DICCIONARIO MÉDICO
Atresia biliar
La atresia biliar es un trastorno neonatal en el que los conductos que transportan la bilis desde el hígado hacia el intestino se inflaman, se estrechan y acaban obstruyéndose. La acumulación de bilis dentro del hígado provoca un daño progresivo que, sin intervención, desemboca en cirrosis. Se estima que afecta a entre 1 de cada 8 000 y 1 de cada 18 000 nacidos vivos, con cifras más elevadas en poblaciones de Asia oriental. El nombre combina dos términos de raíz griega y latina: atresia (del griego ἀ-, 'sin', y τρῆσις, 'perforación') y biliar (del latín bilis). Su sentido literal vendría a ser "conducto biliar sin luz". Se trata de una enfermedad del neonato que se manifiesta habitualmente entre la segunda y la octava semana de vida, cuando la ictericia fisiológica del recién nacido, en lugar de resolverse, persiste o se acentúa. En la mayoría de las atresias digestivas la malformación se gesta durante el desarrollo embrionario, pero la atresia biliar no sigue ese patrón: los conductos parecen formarse con normalidad. La destrucción sobreviene después del nacimiento por un proceso inflamatorio (colangiopatía obliterante) cuyo desencadenante no se ha identificado con certeza. Se han implicado infecciones virales (citomegalovirus, reovirus, rotavirus), factores inmunitarios y, en un porcentaje menor de casos, componentes genéticos que afectan a varios genes simultáneamente. Los especialistas distinguen dos formas principales. La atresia biliar perinatal (o aislada) constituye el 80-85 % de los casos: el recién nacido parece sano al nacer y los signos aparecen durante las semanas siguientes. La atresia biliar fetal (o sindrómica) representa el porcentaje restante; se asocia a otras malformaciones congénitas (lateralidad visceral anómala, poliesplenia, defectos cardíacos) y suele tener una evolución más desfavorable. Existe también una clasificación anatómica, conocida como clasificación de Kasai, basada en el nivel al que se produce la obstrucción del árbol biliar. El tipo III, en el que el bloqueo se sitúa en el hilio hepático y afecta a toda la vía extrahepática, es con diferencia el más frecuente y el de peor pronóstico. Cuando los conductos biliares se obstruyen, la bilis queda retenida en el hígado. La bilis es un líquido digestivo necesario para la absorción intestinal de grasas y de vitaminas liposolubles, pero resulta tóxica para el propio tejido hepático si se acumula en él. La colestasis resultante desencadena inflamación, muerte de hepatocitos y depósito de tejido fibroso. Ese proceso, si no se detiene, conduce a cirrosis en cuestión de meses; en lactantes no intervenidos, la cirrosis puede estar establecida ya a los dos meses de edad. La consecuencia visible para los padres es una ictericia que no se resuelve, heces de color pálido o blanquecino (acolia) y orina oscura. Cualquier ictericia que persista más de dos semanas en un recién nacido justifica una evaluación específica para descartar esta entidad. La atresia biliar es la indicación más frecuente de trasplante hepático en la infancia a nivel mundial. El dato resulta llamativo si se considera lo infrecuente de la enfermedad, y se explica porque incluso con intervención quirúrgica precoz un porcentaje considerable de pacientes acaba desarrollando insuficiencia hepática con el paso de los años. Algunos llegan a la edad adulta con su hígado nativo; otros necesitan el trasplante durante la primera infancia. Porque los conductos biliares fetales no se visualizan con la resolución ecográfica prenatal habitual, y porque en la forma perinatal (la más frecuente) el daño se produce después de nacer. La ecografía prenatal puede detectar otras atresias digestivas (la duodenal, por ejemplo), pero la biliar suele pasar inadvertida hasta que aparecen los signos clínicos en las primeras semanas de vida. No se considera una enfermedad hereditaria en el sentido clásico. No sigue un patrón mendeliano conocido. Sin embargo, la investigación reciente ha identificado variantes en varios genes (ADD3, GPC1, entre otros) que podrían aumentar la susceptibilidad, lo que sugiere que existe un componente genético parcial sobre el que actúan factores ambientales todavía por definir. Es la intervención quirúrgica de referencia para la atresia biliar, descrita por el cirujano japonés Morio Kasai en 1959. Consiste en crear una conexión directa entre el hilio hepático y un asa intestinal para restablecer el flujo biliar. Su eficacia es mayor cuanto antes se realice, idealmente en los primeros 60 días de vida. No cura la enfermedad de forma definitiva, pero puede retrasar o evitar la necesidad de trasplante. No. La colestasis neonatal es un concepto más amplio que engloba cualquier retención de bilis en el recién nacido, y tiene múltiples causas (infecciones, enfermedades metabólicas, anomalías anatómicas). La atresia biliar es una de esas causas, posiblemente la más grave, pero no la única. Para ampliar la información sobre conceptos relacionados con la atresia biliar, puede consultar estas definiciones:Qué es la atresia biliar
Formas clínicas
Mecanismo del daño hepático
Relevancia como causa de trasplante hepático pediátrico
Preguntas frecuentes
¿Por qué la atresia biliar no se detecta antes del nacimiento?
¿Es hereditaria?
¿Qué es el procedimiento de Kasai?
¿Es lo mismo que la colestasis neonatal?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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