DICCIONARIO MÉDICO
Cribado
Un cribado (en inglés, screening) es una estrategia de salud pública que consiste en aplicar una prueba o examen a personas aparentemente sanas con el fin de identificar, en una fase temprana, enfermedades o factores de riesgo que todavía no han producido manifestaciones clínicas. No es, por sí mismo, un diagnóstico: separa a quienes tienen una probabilidad elevada de padecer la enfermedad buscada de quienes probablemente no la padecen. La palabra cribado viene del latín cribrare, que significaba pasar el grano por la criba para separar la simiente buena de la paja y las impurezas. La raíz indoeuropea *krei- remite a la idea de separar y distinguir, la misma que late en voces como crisis, criterio y crimen. La metáfora funciona: un programa de cribado pasa a una población entera por un filtro que deja a un lado a quienes necesitan estudios adicionales. La Real Academia Nacional de Medicina acepta como sinónimos criba, cribaje, despistaje, detección sistemática, tamizaje y el anglicismo screening. En el uso hospitalario en España se emplea mayoritariamente cribado; en Latinoamérica predomina tamizaje. No cualquier enfermedad se presta a un programa de cribado. En 1968, James Wilson y Gunnar Jungner publicaron por encargo de la OMS un conjunto de diez principios que siguen siendo la referencia más citada para evaluar si un cribado merece ponerse en marcha. Entre esos principios figuran que la enfermedad represente un problema sanitario relevante, que tenga una fase latente detectable, que exista una prueba aceptable para la población y que el beneficio del hallazgo precoz supere los inconvenientes (falsos positivos, ansiedad, sobrediagnóstico). Frame y Carlson añadieron en 1975 que la enfermedad debe ser causa frecuente de morbilidad o mortalidad, que la prueba debe tener buena sensibilidad y especificidad, y que el coste del programa debe ser razonable en relación con los recursos sanitarios disponibles. Son requisitos exigentes. No toda enfermedad grave los cumple. Se distinguen habitualmente dos modalidades. El cribado poblacional (o universal) se ofrece de forma activa a toda la población diana, con independencia de sus circunstancias individuales; es el caso de los programas de detección precoz de cáncer de mama mediante mamografía o de cáncer colorrectal mediante sangre oculta en heces. El cribado oportunista se realiza aprovechando el contacto del paciente con el sistema sanitario por otro motivo, sin que exista una invitación sistemática; un ejemplo sería la determinación de glucemia en un paciente que acude a consulta por una lesión cutánea. Existe también el cribado genético, que merece una entrada propia porque opera con herramientas y marcos éticos diferenciados: analiza el ADN del individuo para detectar variantes asociadas a enfermedades hereditarias, con implicaciones que van más allá del propio sujeto examinado y alcanzan a su descendencia. Que una prueba esté disponible no significa que deba aplicarse a toda la población. Un cribado mal diseñado puede generar un número elevado de falsos positivos, lo que somete a personas sanas a pruebas confirmatorias innecesarias, con su correspondiente carga de ansiedad y coste. También existe el riesgo de sobrediagnóstico: detectar lesiones que nunca habrían progresado hasta causar problemas clínicos pero que, una vez encontradas, reciben intervenciones con efectos secundarios reales. La paradoja del cribado es que se aplica a personas que no han pedido ayuda médica y que se sienten bien. Eso obliga a un nivel de exigencia ético especialmente alto en cuanto a la calidad de la evidencia, el consentimiento informado y la comunicación de resultados. Del latín cribrare (pasar por la criba), derivado de cribrum, la criba o cedazo con que se separaban los granos buenos de los malos. La raíz indoeuropea *krei- significa separar o distinguir y está emparentada con las voces crisis y criterio. No. El cribado clasifica probabilidades; el diagnóstico las confirma. Si una prueba de cribado da un resultado positivo, se necesitan exámenes posteriores para establecer si la enfermedad está realmente presente. Un resultado de cribado negativo tampoco garantiza al cien por cien la ausencia de enfermedad. Entre los más consolidados se encuentran el cribado neonatal de metabolopatías e hipotiroidismo congénito (prueba del talón), el cribado de cáncer de mama mediante mamografía, el de cáncer de cuello uterino mediante citología o test de VPH, y el de cáncer colorrectal mediante detección de sangre oculta en heces. Cada uno tiene su propia población diana, su periodicidad recomendada y su marco de evidencia específico. La sensibilidad mide la capacidad de la prueba para detectar a los verdaderamente enfermos; la especificidad, su capacidad para descartar correctamente a los sanos. Un cribado ideal tendría ambas cercanas al 100 %, pero en la práctica hay que aceptar un equilibrio: aumentar la sensibilidad suele reducir la especificidad, y viceversa. Si desea profundizar en conceptos de medicina preventiva y detección precoz, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el cribado
Condiciones para que un cribado se justifique
Tipos de cribado
Limitaciones y efectos no deseados
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra cribado?
¿Es lo mismo cribado que diagnóstico?
¿Cuáles son los programas de cribado más extendidos?
¿Qué relación tienen sensibilidad y especificidad con el cribado?
Referencias
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