DICCIONARIO MÉDICO
Hemisferectomía
La hemisferectomía es una intervención neuroquirúrgica que consiste en extirpar o desconectar por completo uno de los dos hemisferios cerebrales. En sus formas actuales se conservan estructuras profundas como los ganglios basales y el tálamo. Se reserva para epilepsias graves y rebeldes que dependen por entero de un hemisferio enfermo. El término reúne tres raíces griegas: ἡμι (hēmi), mitad; σφαῖρα (sphaîra), esfera, la misma que da nombre al hemisferio; y ἐκτομή (ektomḗ), corte o escisión. La suma describe con exactitud la operación: retirar la mitad esférica del cerebro. En la práctica, el nombre abarca hoy un abanico de técnicas que van desde la retirada material del hemisferio cerebral hasta su simple aislamiento, dejándolo en su sitio pero incomunicado del resto del encéfalo. Lo que todas comparten es el objetivo: silenciar un hemisferio que genera una actividad eléctrica anómala imposible de controlar por otros medios. Que alguien pueda vivir sin un hemisferio resulta chocante a primera vista. La explicación está en la plasticidad del sistema nervioso, es decir, su capacidad de reorganizarse. Cuando la intervención se realiza en la infancia, el hemisferio sano asume buena parte de las funciones que correspondían al lado retirado, incluido en muchos casos el lenguaje. Esa reserva de adaptación disminuye con la edad, de modo que los resultados funcionales suelen ser mejores cuanto antes se opera. La operación tiene un precio previsible. Al quedar interrumpida la vía motora de ese lado, aparece una hemiplejía del hemicuerpo contrario, junto con la pérdida de la mitad del campo visual. Son secuelas asumidas de antemano, porque en los candidatos a esta cirugía ese hemisferio ya funcionaba mal o apenas funcionaba. En la variante anatómica, la más antigua, se extrae en bloque la corteza y la sustancia blanca de un hemisferio y se respetan los núcleos profundos. Ofrece un control excelente de las crisis, pero conlleva una cavidad amplia que, con el tiempo, dio lugar a complicaciones tardías. Para reducir esos riesgos surgió la hemisferectomía funcional, descrita por Theodore Rasmussen en 1974. Aquí se retira solo una parte del tejido y se desconecta el resto, con lo que el hemisferio queda funcionalmente aislado aunque permanezca en la cavidad craneal. De esa idea nació después la hemisferotomía, un conjunto de técnicas todavía menos invasivas que buscan la desconexión con la mínima resección posible. Una de sus vertientes secciona el cuerpo calloso, el mismo puente que se corta en la callosotomía. La primera serie de hemisferectomías la firmó el neurocirujano estadounidense Walter Dandy en 1928, no para tratar epilepsia sino tumores: retiró el hemisferio derecho a cinco pacientes con gliomas. Ese mismo año, el francés Jean Lhermitte describió la técnica de manera independiente. El salto hacia la epilepsia lo dio en 1938 el canadiense Kenneth McKenzie, con la primera operación destinada a frenar las crisis. Y en 1950 el sudafricano Rowland Krynauw publicó una serie de doce niños con hemiplejía infantil y epilepsia rebelde en los que la operación logró un control notable de las crisis y una mejoría de la conducta. La técnica cayó luego en desuso al comprobarse, en 1966, una complicación tardía por sangrado repetido en la cavidad, la hemosiderosis cerebral superficial. La versión funcional de Rasmussen devolvió el procedimiento al primer plano. La hemisferectomía es un recurso extremo. Se considera solo cuando las crisis nacen de un único hemisferio, son incapacitantes y no responden a la medicación. Los cuadros que con más frecuencia llevan a ella comparten esa característica de daño limitado a un lado: la encefalitis de Rasmussen, el síndrome de Sturge-Weber, la hemimegalencefalia (un hemisferio anormalmente grande y desorganizado) o las secuelas de un infarto cerebral extenso ocurrido en las primeras edades. Conviene no equiparar la hemisferectomía con otras operaciones cerebrales. La lobectomía retira un solo lóbulo, no medio cerebro. La callosotomía secciona el cuerpo calloso para dificultar que las crisis pasen de un hemisferio al otro, pero no extirpa ni aísla un hemisferio entero. Y la hemisferectomía funcional, pese a su nombre, no siempre implica retirar tejido: a veces se limita a desconectarlo. En la variante anatómica, se retira la corteza y la sustancia blanca de un hemisferio y se conservan los núcleos profundos. En la funcional y en la hemisferotomía no se extrae todo ese tejido: el hemisferio se desconecta y queda inactivo. Con secuelas, sí. Queda debilidad o parálisis en un lado del cuerpo y una pérdida de campo visual, pero muchos niños operados conservan el lenguaje y un desarrollo cognitivo apreciable, gracias a la reorganización del hemisferio sano. Walter Dandy, en 1928, para tratar tumores cerebrales. La primera con fin de controlar la epilepsia se atribuye a Kenneth McKenzie en 1938. La anatómica extrae el hemisferio en bloque. La funcional, introducida por Rasmussen en 1974, retira menos tejido y desconecta el resto, lo que reduce ciertas complicaciones tardías.Qué es la hemisferectomía
Fundamento: por qué es posible
Tipos de hemisferectomía
Un poco de historia
En qué situaciones se plantea
Diferenciación con otras intervenciones
Preguntas frecuentes
¿Se extirpa la mitad del cerebro?
¿Se puede llevar una vida normal con un solo hemisferio?
¿Quién realizó la primera hemisferectomía?
¿Qué diferencia hay entre la hemisferectomía anatómica y la funcional?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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