DICCIONARIO MÉDICO
Blastocistosis
La blastocistosis es la presencia del parásito Blastocystis en el intestino humano cuando se la considera responsable de molestias digestivas. Es una de las parasitosis intestinales más frecuentes del mundo y, a la vez, una de las más controvertidas: el mismo microorganismo se detecta en personas con síntomas y en personas por completo sanas, hasta el punto de que buena parte de la comunidad científica duda de que merezca por sí solo el nombre de enfermedad. Su interés reside tanto en lo que produce como en esa incertidumbre. El término se forma sobre el nombre del parásito, Blastocystis, más el sufijo griego -osis, que en medicina señala un proceso o una infestación por un agente. Blastocistosis es, literalmente, la afección causada por Blastocystis. Con esa palabra se alude al conjunto de manifestaciones digestivas que se atribuyen al microorganismo cuando aparece en las heces de una persona con molestias, una vez descartadas otras causas. Conviene una precisión desde el principio. Albergar el parásito no es padecer la enfermedad. La simple detección en una muestra de heces se denomina colonización o portador asintomático, y es la situación de la inmensa mayoría de quienes lo tienen. Solo cuando esa presencia se acompaña de síntomas, y se juzga su causa, se habla propiamente de blastocistosis. Aquí está el punto más delicado. Desde que el parásito se describió, a comienzos del siglo XX, no ha dejado de debatirse si es capaz de enfermar o si se limita a acompañar sin dañar. El argumento que siembra la duda es sencillo: se encuentra con frecuencia parecida en quien tiene molestias y en quien no las tiene, y hay estudios que lo hallan incluso más a menudo en personas sanas. Algunos investigadores lo consideran un integrante más de una microbiota equilibrada. Frente a esa postura, quienes defienden su capacidad de causar daño apuntan varios datos. Ciertos subtipos producen enzimas que degradan las defensas de la mucosa intestinal; la carga de parásito, el estado del sistema inmunitario del anfitrión y un desequilibrio previo de la flora intestinal parecen inclinar la balanza. La conclusión provisional, hoy, es que Blastocystis se comporta como un patógeno de oportunidad: inofensivo en la mayoría, capaz de dar problemas en circunstancias concretas. La distribución es mundial y la frecuencia, altísima. En los países de renta alta se estima que entre el 7 y el 20 por ciento de la población lo alberga; en regiones con saneamiento deficiente, la proporción sube al 40 o el 60 por ciento. Los estudios latinoamericanos en adultos con molestias digestivas han encontrado el parásito en más de la mitad de los casos. El contagio guarda relación directa con la calidad del agua y de los alimentos y con las condiciones higiénicas. Se identifica en todas las edades. Niños, mayores, migrantes procedentes de zonas endémicas y personas con las defensas debilitadas figuran entre los grupos en los que se detecta con más asiduidad. En pacientes inmunodeprimidos su hallazgo es habitual, si bien tampoco en ellos está resuelto hasta qué punto es la causa de las molestias o un mero acompañante. Cuando se le atribuyen síntomas, estos son digestivos e inespecíficos: dolor abdominal, distensión, alteraciones del ritmo de las deposiciones. Puede cursar de forma aguda y pasajera o prolongarse en el tiempo, alternando episodios de diarrea con periodos de normalidad. Esa cronicidad y esa inespecificidad explican que a menudo se lo haya relacionado con el síndrome del intestino irritable, una asociación estudiada pero no cerrada, ya que otros trabajos no han hallado más parásito en quienes lo sufren que en la población general. En el examen de heces, la blastocistosis debe distinguirse de otras parasitosis intestinales de repercusión mejor definida, como la amebiasis o la giardiasis, cuyo carácter patógeno nadie discute. Frente a ellas, la blastocistosis se define menos por un cuadro característico que por la duda que la rodea. Sí. El parásito se transmite por vía fecal-oral, sobre todo a través de agua o alimentos contaminados con quistes procedentes de heces de personas o animales infectados. La higiene de manos y la seguridad del agua de consumo son las barreras naturales frente a él. No. Encontrar el parásito es muy común y, en la mayoría de los casos, no se acompaña de síntoma alguno. Se habla de blastocistosis únicamente cuando su presencia coincide con molestias digestivas que se le atribuyen tras descartar otras causas. Del nombre del parásito, Blastocystis, y el sufijo -osis, que en medicina designa una afección producida por un agente. Es, por tanto, la dolencia asociada a este microorganismo. Porque el parásito aparece con la misma frecuencia, o incluso mayor, en personas sanas que en personas con molestias. Esa observación, repetida en numerosos estudios, ha llevado a muchos especialistas a considerarlo un habitante habitual del intestino más que un agente de enfermedad en sentido estricto. Para comprender mejor este cuadro, puede consultar:Qué es la blastocistosis
Un cuadro de contornos discutidos
A quién afecta y con qué frecuencia
Cómo se presenta
Preguntas frecuentes
¿La blastocistosis es contagiosa?
¿Tener Blastocystis en las heces significa tener blastocistosis?
¿De dónde viene la palabra?
¿Por qué se duda de que sea una enfermedad?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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