DICCIONARIO MÉDICO
Conducta tipo B
La conducta tipo B designa un patrón de comportamiento caracterizado por una actitud relajada, baja competitividad y menor reactividad emocional ante situaciones de presión. Friedman y Rosenman lo describieron como el polo opuesto del tipo A en su clasificación de patrones conductuales asociados al riesgo cardiovascular. Cuando Friedman y Rosenman diseñaron el continuo tipo A/tipo B a finales de los años cincuenta, no pretendían retratar dos personalidades opuestas, sino establecer los extremos de un espectro. El tipo B surgió, en buena medida, como categoría de referencia: los individuos que no mostraban el perfil de urgencia, hostilidad y sobrecarga laboral propio del tipo A quedaban clasificados en el otro extremo. Esto no significa que el tipo B carezca de rasgos propios. Las personas con predominio de este patrón suelen tomarse las tareas con mayor calma, toleran mejor las esperas, no convierten las interacciones cotidianas en competiciones y gestionan la frustración sin la descarga agresiva típica del tipo A. También tienden a disfrutar del ocio sin culpabilidad, un rasgo que los diferencia de los sujetos tipo A, para quienes el descanso puede generar inquietud. En el Western Collaborative Group Study, los individuos clasificados como tipo B presentaron un riesgo de cardiopatía isquémica significativamente inferior al de los tipo A. No se trata de que el tipo B sea inmune a la enfermedad coronaria, sino de que la presencia de hostilidad reactiva y urgencia crónica (rasgos del extremo A) eleva la reactividad fisiológica ante el estrés, lo que a su vez favorece mecanismos fisiopatológicos como la activación simpática sostenida y la elevación de catecolaminas. El tipo B ha recibido menos atención investigadora que su contraparte. La razón es práctica: en epidemiología resulta más rentable estudiar lo que aumenta el riesgo que lo que lo mantiene bajo. Con todo, la presencia del tipo B en la literatura sirvió durante décadas como control necesario para validar los hallazgos sobre el tipo A. Sí, dentro de un continuo. Friedman y Rosenman no plantearon dos categorías estancas, sino los extremos de un espectro. La mayoría de las personas se sitúan en algún punto intermedio, con rasgos de ambos patrones en proporciones variables. No protege de forma activa. Lo que la investigación indica es que la ausencia de hostilidad crónica y urgencia temporal reduce la sobreactivación simpática asociada al riesgo coronario. Dicho de otro modo, el tipo B no añade un factor protector; le falta un factor de riesgo que el tipo A sí presenta. Depende del criterio. Desde el punto de vista cardiovascular, los datos favorecen al tipo B. Desde el punto de vista del rendimiento laboral, los resultados son menos claros: en ciertos entornos competitivos, los rasgos de tipo A se asocian a mayor productividad, al menos a corto plazo. La pregunta, en todo caso, simplifica un espectro que no se reduce a dos casillas. Si desea profundizar en los patrones de conducta y sus implicaciones en la salud, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la conducta tipo B
Tipo B y riesgo cardiovascular
Preguntas frecuentes
¿Es la conducta tipo B lo contrario de la tipo A?
¿La conducta tipo B protege del infarto?
¿Es mejor ser tipo B que tipo A?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026