DICCIONARIO MÉDICO
Test de Rorschach
El test de Rorschach es una prueba proyectiva que presenta al examinado diez láminas con manchas de tinta simétricas y registra sus respuestas espontáneas para explorar rasgos de su personalidad. Debe su nombre al psiquiatra suizo que lo ideó, Hermann Rorschach, y sigue siendo, casi un siglo después, uno de los instrumentos más conocidos de la evaluación psicológica. El nombre no tiene raíz griega ni latina, como ocurre con buena parte del vocabulario médico: es, sencillamente, el apellido de su creador. Hermann Rorschach nació en Zúrich en 1884 y de joven ya mostraba la inclinación que acabaría dando nombre a su obra. En el instituto sus compañeros lo apodaban Kleck, mancha de tinta en alemán suizo, por su afición a dibujar, según recoge la Enciclopedia Británica. Terminó estudiando medicina en lugar de arte y se doctoró en 1912 en la Universidad de Zúrich, con una tesis dirigida por Eugen Bleuler, el mismo psiquiatra que había formado a Carl Jung. La prueba consiste en presentar diez láminas, cinco acromáticas, tres con color y dos que combinan el negro con el rojo, y pedir al examinado que describa qué ve en cada una de ellas. Ninguna imagen representa un objeto real: son manchas fortuitas, obtenidas al doblar sobre sí mismo un papel con tinta fresca. El fundamento es el mismo que rige cualquier test proyectivo, ya explicado en esa entrada del diccionario, así que aquí basta con decir que la ambigüedad del estímulo es precisamente lo que se busca. En 1917 Rorschach conoció los trabajos de Szymon Hens, que había estudiado la fantasía de sus pacientes mostrándoles manchas de tinta. Retomó la idea al año siguiente con quince láminas propias y fue depurando el material durante varios años, hasta reducirlo a las diez que se conservan hoy. En 1921 publicó los resultados de su trabajo con trescientos pacientes psiquiátricos y un centenar de personas sin diagnóstico en un libro titulado Psychodiagnostik. No llegó a ver el éxito que tendría: murió al año siguiente en Herisau, a los treinta y siete años, a causa de una apendicitis que se diagnosticó demasiado tarde. La muerte prematura de su autor dejó el método sin una autoridad que lo desarrollara ni lo estandarizara. Durante las décadas siguientes surgieron en Estados Unidos cinco sistemas distintos de aplicación y corrección, obra de Samuel Beck, Bruno Klopfer, Marguerite Hertz, Zygmunt Piotrowski y el tándem formado por David Rapaport y Roy Schafer, cada uno con sus propios criterios de administración y puntuación. El psicólogo John Exner sintetizó ese material disperso en un método único, el Sistema Comprehensivo, publicado en 1974, que pasó a ser la referencia dominante en la mayor parte del mundo. En 2011 apareció una alternativa más reciente, el Rorschach Performance Assessment System, desarrollada por un equipo encabezado por Joni Mihura y Gregory Meyer. Pocas pruebas psicológicas han generado tanta controversia académica. En 1999 el psicólogo Howard Garb propuso una moratoria en su uso clínico y forense hasta que la investigación aclarase su validez real, propuesta a la que se sumaron James Wood, Teresa Nezworski y Scott Lilienfeld. Los cuatro publicaron en 2003 el libro What's Wrong with the Rorschach?, tras revisar más de medio siglo de estudios sobre la prueba. Una revisión posterior, dirigida en 2013 por Joni Mihura y publicada en Psychological Bulletin, matizó ese juicio: encontró respaldo empírico sólido para un grupo reducido de variables ligadas al razonamiento y a los trastornos del pensamiento, pero no para su uso en rasgos como la ansiedad, la depresión o los trastornos de personalidad, terreno en el que la moratoria de Garb sigue vigente según sus propios impulsores. Dentro de la familia de los tests proyectivos, el de Rorschach no es el único que recurre a un estímulo ambiguo. El test de apercepción temática persigue un objetivo parecido con un material muy distinto: en lugar de manchas abstractas, presenta escenas dibujadas con personas, y pide al sujeto que invente una historia a partir de cada una. Ambas pruebas se engloban además dentro del campo más amplio de los tests de personalidad, categoría que incluye también instrumentos no proyectivos, basados en cuestionarios de autoinforme en lugar de estímulos que interpretar. Del apellido de su creador, el psiquiatra suizo Hermann Rorschach. No es un acrónimo ni una palabra técnica, como sí lo son otros nombres de pruebas de este diccionario. Diez en total: cinco acromáticas, en blanco y negro, tres con varios colores y dos que combinan el negro con el rojo. Depende de para qué se use. La revisión de 2013 encontró evidencia sólida para un grupo concreto de variables relacionadas con el pensamiento y el razonamiento, pero los propios autores de la crítica de 2003 sostienen que la evidencia sigue siendo insuficiente para otros usos, como valorar rasgos emocionales o de personalidad. En el estímulo. El de Rorschach usa manchas de tinta sin forma reconocible; el de apercepción temática, escenas dibujadas con personas sobre las que hay que construir un relato. Ningún organismo oficial regula las láminas, que siguen siendo las diez originales de 1921. La corrección, en cambio, sí se ha actualizado: el Sistema Comprehensivo de 1974 continúa siendo el más extendido, aunque compite desde 2011 con el Rorschach Performance Assessment System.Qué es el test de Rorschach
De dónde surgió la idea
Una validez cuestionada y matizada
Diferenciación con otras pruebas del diccionario
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre del test?
¿Cuántas láminas tiene y qué aspecto tienen?
¿Es fiable el test de Rorschach?
¿En qué se diferencia del test de apercepción temática?
¿Quién desarrolla hoy las láminas o el sistema de corrección?
Referencias
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