DICCIONARIO MÉDICO
Escrófula
La escrófula es la infección tuberculosa de los ganglios linfáticos del cuello, causada en la mayoría de los casos por Mycobacterium tuberculosis. Constituye la forma más frecuente de tuberculosis extrapulmonar y se conoce también con los nombres de linfadenitis cervical tuberculosa, adenitis tuberculosa cervical o, en la terminología histórica, «mal del rey». La voz española «escrófula» procede del latín scrofulae, un diminutivo plural de scrofa («cerda»). La comparación con el animal se explica porque los ganglios cervicales tumefactos conferían al cuello un aspecto abultado que los médicos antiguos asociaban con la papada de la cerda de cría. El término aparece ya en textos médicos medievales latinos y pasó al castellano con escasa modificación. Desde el punto de vista clínico, la escrófula designa la linfadenitis crónica por micobacterias con asiento preferente en los ganglios cervicales, aunque puede afectar también a las cadenas supraclaviculares, axilares o inguinales. En adultos, el agente causal más habitual es M. tuberculosis. En niños de países con baja incidencia de tuberculosis, las micobacterias no tuberculosas (M. avium, M. scrofulaceum) cobran una proporción mayor. El bacilo llega a los ganglios cervicales por vía linfática desde un foco pulmonar primario, con frecuencia subclínico. Durante la primoinfección tuberculosa, M. tuberculosis se disemina por los vasos linfáticos aferentes y alcanza los ganglios regionales, donde la respuesta inmunitaria celular intenta contenerlo mediante la formación de granulomas. Si esa contención fracasa (por carga bacilar elevada, inmunosupresión o factores aún mal definidos), los granulomas progresan hacia la necrosis caseosa y los ganglios aumentan de tamaño. Históricamente, antes de que la pasteurización de la leche se generalizara, M. bovis ingerido con leche cruda producía un foco primario amigdalino que drenaba directamente a los ganglios cervicales. Esta vía, frecuente en el siglo XIX, explica por qué los niños eran el grupo más afectado en aquella época. Los ganglios afectados se presentan inicialmente como masas firmes, indoloras, de crecimiento lento. No suele haber fiebre ni otros signos generales de infección. Con el paso de semanas o meses, el contenido caseoso puede reblandecerse, la piel suprayacente se torna violácea y el ganglio termina por drenar al exterior formando una fístula. Es entonces cuando se habla de escrofulodermia, la extensión cutánea de la escrófula. La escrófula tiene una historia cultural que excede lo estrictamente médico. Durante varios siglos, la creencia popular en Francia e Inglaterra atribuía a los reyes el poder de curar esta enfermedad mediante la imposición de manos, un rito conocido como «toque real». La expresión latina morbus regius («mal del rey») había designado antes la ictericia y la lepra, pero a partir del siglo XIII quedó vinculada casi exclusivamente a la escrófula. El historiador Marc Bloch estudió el fenómeno en su obra Los reyes taumaturgos (1924). Según Bloch, Felipe I de Francia fue probablemente el primer monarca al que se atribuyó la facultad de sanar escrofulosos, en torno al siglo XI. En Inglaterra, la práctica se documenta desde Enrique I. La ceremonia alcanzó proporciones notables: Carlos II de Inglaterra llegó a tocar a más de 90.000 personas durante su reinado. La costumbre se mantuvo hasta el siglo XVIII. La reina Ana de Gran Bretaña fue la última monarca inglesa que practicó el rito, en 1714. Uno de los niños que recibió el toque real de Ana fue el futuro lexicógrafo Samuel Johnson, entonces de apenas dos años. La escrófula no remitió. La linfadenitis tuberculosa representa aproximadamente el 25 % de los casos de tuberculosis extrapulmonar. Su incidencia ha aumentado en las últimas décadas en paralelo con la expansión de la coinfección por VIH, que debilita la inmunidad celular y facilita la progresión de focos latentes. En países de baja endemia tuberculosa, la mayoría de los casos se observan en personas procedentes de áreas donde la tuberculosis sigue siendo prevalente. La malnutrición, el hacinamiento y la edad avanzada son factores que favorecen la reactivación. Del latín scrofulae, diminutivo plural de scrofa («cerda»). La comparación alude al aspecto abultado que los ganglios cervicales hinchados daban al cuello, semejante a la papada del animal. No directamente. La forma contagiosa de la tuberculosis es la pulmonar, que se transmite por vía aérea. La escrófula, al ser una forma extrapulmonar, no se transmite de persona a persona a menos que coexista con tuberculosis pulmonar activa. Porque durante la Edad Media se creía que los monarcas de Francia e Inglaterra podían curar la escrófula con solo tocar al enfermo. La ceremonia servía para legitimar el origen divino del poder real. La última imposición de manos documentada fue la de la reina Ana de Gran Bretaña en 1714. No. La escrófula afecta al ganglio linfático. La escrofulodermia es la extensión de esa infección ganglionar a la piel suprayacente, cuando el ganglio fistuliza y la necrosis caseosa alcanza la dermis. Puede haber escrófula sin afectación cutánea. Si desea profundizar en conceptos vinculados a la escrófula, la tuberculosis y sus manifestaciones, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la escrófula
Patogenia de la linfadenitis tuberculosa
El «mal del rey» y el toque real
Epidemiología y factores predisponentes
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra escrófula?
¿Es la escrófula contagiosa?
¿Por qué se llamaba «mal del rey»?
¿Es lo mismo escrófula que escrofulodermia?
Referencias
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