DICCIONARIO MÉDICO
Agua oxigenada
El agua oxigenada, cuyo nombre químico es peróxido de hidrógeno (H₂O₂), es un compuesto líquido incoloro que se emplea en medicina como antiséptico de acción oxidante. Es, en esencia, agua con un átomo de oxígeno de más, y esa molécula adicional es la que le da su capacidad para destruir microorganismos y su característico burbujeo al contacto con los tejidos. La solución de uso doméstico y sanitario es diluida, habitualmente al 3 %; en concentraciones mayores se destina a usos cosméticos e industriales. Se trata de la disolución acuosa del peróxido de hidrógeno, un compuesto formado por dos átomos de hidrógeno y dos de oxígeno (H₂O₂). Pertenece al grupo de los antisépticos oxidantes: sustancias que combaten los gérmenes no por una vía biológica, sino arrancándoles electrones, es decir, oxidándolos. En su forma pura es un líquido inestable que se descompone con facilidad; por eso llega al usuario siempre diluido y con estabilizantes. El nombre tiene dos capas. "Peróxido" procede, a través del inglés peroxide, del prefijo per- —que indica la proporción más alta posible— y de "óxido": un peróxido es el óxido con la mayor cantidad de oxígeno que un elemento puede contener. "Oxigenada" significa sencillamente "que contiene oxígeno", de oxígeno, la voz que acuñó Lavoisier a partir del griego ὀξύς (oxýs, "ácido"). Ambos términos apuntan a lo mismo: una molécula cargada de oxígeno, agua con un átomo de más que el agua común. Tiene incluso fecha de nacimiento la expresión "agua oxigenada": la acuñó en francés —eau oxygénée— el químico Louis Jacques Thénard, que en 1818 fue el primero en preparar el compuesto y describir sus propiedades. El nombre cotidiano que aún usamos en español es, por tanto, una traducción casi literal de aquella expresión de hace dos siglos. Cuando el agua oxigenada entra en contacto con la materia orgánica, se descompone en agua y oxígeno y libera energía. Esa liberación de oxígeno es la que daña las estructuras de las bacterias y otros microorganismos, y la que explica su efecto antiséptico. Es, eso sí, un efecto fugaz: la descomposición es rápida y no deja ninguna película protectora sobre la piel, de modo que su acción se agota casi tan pronto como empieza. El burbujeo que aparece al echarla sobre una herida no es casual. Los tejidos vivos y la sangre contienen catalasa, una enzima que acelera enormemente la descomposición del peróxido de hidrógeno; el resultado es una espuma de pequeñas burbujas de oxígeno. Por eso efervesce sobre una herida o sobre sangre y apenas reacciona sobre una superficie inerte y limpia. Esa espuma es, de hecho, lo que mucha gente interpreta —de forma equivocada— como prueba de que la herida está infectada, cuando solo indica que hay catalasa en contacto con el producto. Todo depende de la concentración. La solución doméstica y sanitaria ronda el 3 % —lo que en las farmacias suele etiquetarse como "10 volúmenes", por el volumen de oxígeno que es capaz de liberar—; los productos para aclarar el cabello superan el 6 %, y las soluciones industriales pasan del 10 %. A mayor concentración, mayor poder oxidante y también mayor capacidad de dañar, motivo por el que las presentaciones concentradas no tienen uso sanitario. Como antiséptico, el agua oxigenada se comporta de forma distinta a los más empleados. La clorhexidina o la povidona yodada dejan sobre la piel una actividad que persiste durante horas; el peróxido de hidrógeno, en cambio, se agota en cuanto se descompone. No sirve para mantener una zona protegida en el tiempo. Tampoco conviene confundirlo con la lejía: aunque las dos son oxidantes, la lejía es hipoclorito de sodio, un compuesto químico diferente. La misma molécula tiene una vida más allá de la medicina. El peróxido de hidrógeno blanquea el cabello y los tejidos, interviene en el blanqueamiento dental, desinfecta lentes de contacto y, muy concentrado, se utiliza incluso como componente de combustibles. Vale la pena tener presente esa doble naturaleza: el frasco de la farmacia y el reactivo industrial comparten fórmula, pero no concentración ni finalidad. Su uso más popular, el de limpiar heridas, es precisamente el que más se ha revisado. La acción oxidante que destruye las bacterias daña también a las células sanas que intervienen en la cicatrización, y su eficacia antiséptica real resulta limitada y breve. Por ello su empleo rutinario en la cura de heridas se ha puesto en cuestión en los últimos años; cómo limpiar una herida concreta es una decisión que corresponde al criterio del profesional sanitario. Por el oxígeno que la define. Su molécula (H₂O₂) es como la del agua (H₂O) con un átomo de oxígeno de más. El nombre lo acuñó en francés el químico Louis Jacques Thénard en 1818, eau oxygénée, y al español pasó como una traducción casi literal. Hay una enzima, la catalasa, presente en los tejidos y en la sangre, que descompone el peróxido de hidrógeno en agua y oxígeno a gran velocidad. Las burbujas que se ven son ese oxígeno liberándose. Sobre una superficie limpia e inerte, sin catalasa, apenas reacciona. Sí, en esencia. El peróxido de hidrógeno es el compuesto químico; el agua oxigenada es su disolución en agua, normalmente al 3 % para uso doméstico y sanitario. Se trata del mismo H₂O₂, solo que diluido. Cada vez se recomienda menos. Aunque destruye microorganismos, su efecto es breve y la misma oxidación que mata las bacterias puede dañar el tejido que intenta cicatrizar. La forma de limpiar una herida depende de cada caso y conviene consultarla con un profesional sanitario, en lugar de recurrir por costumbre al agua oxigenada. Si desea profundizar en conceptos asociados al agua oxigenada, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el agua oxigenada
Acción oxidante y la efervescencia característica
Diferencias con otros antisépticos y otros usos del peróxido de hidrógeno
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama agua oxigenada?
¿Por qué hace espuma al echarla sobre una herida?
¿Es lo mismo el agua oxigenada que el peróxido de hidrógeno?
¿Sirve para desinfectar heridas?
Referencias
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