DICCIONARIO MÉDICO
Hematuria macroscópica
La hematuria macroscópica es la forma de hematuria que se aprecia a simple vista, porque la sangre presente en la orina basta para teñirla. La orina puede adoptar un tono rojizo, rosado o parduzco, a veces con coágulos. Es una de las dos maneras en que se manifiesta la hematuria, frente a la microscópica, que solo se descubre en el laboratorio. El adjetivo procede del griego makrós (grande) y skopeîn (mirar): lo que puede verse sin ayuda de instrumentos. Basta muy poca sangre para que la orina cambie de aspecto. Se calcula que alrededor de medio mililitro de sangre en cien mililitros de orina ya la vuelve visible, de modo que el color impresiona más de lo que la cantidad real de sangre haría suponer. Esta forma se define por lo que se ve, mientras que la clasificación general de la hematuria, con sus tipos según el origen, se aborda en la entrada de la hematuria propiamente dicha. La tonalidad de la orina orienta sobre el punto del que sale la sangre. Un rojo vivo o rosado, con posibles coágulos, sugiere que el sangrado viene de la vía urinaria, es decir, un origen no glomerular. Un color pardo, descrito de forma clásica como de coca-cola o de coñac, sin coágulos, apunta en cambio al glomérulo renal. La razón está en el recorrido: la sangre que procede del glomérulo permanece más tiempo en contacto con la orina y se transforma, y sus hematíes ya salen deformados, lo que dificulta que se formen coágulos. Es una regla orientativa, no una certeza, pero resulta útil en la primera valoración. Ver la orina roja no equivale a tener hematuria. Varias sustancias tiñen la orina sin que haya glóbulos rojos, algo que se llama seudohematuria. La hemoglobinuria y la mioglobinuria dan color a la orina a partir de hemoglobina o mioglobina libres, sin hematíes. Otro tanto ocurre con ciertos alimentos, como la remolacha en personas predispuestas, y con algunos fármacos, entre ellos la rifampicina, que aporta un tono anaranjado, o la fenazopiridina. Incluso la contaminación con sangre menstrual puede confundirse con una hematuria. La única manera de confirmar que hay hematíes de verdad es examinar la orina en el laboratorio. Muy poca. Alrededor de medio mililitro de sangre por cada cien mililitros de orina basta para que el cambio de color sea perceptible a simple vista. No de forma automática. Que la sangre sea visible impresiona y suele motivar la consulta, pero la importancia de una hematuria depende de su causa, no de si se aprecia o no a simple vista. Una hematuria microscópica repetida puede requerir tanta atención como una macroscópica. Porque el color depende del origen y del tiempo que la sangre pasa en la orina. El tono pardo, tipo coca-cola, se asocia a un sangrado glomerular; el rojo más vivo, con coágulos, a un sangrado de la vía urinaria. Sí. La remolacha, algunos colorantes y ciertos medicamentos pueden dar a la orina un color rojizo o anaranjado sin que exista sangre. Es lo que se conoce como seudohematuria, y se descarta analizando la orina.Qué es la hematuria macroscópica
El color como pista del origen
Cuando el rojo no es sangre
Preguntas frecuentes
¿Cuánta sangre hace falta para que la orina se vea roja?
¿Es más grave que la microscópica por el hecho de verse?
¿Por qué unas veces la orina es marrón y otras roja?
¿Pueden los alimentos simular una hematuria?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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