DICCIONARIO MÉDICO
Conducta tipo C
La conducta tipo C (o patrón de conducta tipo C) designa un estilo de comportamiento caracterizado por la supresión sistemática de emociones negativas, baja asertividad, tendencia a la sumisión y una marcada necesidad de armonía interpersonal. Morris y Greer acuñaron el término en 1980, y Lydia Temoshok lo desarrolló durante la década siguiente en el contexto de la investigación sobre la relación entre personalidad y cáncer. En 1980, Morris y Greer publicaron observaciones sobre pacientes con cáncer de mama que compartían un perfil emocional particular: contención extrema de la ira, docilidad frente a la autoridad médica y una especie de cooperación forzada que contrastaba con la intensidad de su situación clínica. A ese perfil le pusieron la etiqueta de tipo C, en continuidad con la clasificación tipo A / tipo B que Friedman y Rosenman habían propuesto dos décadas antes para la cardiología. Temoshok amplió el constructo a mediados de los ochenta. Su trabajo con pacientes de melanoma maligno la llevó a proponer que la supresión emocional no era solo un rasgo de personalidad premórbido, sino también un estilo de afrontamiento que el individuo reforzaba al enfrentarse a la enfermedad. Esa doble lectura (factor predisponente frente a estrategia de afrontamiento) ha sido una constante en la investigación sobre el tipo C y explica en parte la dificultad para obtener resultados concluyentes. Los investigadores que han trabajado con el constructo coinciden en cinco dimensiones recurrentes: control emocional (tendencia a reprimir manifestaciones afectivas), racionalidad (preferencia por lo lógico frente a lo emocional), represión emocional propiamente dicha, necesidad de armonía (evitación activa del conflicto) y comprensión hacia los demás, incluso cuando las circunstancias justificarían una reacción más enérgica. López, Esteve, Ramírez y Anarte desarrollaron en España un cuestionario específico para evaluar estas cinco escalas, el Cuestionario de Personalidad Tipo C, que ha permitido sistematizar la evaluación en muestras hispanohablantes. Un dato llamativo de la investigación es que la composición del constructo varía según la población estudiada. En mujeres con cáncer de mama, el control emocional y la necesidad de armonía pesan más; en pacientes con otras patologías crónicas, la racionalidad y la represión ganan protagonismo. Contrada y colaboradores propusieron en 1990 que el tipo C podría ser, más que un factor específico de riesgo oncológico, un patrón de vulnerabilidad ante la enfermedad crónica en general. La hipótesis de que la supresión emocional favorece la aparición o la progresión del cáncer ha sido objeto de debate durante cuatro décadas. Algunos estudios han encontrado que los pacientes oncológicos puntúan más alto en escalas de tipo C que los controles sanos; otros no han replicado esos resultados. Los mecanismos propuestos (reducción de la actividad de las células NK por vía psiconeuroinmunológica, adopción de conductas de riesgo como el tabaquismo o el consumo de alcohol) son plausibles, pero la cadena causal completa no se ha demostrado de forma robusta. Hoy la comunidad científica mantiene prudencia. La idea de que existe una personalidad propensa al cáncer ha perdido fuerza en su formulación original, pero se acepta que los estilos de afrontamiento influyen en la calidad de vida del paciente oncológico y, posiblemente, en la adherencia al seguimiento. La supresión emocional mantenida puede llevar a demorar la consulta ante señales corporales, y ese retraso sí tiene consecuencias clínicas documentadas. Morris y Greer en 1980, a partir de sus observaciones en pacientes con cáncer de mama. Temoshok lo desarrolló y le dio mayor difusión internacional a lo largo de los años ochenta y noventa. En buena medida, sí. Temoshok la describió como la imagen especular del tipo A: donde el tipo A expresa hostilidad y busca el conflicto, el tipo C reprime la ira y busca la armonía. Pero no son simplemente polos opuestos de un mismo continuo: cada patrón se ha investigado en relación con enfermedades diferentes y mediante instrumentos distintos. No. La evidencia no permite afirmar que la supresión emocional cause cáncer. Lo que algunos estudios sugieren es que ciertos estilos de afrontamiento pueden influir en cómo el paciente vive la enfermedad y en la rapidez con que busca atención médica. Atribuir al tipo C un papel causal directo simplifica un proceso multicausal en el que intervienen factores genéticos, ambientales e inmunitarios de peso muy superior. Si desea profundizar en los patrones de conducta, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la conducta tipo C
Componentes y su medición
Estado actual de la evidencia
Preguntas frecuentes
¿Quién propuso el concepto de conducta tipo C?
¿Es la conducta tipo C lo contrario de la tipo A?
¿Tener conducta tipo C significa que se va a desarrollar cáncer?
Referencias
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