DICCIONARIO MÉDICO
Gonorrea
La gonorrea es una infección de transmisión sexual causada por la bacteria Neisseria gonorrhoeae, un diplococo gramnegativo que parasita exclusivamente al ser humano. Afecta sobre todo las mucosas del tracto urogenital, aunque también puede infectar la faringe, el recto y la conjuntiva ocular. Es sinónimo de gonococia y de blenorrea. Pocas enfermedades cargan con un nombre tan equívoco. La palabra proviene del latín tardío gonorrhoea, y este del griego γονόρροια (gonórrhoia), formado por γόνος (gónos, "semilla, semen") y ῥοία (rhoía, "flujo"), de ῥεεῖν (rheéin, "fluir"). Traducida literalmente, significa "flujo de semen". La confusión tiene un origen concreto: el médico griego Galeno, en el siglo II d. C., observó la secreción purulenta uretral que caracteriza a la enfermedad y la interpretó como una pérdida involuntaria de semen. El error se perpetuó durante siglos, pero el nombre sobrevivió a la rectificación. Hasta bien entrado el siglo XIX, gonorrea y sífilis se consideraban manifestaciones de una misma enfermedad venérea. Philippe Ricord, en 1837, fue el primero en demostrar de forma convincente que se trataba de dos entidades distintas. Cuatro décadas después, en 1879, el joven dermatólogo Albert Neisser examinó el exudado uretral de pacientes infectados con las nuevas técnicas de tinción microscópica y observó diplococos arriñonados intracelulares, el agente que hoy lleva su nombre. Ernst Bumm logró cultivar la bacteria por primera vez en 1885. Neisseria gonorrhoeae no sobrevive fuera del organismo humano más que unas pocas horas: es sensible a la desecación, al calor moderado y a la mayoría de los desinfectantes comunes. Esta fragilidad explica que la transmisión exija un contacto mucoso directo, prácticamente siempre sexual (vaginal, anal u oral), o bien la exposición del neonato al canal del parto de una madre infectada. La bacteria posee una maquinaria molecular compleja para adherirse al epitelio columnar de las mucosas. Sus pili de tipo IV le permiten anclarse a la superficie celular, mientras que las proteínas Opa median la invasión intracelular. Esa capacidad de penetrar en las células del huésped y de evadir parcialmente la respuesta inmunitaria innata le confiere una ventaja que facilita las reinfecciones, algo poco habitual en otras bacterias patógenas. La Organización Mundial de la Salud estimó 82,4 millones de nuevas infecciones gonocócicas en adultos en 2020, con las mayores tasas en las regiones de África y del Pacífico Occidental. Se trata de la segunda infección bacteriana de transmisión sexual más frecuente, por detrás de la producida por Chlamydia trachomatis. Un problema creciente es la resistencia antimicrobiana. N. gonorrhoeae ha desarrollado resistencia a prácticamente todas las familias de antibióticos empleadas contra ella en los últimos ochenta años: sulfamidas, penicilinas, tetraciclinas, macrólidos y quinolonas. Las cefalosporinas de espectro extendido constituyen hoy la última barrera terapéutica fiable, y ya se han documentado cepas con sensibilidad reducida también a estas. La infección gonocócica suele localizarse en las mucosas genitourinarias, pero la localización no es la única posible ni siempre la más relevante desde el punto de vista clínico. La faringe y el recto pueden albergar la bacteria de forma asintomática durante semanas, lo que convierte a estas localizaciones en reservorios silenciosos de transmisión. En la conjuntiva ocular, la infección produce una oftalmía purulenta grave; en el neonato, esta complicación motivó la introducción de la profilaxis ocular de Credé en 1881. Cuando la bacteria alcanza el torrente sanguíneo se produce la enfermedad gonocócica diseminada, que cursa con el llamado síndrome de artritis-dermatitis (poliartralgias migratorias, lesiones cutáneas y tenosinovitis) o, con menor frecuencia, con artritis gonocócica purulenta. Esta complicación afecta al 0,5-3 % de los casos y se favorece en personas con déficit de los componentes terminales del complemento. Sí. Galeno acuñó el término en el siglo II creyendo que la secreción uretral purulenta era semen que escapaba de forma involuntaria. Cuando se descubrió que se trataba de pus, el nombre ya estaba demasiado arraigado para cambiarse. En la práctica clínica se usan como sinónimos. Estrictamente, gonococia (del sufijo -ia, "enfermedad") se refiere al cuadro clínico producido por el gonococo en cualquiera de sus localizaciones, mientras que gonorrea alude al flujo purulento que inicialmente se confundió con semen. La diferencia es más etimológica que médica. Con mucha frecuencia. Hasta la mitad de las mujeres infectadas no experimentan molestias genitales apreciables, y las infecciones faríngeas y rectales suelen cursar sin manifestaciones en ambos sexos. Esa proporción de portadores asintomáticos es lo que hace especialmente difícil el control epidemiológico de la enfermedad. No se dispone, a fecha de hoy, de una vacuna específica autorizada. Los intentos de desarrollo se han visto dificultados por la elevada variabilidad antigénica de la bacteria, capaz de modificar constantemente las proteínas de su superficie. Algunos estudios observacionales han sugerido que la vacuna antimeningocócica del grupo B podría conferir protección cruzada parcial, pero los datos siguen siendo preliminares.Qué es la gonorrea y de dónde procede su nombre
La bacteria y su relación con el huésped
Dimensión epidemiológica
Formas de presentación
Preguntas frecuentes
¿Significa "gonorrea" literalmente "flujo de semen"?
¿Gonorrea y gonococia son lo mismo?
¿Puede una persona infectada no presentar ningún signo visible?
¿Existe vacuna frente a la gonorrea?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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