DICCIONARIO MÉDICO
Champú
El champú es un preparado líquido o semilíquido diseñado para la limpieza del cabello y el cuero cabelludo. Su base son los tensioactivos, moléculas capaces de emulsionar el sebo y la suciedad para que el agua los arrastre. Desde la perspectiva dermatológica, el champú puede ser también un vehículo terapéutico cuando incorpora principios activos como antifúngicos, queratolíticos o corticoides tópicos. En términos farmacéuticos, el champú es una forma galénica de aplicación tópica sobre el cuero cabelludo. Su función primaria es retirar el exceso de sebo, las células descamadas y los residuos ambientales que se acumulan en el pelo y la piel de la cabeza. Los champús cosméticos cumplen esa función limpiadora y, opcionalmente, aportan acondicionamiento. Los champús medicados, en cambio, contienen principios activos que convierten el lavado en un acto terapéutico dirigido a dermatosis específicas del cuero cabelludo. La etimología de la palabra resulta peculiar para un término tan cotidiano. "Champú" procede del inglés shampoo, documentado desde 1762, que a su vez es un préstamo del hindi चाँपो (chāmpo), imperativo del verbo चाँपना (champnā), "presionar, amasar, masajear". La raíz última es el sánscrito čāpayati, con el mismo sentido. En su origen, pues, la palabra no designaba un producto sino una acción: el masaje que se aplicaba al cuero cabelludo durante el lavado. Sake Dean Mahomed, un inmigrante indio, introdujo el concepto en Inglaterra al abrir en Brighton, a finales del siglo XVIII, unos baños terapéuticos que ofrecían champo como servicio. El DRAE incluyó la voz por primera vez en 1927 y, según Corominas, su documentación más temprana en español data de 1908. El cabello sano presenta una superficie hidrófoba a la que se adhieren los lípidos del sebo producido por las glándulas sebáceas del folículo piloso. El agua sola no puede arrastrar esa película grasa. Los tensioactivos del champú resuelven el problema: su molécula tiene un extremo hidrofílico (afín al agua) y otro lipofílico (afín a la grasa), de modo que rodean las partículas de sebo, las encapsulan en micelas y permiten que el agua las elimine durante el aclarado. Los tensioactivos más empleados en formulación capilar son los aniónicos, como el laurilsulfato de sodio o el laurilétesulfato de sodio. Son los responsables de la espuma, aunque la cantidad de espuma no guarda relación proporcional con la eficacia de la limpieza (un dato que suele sorprender al paciente). Junto a ellos, las formulaciones incluyen tensioactivos anfotéricos para suavizar la irritación, agentes acondicionadores, conservantes, reguladores de pH y fragancias. El pH del champú influye en el estado de la fibra capilar. Un medio alcalino abre las escamas de la cutícula y debilita los puentes disulfuro de la queratina, lo que deja el pelo áspero y frágil. Las formulaciones actuales mantienen un pH ligeramente ácido, entre 4,5 y 6,5, compatible con el manto ácido del cuero cabelludo. Cuando el cuero cabelludo presenta una dermatosis, el champú deja de ser solo un cosmético y pasa a funcionar como vehículo de un principio activo. Los agentes más utilizados en champús de prescripción o de indicación farmacéutica incluyen el ketoconazol y la ciclopiroxolamina (antifúngicos que reducen la colonización por Malassezia, el hongo implicado en la caspa y la dermatitis seborreica), la piritionato de cinc (con acción antifúngica y antibacteriana), el ácido salicílico (queratolítico que facilita la eliminación de escamas) y el alquitrán de hulla (antiinflamatorio reductor, de uso más restringido actualmente). En psoriasis del cuero cabelludo, los champús con clobetasol u otros corticoides potentes se prescriben para brotes moderados a graves. El modo de aplicación de un champú medicado condiciona su eficacia. El tiempo de contacto debe ser suficiente para que el principio activo penetre: generalmente entre tres y cinco minutos antes del aclarado, lo que contrasta con el lavado rápido habitual. Del hindi चाँपो (chāmpo), que significaba "masajea" o "presiona", a través del inglés shampoo. La raíz más antigua es el sánscrito čāpayati, "amasar". En 1762 ya aparecía en inglés; en español, Corominas data la primera documentación en 1908. La RAE la incorporó al diccionario en 1927. No siempre. Los champús anticaspa de venta libre contienen principios activos a dosis bajas (piritionato de cinc, sulfuro de selenio) y se consideran cosméticos o dermocosméticos. Un champú medicado, en sentido estricto, es aquel cuya concentración de principio activo exige prescripción o indicación farmacéutica: por ejemplo, el ketoconazol al 2 % o la fluocinolona. La diferencia radica en la concentración y la regulación, no en el formato. Depende del tipo de cuero cabelludo. Un cuero cabelludo graso puede requerir lavado diario; un cuero cabelludo seco o atópico tolera mejor lavados cada dos o tres días. La idea de que el lavado frecuente provoca caída del cabello carece de evidencia científica: lo que se pierde al lavar son cabellos que ya estaban en fase de desprendimiento (telógena). Estrictamente, no. Ningún champú cosmético convencional provoca caída del cabello. Sin embargo, formulaciones muy agresivas o un lavado excesivamente vigoroso pueden dañar la cutícula del pelo y favorecer su rotura, lo que a veces se confunde con alopecia verdadera. Si desea profundizar en conceptos asociados al champú, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el champú
Composición y mecanismo de limpieza
Champús medicados en dermatología
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra champú?
¿Es lo mismo un champú anticaspa que un champú medicado?
¿Con qué frecuencia conviene lavarse el pelo?
¿Puede un champú causar alopecia?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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