DICCIONARIO MÉDICO
Capnocytophaga
Capnocytophaga es un género de bacterias que vive, sin dar ninguna señal de su presencia, en dos lugares muy distintos: la boca de las personas y la boca de los perros y los gatos. Ese doble domicilio explica un comportamiento clínico con dos caras bien diferenciadas. Las especies humanas forman parte de la placa dental y solo se convierten en un problema cuando la encía ya está enferma. Las especies animales, en cambio, viven tranquilas en la saliva canina o felina hasta que una mordedura les abre una vía al torrente sanguíneo de una persona. El nombre del género, que remite al dióxido de carbono que necesitan para crecer, tardó años en imponerse a la confusa nomenclatura provisional con la que los laboratorios etiquetaban a estos bacilos. Capnocytophaga Bacterias bucales capnófilas Tipo: bacteria Morfología: bacilo gramnegativo fusiforme, con motilidad por deslizamiento y crecimiento lento Transmisión: contacto bucal directo (especies humanas); mordedura, arañazo o lamido de perro o gato (especies zoonóticas) Reservorio: humano (placa subgingival) y animal (boca de perros y gatos) Patogenicidad: oportunista y, en el grupo zoonótico, también primaria Enfermedades: gingivitis, periodontitis, sepsis El nombre reúne tres raíces griegas: kapnos, humo, aquí referido al dióxido de carbono que la bacteria necesita para crecer; kytos, célula; y phagein, comer. Célula que come humo, vendría a decir el nombre, aunque el sentido real apunta a su apetito por el CO2. La partícula final no es casual: los autores quisieron emparentar el nuevo género con Cytophaga, otro grupo de bacterias deslizantes del que Capnocytophaga se distingue precisamente por esa dependencia del dióxido de carbono. El género lo propusieron en 1979 tres investigadores del área de Boston, Edward Leadbetter, Stanley Holt y Sigmund Socransky, tras estudiar bacilos deslizantes aislados de la boca humana, tanto de encías sanas como de bolsas periodontales enfermas. En aquel primer trabajo describieron tres especies: Capnocytophaga ochracea, Capnocytophaga sputigena y Capnocytophaga gingivalis. Las tres seguían viviendo, sin generar sospecha, en la boca de casi cualquier persona. Al microscopio se ve un bacilo gramnegativo delgado, de extremos afilados, que en cultivos prolongados puede alargarse hasta formar filamentos. Carece de flagelos. Aun así, se mueve: se desliza sobre las superficies gracias a un mecanismo propio de este grupo de bacterias, poco habitual entre los microorganismos de la boca. Crecer le cuesta. Necesita una atmósfera enriquecida en dióxido de carbono (de ahí el nombre del género) y, aun en esas condiciones, tarda días en formar colonias visibles. Ese carácter perezoso le valió, antes de tener nombre propio, la etiqueta provisional de «fermentador disgónico» que el Centro para el Control de Enfermedades de Estados Unidos aplicaba a las bacterias de crecimiento difícil. Hay un detalle bioquímico que separa a las especies bucales de las especies transmitidas por mordedura: las primeras dan negativo en las pruebas de catalasa y oxidasa, mientras que Capnocytophaga canimorsus y Capnocytophaga cynodegmi, las dos especies asociadas a los animales, dan positivo en ambas. Durante años, ese matiz bastó para separar en el laboratorio, antes incluso de conocer su parentesco genético real, a los microorganismos bucales de los que llegaban tras una mordedura. Las especies bucales humanas forman parte de la placa subgingival, la película bacteriana que se acumula justo bajo el borde de la encía. Ahí conviven con decenas de otras especies sin causar ningún daño mientras el equilibrio de esa comunidad se mantiene. El problema llega cuando la placa se descontrola y da paso a una inflamación crónica de las encías. El otro grupo vive en la boca de perros y gatos sanos, sin producirles ninguna enfermedad. Un estudio realizado en Japón encontró Capnocytophaga canimorsus en el 74% de los perros y en el 57% de los gatos analizados mediante cultivo. La bacteria pasa a las personas por mordedura, por arañazo o, con menos frecuencia, porque el animal lame una herida o una piel ya dañada. Desde aquel primer trío de 1979, el género no ha dejado de crecer. Diez años después, en 1989, un equipo del Centro para el Control de Enfermedades encabezado por Don Brenner añadió dos especies más, aisladas de mordeduras y arañazos de perro: Capnocytophaga canimorsus y Capnocytophaga cynodegmi. El primero de esos nombres, del latín canis y morsus, significa literalmente mordedura de perro. Con el tiempo se han descrito nuevas especies bucales, como Capnocytophaga granulosa, Capnocytophaga haemolytica o Capnocytophaga leadbetteri, esta última en honor al primer autor del género de 1979. También se ha propuesto una tercera especie de origen canino, Capnocytophaga canis, identificada en 2016 mediante secuenciación genómica completa a partir de una cepa que no encajaba con ninguna especie conocida hasta entonces. La lista sigue abierta. Las dos ramas del género producen cuadros clínicos completamente distintos. Las especies bucales contribuyen, junto con otras muchas bacterias, al desarrollo de la gingivitis y, si progresa, de la periodontitis; rara vez causan algo más allá de la boca, salvo en personas con las defensas muy debilitadas. Con Capnocytophaga canimorsus el planteamiento cambia por completo. Atravesada la barrera de la piel por una mordedura, puede alcanzar el torrente sanguíneo y producir una sepsis, con la posibilidad, menos frecuente, de afectar al corazón en forma de endocarditis. Esa vertiente se desarrolla con más detalle en la ficha dedicada a Capnocytophaga canimorsus. Célula que come humo, en una traducción literal del griego. El nombre completo une kapnos (humo, en alusión al dióxido de carbono que necesita para crecer), kytos (célula) y phagein (comer). Antes de que existiera el género, sí. El Centro para el Control de Enfermedades de Estados Unidos usó las etiquetas provisionales DF-1 y DF-2 para estos bacilos de crecimiento difícil, primero para las especies bucales y después, en 1989, para las ligadas a la mordedura de perro. Con el tiempo, ambos grupos quedaron incorporados al género Capnocytophaga. No. Las especies bucales rara vez salen de la boca y, cuando lo hacen, suele ser en personas ya inmunodeprimidas. Las especies transmitidas por mordedura de perro o gato, sobre todo Capnocytophaga canimorsus, tienen mayor capacidad de producir una infección grave en el resto del organismo. Nueve, según el recuento más citado en la bibliografía clínica, aunque la cifra ha ido subiendo con cada estudio de secuenciación genética que aparece. Por genética y por estructura, no por comportamiento clínico. Cuando se analizaron las cepas procedentes de mordeduras, mostraban la misma morfología fusiforme, la misma motilidad por deslizamiento, una composición de ácidos grasos parecida y la misma necesidad de dióxido de carbono para crecer que las especies bucales ya descritas. Esos rasgos compartidos, más que el parecido genético exacto, pesaron a la hora de incluirlas en Capnocytophaga. El comportamiento en el paciente es otra historia: unas colonizan la encía sin darse a notar y la otra puede entrar en la sangre a través de una mordedura. Para ampliar la información sobre este género y lo que puede producir, puede consultar:Qué es Capnocytophaga
Cómo se identifica en el laboratorio
Dónde vive
Especies del género
Qué enfermedades produce
Preguntas frecuentes
¿Qué significa el nombre Capnocytophaga?
¿Es lo mismo que el llamado «fermentador disgónico»?
¿Todas las especies del género son igual de peligrosas?
¿Cuántas especies tiene el género?
¿Por qué se agruparon en el mismo género especies tan distintas en su comportamiento?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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