DICCIONARIO MÉDICO
Avulsión del nervio
La avulsión nerviosa es el arrancamiento de una raíz o un tronco nervioso de su punto de origen, habitualmente de la médula espinal. Constituye la forma más grave de lesión del nervio periférico porque la discontinuidad se produce en un plano inaccesible a la reparación directa. La localización más frecuente son las raíces del plexo braquial, donde la tracción violenta del miembro superior puede desprender una o varias raíces cervicales del surco anterolateral de la médula. El término sigue la etimología general de avulsión (del latín avellere, 'arrancar desde'). Aplicado al sistema nervioso periférico, describe una situación en la que la tracción supera la resistencia mecánica de las raicillas que unen el nervio a la médula espinal, produciendo un desgarro intradural. Flaubert documentó las avulsiones radiculares en 1827, aunque el concepto no adquirió su marco clínico moderno hasta que Seddon (1943) y Sunderland (1951) sistematizaron la clasificación de las lesiones nerviosas. En la clasificación de Seddon, la avulsión se inscribe dentro de la neurotmesis (sección completa del nervio). Sunderland amplió el esquema a cinco grados: la avulsión radicular corresponde al grado V, donde se pierde la continuidad de todas las capas del nervio (endoneuro, perineuro, epineuro). La diferencia crucial respecto a una neurotmesis posganglionar es que, en la avulsión, el desgarro ocurre proximal al ganglio de la raíz dorsal, dentro del canal raquídeo. Eso la convierte en una lesión preganglionar. Esta distinción tiene consecuencias prácticas directas. En una lesión posganglionar (distal al ganglio), el cuerpo celular de la neurona sensitiva permanece intacto y conectado al extremo distal del nervio, de modo que la regeneración axonal desde el cabo proximal puede, en principio, atravesar la zona de rotura y restablecer la función si se repara quirúrgicamente. En la avulsión preganglionar la situación es diferente: las raicillas motoras arrancadas de la médula no pueden reconectarse al asta anterior porque el daño es intradural e inabordable por microcirugía convencional. Un dato semiológico llamativo permite sospechar la avulsión: la sensibilidad cutánea está abolida (porque las fibras sensitivas ya no llegan al sistema nervioso central), pero los estudios de conducción nerviosa muestran potenciales sensitivos conservados en el nervio distal. Esto se explica porque el ganglio de la raíz dorsal, al quedar en continuidad con el cabo periférico, mantiene vivos los axones sensitivos distales aunque ya no transmitan información útil al cerebro. Las avulsiones nerviosas se concentran de forma abrumadora en el plexo braquial. La anatomía explica por qué: las raíces C5 a T1 recorren un trayecto relativamente largo y expuesto entre la columna cervical y la axila, sujetas a estructuras que se desplazan en sentidos opuestos cuando una fuerza violenta separa la cabeza del hombro (accidentes de motocicleta, caídas). La tracción resultante puede arrancar una, varias o todas las raíces. Si las raíces arrancadas son C5 y C6, se pierde la función del hombro y la flexión del codo (parálisis tipo Erb-Duchenne, la más frecuente). La avulsión de C8 y T1, menos habitual pero devastadora, deja la mano paralizada: es la parálisis de Klumpke, descrita por Augusta Déjerine-Klumpke en 1885. Dado que la reparación directa de las raíces avulsionadas no es viable, la reconstrucción se basa en transferencias nerviosas: se "redirige" un nervio donante funcional (por ejemplo, el nervio espinal accesorio o ramas del nervio intercostal) hacia el nervio receptor denervado para restablecer al menos parte de la función. El plazo para esta cirugía no debe superar los nueve a doce meses desde la lesión, porque la denervación prolongada deteriora irreversiblemente los músculos diana. No. A diferencia de la axonotmesis (grado II de Sunderland), en la que el axón se interrumpe pero las vainas conectivas intactas guían la regeneración, la avulsión carece de cualquier soporte estructural para la recuperación. Sin cirugía reconstructiva no hay mejoría. Ambas implican la sección completa del nervio. La diferencia es la localización: la avulsión ocurre proximal al ganglio (dentro del canal raquídeo), mientras que la neurotmesis posganglionar se produce fuera de él. Esta segunda puede repararse con injerto nervioso; la primera, no. Solo cabe recurrir a transferencias de nervios donantes. En una caída a alta velocidad, el impacto puede separar bruscamente la cabeza del hombro o proyectar el brazo por encima de la cabeza. Ambos mecanismos generan una tracción extrema sobre las raíces cervicales, que se ven sometidas a fuerzas en la dirección exacta de su punto débil: la salida de la médula espinal. Si desea profundizar en conceptos asociados a la avulsión nerviosa, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la avulsión nerviosa
Lesión preganglionar frente a posganglionar
El plexo braquial como localización principal
Preguntas frecuentes
¿La avulsión del nervio tiene recuperación espontánea?
¿En qué se diferencia la avulsión de la neurotmesis posganglionar?
¿Por qué los accidentes de motocicleta causan tantas avulsiones del plexo braquial?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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