DICCIONARIO MÉDICO

Fiebre de las trincheras

La fiebre de las trincheras es la enfermedad que dio nombre y notoriedad clínica a Bartonella quintana, la bacteria que la causa, durante los años que duró la Primera Guerra Mundial. Afectó a más de un millón de soldados en los frentes europeos sin que nadie lograra demostrar, hasta el final del conflicto, ni su causa ni su forma de contagio. Casi un siglo después ha vuelto a aparecer, con otro nombre y otro escenario, entre personas sin hogar de varias ciudades occidentales.

Qué es la fiebre de las trincheras

Se trata de una infección causada por la bacteria Bartonella quintana y transmitida por el piojo del cuerpo humano. El nombre por el que se la conoce en español describe el lugar donde se identificó por primera vez de forma masiva, las trincheras del frente occidental, aunque probablemente existían casos aislados desde mucho antes de 1914.

No fue el único nombre que recibió. En alemán se la llamó fiebre de Wolinia, por la región donde el médico Wilhelm His hijo observó los primeros casos; también circularon los términos enfermedad de His-Werner, fiebre de los cinco días y, entre los soldados austríacos, un curioso «dolor de polaina» por las molestias que causaba en las espinillas. Los franceses, de forma casi calcada al término inglés, hablaban de fièvre des tranchées.

El descubrimiento durante la Primera Guerra Mundial

Los primeros informes llegaron en 1915. Un oficial médico británico describió en The Lancet a un soldado con una fiebre recurrente acompañada de dolor de cabeza y de espinillas; casi al mismo tiempo, His observó cuadros parecidos en un campo de prisioneros ruso y, meses después, entre tropas alemanas destinadas en Wolinia. En febrero de 1916, los médicos británicos John McNee y Arnold Renshaw publicaron la primera descripción clínica sistemática de la enfermedad.

Determinar la causa costó años. Se descartaron la fiebre tifoidea, la paratifoidea y la brucelosis. El entomólogo Alexander Peacock pasó seis meses estudiando el piojo del cuerpo en las trincheras y comprobó que un 95 % de los soldados examinados estaban infestados, con una media de veinte piojos por hombre. La confirmación definitiva llegó en 1918, cuando dos comisiones independientes demostraron que la transmisión dependía del piojo: la bacteria, entonces llamada Rickettsia quintana, aparecía de forma constante en el intestino y las heces de los piojos que se habían alimentado de enfermos.

El coste humano fue enorme. Se calcula que más de un millón de soldados enfermaron durante la guerra, cada uno de ellos apartado del servicio durante dos meses o más. La enfermedad remitió con rapidez en cuanto se generalizaron las medidas de despiojado, y volvió a aparecer, aunque con mucha menor intensidad, durante la Segunda Guerra Mundial.

La reaparición actual: la fiebre urbana de las trincheras

Durante décadas se consideró una enfermedad del pasado. Eso cambió en 1993, cuando un hospital de Seattle aisló la bacteria en la sangre de diez pacientes en apenas seis meses; todos ellos tenían alcoholismo crónico, ocho eran personas sin hogar y dos desarrollaron una endocarditis, una de ellas con necesidad de sustituir la válvula cardíaca. Investigadores de Marsella, encabezados por Philippe Brouqui y Didier Raoult, confirmaron poco después que la bacteriemia crónica y asintomática era relativamente frecuente entre las personas sin hogar de esa ciudad.

El fenómeno no se ha detenido. En 2020 se detectó en Winnipeg, Canadá, el grupo de casos de endocarditis por esta bacteria más numeroso registrado en el país, con cuatro personas hospitalizadas en solo seis meses. A esta forma moderna de la enfermedad, ligada al hacinamiento y a la falta de higiene más que a ninguna guerra, se la conoce hoy como fiebre urbana de las trincheras.

Diferenciación frente a otras enfermedades transmitidas por el piojo

El mismo piojo del cuerpo puede transmitir otras dos infecciones con las que la fiebre de las trincheras se confundió durante años. El tifus exantemático, causado por Rickettsia prowazekii, es una infección más grave, y también lo es para el propio piojo: la mayoría muere en menos de una semana, lo que limita la propagación de esa bacteria; ya en 1916 y 1917, los investigadores alemanes Munk y da Rocha Lima lograron diferenciar ambos organismos por su comportamiento dentro del intestino del insecto. La fiebre recurrente transmitida por piojos, causada por una especie de Borrelia, es la tercera de esta tríada y se distingue de las otras dos por tratarse de una espiroqueta, no de un bacilo.

Preguntas frecuentes

¿Por qué se llama fiebre de las trincheras?

Por el escenario donde se reconoció como enfermedad propia por primera vez: las trincheras del frente occidental durante la Primera Guerra Mundial, entre 1915 y 1916. El nombre en latín de la bacteria causante, Bartonella quintana, recuerda en cambio otro rasgo de la enfermedad: la fiebre solía repetirse cada cinco días.

¿Sigue existiendo hoy en día?

Sí. Persiste en forma de brotes localizados entre personas sin hogar, con casos documentados en ciudades de Francia, Estados Unidos y, más recientemente, Canadá, donde en 2020 se registró el mayor grupo de casos de endocarditis por esta causa detectado en el país.

¿Es lo mismo que el tifus?

No, aunque comparten vector. El tifus exantemático lo causa una especie distinta de bacteria, Rickettsia prowazekii, que además acorta la vida del piojo que la transporta. Bartonella quintana, la causante de la fiebre de las trincheras, convive con el piojo sin acortarle la vida.

¿Quién demostró que la transmitía el piojo?

Dos comisiones médicas, trabajando por separado, resolvieron la incógnita en 1918. Antes de esa fecha se habían barajado otras hipótesis, entre ellas el contagio por el propio ambiente de las trincheras o por el contacto con roedores, sin ninguna base experimental sólida que las sostuviera. Ya en 1916, McNee y Renshaw habían apuntado a un posible vector insecto, y el estudio de campo de Alexander Peacock sobre la infestación por piojos en las tropas terminó de inclinar la balanza hacia esa hipótesis. Con las dos comisiones de 1918, cualquier explicación que no pasara por el piojo del cuerpo perdió terreno con rapidez, aunque la comunidad científica tardó todavía unos años más en aceptar plenamente el papel causal del microorganismo.

Referencias

  1. Atenstaedt RL, Bendall SP, Mackenzie IZ. The centenary of the discovery of trench fever, an emerging infectious disease of World War 1. The Lancet Infectious Diseases, 2016.
  2. Manual MSD, versión para profesionales. Fiebre de las trincheras.
  3. Bush LM, Perez MT. Trench Fever. StatPearls, NCBI Bookshelf.
  4. Brouqui P, Lascola B, Roux V, Raoult D. Chronic Bartonella quintana bacteremia in homeless patients. New England Journal of Medicine, 1999.

Entradas relacionadas

Para situar la fiebre de las trincheras dentro de su contexto, puede consultar:

  • Bartonella quintana: la bacteria que causa esta enfermedad.
  • Bartonella: género bacteriano al que pertenece esta especie, junto a las causantes de la enfermedad por arañazo de gato y la enfermedad de Carrión.
  • Tifus exantemático: otra infección transmitida por el piojo del cuerpo, con la que la fiebre de las trincheras se confundió durante años.
  • Borrelia: género de espiroquetas responsable de la fiebre recurrente, la tercera enfermedad transmitida por el piojo del cuerpo.

La información proporcionada en este Diccionario Médico de la Clínica Universidad de Navarra tiene como objetivo principal ofrecer un contexto y entendimiento general sobre términos médicos y no debe ser utilizada como fuente única para tomar decisiones relacionadas con la salud. Esta información es meramente informativa y no sustituye en ningún caso el consejo, diagnóstico, tratamiento o recomendaciones de profesionales de la salud. Siempre es esencial consultar a un médico o especialista para tratar cualquier condición o síntoma médico. La Clínica Universidad de Navarra no se responsabiliza por el uso inapropiado o la interpretación de la información contenida en este diccionario.
Infografías realizadas con https://BioRender.com

© Clínica Universidad de Navarra 2026