesiones cortas. Las modalidades continuas se emplean por ello sobre todo en las unidades de cuidados intensivos. La idea no es nueva. En 1977, el médico alemán Peter Kramer aplicó por primera vez una hemofiltración continua junto al lecho del enfermo, y de aquella experiencia derivaron las terapias que hoy se usan en el paciente grave. De la unión del griego haîma, sangre, y del latín filtrum, el fieltro con que se colaban los líquidos. La imagen es muy gráfica: la sangre se cuela a través de una membrana igual que el agua a través de un paño. En el mecanismo. La hemodiálisis separa las sustancias por difusión, aprovechando la diferencia de concentración frente a un líquido de diálisis. La hemofiltración las arrastra por convección, empujando el agua del plasma a través de la membrana sin necesidad de ese líquido. Porque el volumen de agua que se filtra supera con creces al que conviene eliminar. Si no se repusiera una parte, el paciente quedaría deshidratado en poco tiempo. El líquido de sustitución, de composición semejante a la del plasma, mantiene el equilibrio. No. La hemodiafiltración combina convección y difusión en un mismo circuito. La hemofiltración utiliza solo la convección.Qué es la hemofiltración
El principio de convección
Diferencias con otras formas de depurar la sangre
Una técnica pensada para el paciente crítico
Preguntas frecuentes
¿De dónde procede la palabra hemofiltración?
¿En qué se diferencia de la hemodiálisis?
¿Por qué hace falta un líquido de reposición?
¿Es lo mismo que la hemodiafiltración?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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