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Epilepsia infantil

"La mayoría de las epilepsias del niño se controlan con fármacos antiepilépticos que apenas provocan efectos secundarios sobre el aprendizaje, aunque es muy importante realizar un seguimiento".

La epilepsia infantil es una enfermedad crónica fruto de la descarga eléctrica anormal de las neuronas en la corteza cerebral. En general, son de carácter benigno, transitorio y reversible. Un 70% de ellas, aproximadamente, se controlan o curan con fármacos.

Los profesionales de la Clínica Universidad de Navarra que tratan la epilepsia infantil forman parte de la Unidad de Neuropediatría y se coordinan con el resto de miembros de la Unidad de Epilepsia (neurólogos, neurofisiólogos, neurocirujanos, neurorradiólogos y neuropsicólogos) para realizar la valoración y tratamiento integral del niño. Evalúan también su influencia en el rendimiento cognitivo y académico del menor.

Cuando la epilepsia se muestra rebelde o refractaria a los tratamientos con medicación y altera de modo importante la calidad de vida del niño, cabe la posibilidad de realizar un  tratamiento quirúrgico.

También en algunos niños con epilepsias rebeldes, especialmente entre los 3 y 5 años, se puede emplear una dieta especial, la dieta cetógena, que en algunos casos puede resultar muy eficaz. Consiste en invertir el cociente entre las grasas y los carbohidratos que se dan al niño. 

Imagen del icono de la consulta de Segunda Opinión. Clínica Universidad de Navarra

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¿Cuáles son los síntomas habituales?

Crisis parciales o focales

  • Simples (sin pérdida de conciencia).
  • Complejas (con pérdida de conciencia).

Las manifestaciones se  relacionan con la función cerebral de la región donde se origina la crisis.

Crisis generalizadas

  • Ausencias. Pérdida de conciencia junto a parada de actividad del niño.
  • Atónicas. Caída brusca por pérdida del tono muscular.
  • Generalizadas tónicas. Contracción muscular general.
  • Generalizadas tónico-clónicas. Rigidez corporal con sacudidas musculares generalizadas.

¿Tiene su hijo alguno de estos síntomas?

Puede que padezca una epilepsia infantil

¿Cuáles son sus causas?

Existen varios factores que pueden ser indicadores de esta enfermedad. No obstante, ninguno ninguno de ellos basta para explicar la epilepsia, sino que será el neuropediatra quien determine si tienen relación con los síntomas del niño.

Alguno de estos factores son:

  • Antecedentes en la familia de crisis epilépticas, o de convulsión febril. Cuando otros miembros cercanos de la familia tienen epilepsia, salvo excepciones muy concretas asociadas a ciertas enfermedades, se trata de una epilepsia de buen pronóstico en el niño.
  • Presencia en la piel de manchas de color claro en alguno de los padres (asociado algunas veces con esclerosis tuberosa de Bourneville).
  • Noción de dificultades durante el embarazo, el parto.
  • Enfermedad infecciosa severa (meningitis) previa.
  • Traumatismo craneal, etc.

Sin embargo, en la mayoría de las epilepsias no se encuentra ninguno de estos factores. 

¿Cuál es su pronóstico?

El 70% de los pacientes con epilepsias generalizadas idiopáticas se curan.

El porcentaje de curación depende del tipo de epilepsia. Así, los pacientes afectos de epilepsias generalizadas idiopáticas -como la ausencia infantil o las crisis tónico-clónicas del despertar- tienen una probabilidad de curación del 70% y no precisan más medicación al cabo de un periodo entre 2 y 5 años.

En cambio, en las epilepsias focales aproximadamente el 50% de los pacientes, cuyas crisis se controlan plenamente con medicación, pueden llegar a prescindir del tratamiento al cabo de 5 años.

Hay algunas formas de epilepsias que tienen un pronóstico particular, como la epilepsia mioclónica juvenil, que en general responde muy bien al tratamiento, pero tiene una alta tendencia a reaparecer al intentar retirar el tratamiento.

¿Cómo se diagnostica?

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Después de la historia de los antecedentes del niño y de su desarrollo psicomotor, se procura describir con todo detalle la crisis:

  • La edad de inicio
  • Las circunstancias (la hora, la existencia o no de fiebre)
  • El tipo de manifestaciones paroxísticas (por ejemplo, si se limita a un lado del cuerpo)
  • La duración
  • La frecuencia de repetición (si se diera)

Si se puede, se pregunta al niño qué nota antes de la crisis.

También se realiza una exploración física completa del paciente, con una especial atención sobre la piel, el desarrollo psicomotor y el examen neurológico.

La prueba más útil para caracterizar la epilepsia es el electroencefalograma, que registra la actividad eléctrica generada por las neuronas de la corteza cerebral. Si se consigue registrar el electroencefalograma durante una crisis, se tiene más información sobre el inicio y desarrollo del ataque, pero habitualmente no es posible.

En el niño, hay que procurar que duerma durante esta prueba, porque esto mejora la calidad técnica del examen y permite registrar anomalías que se detectan solamente durante el sueño. Para esto, se procura levantar al niño temprano este día o registrarle a la hora de la siesta, etc.

Durante el registro electroencefalográfico, se utilizan unas técnicas que permiten medir la reactividad del cerebro (abrir y cerrar los ojos, respirar hondamente, recibir estímulos luminosos). En algunas ocasiones, es necesario registrar al niño durante varias horas seguidas, incluyendo una noche, generalmente recogiendo imágenes de vídeo por si tiene alguna crisis, para poderla relacionar a tiempo real con la actividad del EEG.

Otras pruebas necesarias, según los casos, incluyen una resonancia magnética nuclear cerebral, que suele realizarse con cortes y secuencias específicas para pacientes con epilepsia, analítica, estudios genéticos y evaluación psicopedagógica.

¿Cómo la tratamos?

La epilepsia es una de las enfermedades del sistema nervioso central en el niño con un tratamiento más efectivo.

  • Aproximadamente en el 75% de los pacientes se controla con medicación.
  • El 64% de niños que ha tenido epilepsia, estará en remisión en la edad adulta, y de ellos, solo un 16% permanecerá bajo tratamiento farmacológico.
  • Un 5% de los pacientes en los que no se logra controlar la epilepsia con medicación pueden ser candidatos a cirugía de la epilepsia. Con esta técnica hasta un 75% de ellos puede quedar libre de crisis.

La epilepsia no es una única enfermedad sino que comprende un conjunto de entidades clínicas diferentes con tratamientos y pronósticos diversos. Es muy útil, por tanto hacer una adecuada clasificación del tipo de epilepsia que presenta cada niño y del síndrome en el que se puede encuadrar. Esto ayuda a elegir el tratamiento más efectivo con los menores efectos secundarios.

En los últimos años, la investigación clínica en epilepsia infantil ha logrado delimitar diferentes síndromes y establecer el pronóstico y los fármacos más eficaces para su tratamiento.

Si se observan efectos secundarios, es preciso avisar al médico que recetó el fármaco.

¿El tratamiento influirá en el aprendizaje del niño?
Con frecuencia, surgen en los padres dudas sobre si el tratamiento antiepiléptico va a interferir con el aprendizaje de su hijo. Por regla general, un fármaco prescrito adecuadamente y a las dosis requeridas no produce efectos sobre el sistema cognitivo que interfieran con el aprendizaje.

Además, el inadecuado control de algunas epilepsias puede tener repercusiones negativas sobre el aprendizaje, por lo que el tratamiento puede ser incluso beneficioso para el rendimiento escolar.

No obstante, es conveniente evaluar las funciones cognitivas de niños con ciertos tipos de epilepsia y, con frecuencia, se obtienen datos que ayudan a ajustar el tratamiento.

Un pequeño porcentaje de niños no se controlan con el tratamiento farmacológico. Es importante en estos pacientes comprobar que se han utilizado los fármacos adecuados, a dosis adecuadas, solos o en asociación con otros.

¿Quiénes son candidatos a cirugía de la epilepsia?
Alrededor del 1% son candidatos a un tratamiento quirúrgico. Esto es cuando:

  • Las crisis son rebeldes a los fármacos.
  • Comprometen el desarrollo o la vida normal del niño.
  • Se comprueba que surgen todas del mismo foco siempre que este no sea la sede de una función cerebral importante.

En algunos niños con epilepsias rebeldes, especialmente entre los 3 y 5 años, se puede emplear una dieta especial, la dieta cetógena.

Consiste en invertir el cociente entre las grasas y los carbohidratos que se dan al niño.

Es una dieta con cierta dificultad de realizar, pero en algunos casos puede ser muy eficaz.

¿Qué ensayos clínicos tenemos sobre este tema?

Pamplona
reclutamiento

TAK_935_18-001 Estudio de TAK-935 como tratamiento complementario en pacientes con epilepsia rara

El objetivo de este estudio de investigación es obtener información sobre la seguridad del tratamiento con TAK-935 durante dos años en pacientes con epilepsia rara que han participado en un estudio clínico previo con TAK-935. Este estudio de investigación también pretende obtener información sobre los efectos a largo plazo de TAK-935 en la frecuencia de las crisis. TAK-935 no ha sido aprobado por ningún organismo regulador para su uso fuera...

¿Dónde la tratamos?

EN NAVARRA Y MADRID

NUESTRO EQUIPO MÉDICO

Especialistas de la Unidad de Neuropediatría

La Unidad forma parte del Departamento de Pediatría y trabaja en estrecha relación con especialistas de otros departamentos para ofrecer una atención integrada al niño y al adolescente con factores de riesgo o con enfermedades que afectan al sistema nervioso central y al sistema neuromuscular.

Está formada por un equipo de especialistas neuropediatras y psicopedagogos.

Enfermedades que tratamos

  • Desarrollo temprano y sus desviaciones.
  • Trastornos del control motor.
  • Trastornos globales del desarrollo. Autismo.
  • Epilepsia en el niño. Síndrome de Dravet.
  • Trastornos del sueño.
  • Trastornos del déficit de atención e hiperactividad. TDAH.
Imagen de la fachada de consultas de la sede en Pamplona de la Clínica Universidad de Navarra

¿Por qué en la Clínica?

  • Trabajo en equipo para ofrecer una valoración en 24 horas.
  • Mayor experiencia a nivel nacional en el Síndrome de Dravet.