DICCIONARIO MÉDICO
Tejido adiposo pardo
El tejido adiposo pardo es la variedad de tejido adiposo especializada en producir calor mediante un proceso llamado termogénesis, en lugar de almacenar energía. Muy abundante en el recién nacido, donde puede suponer en torno a un 5 % del peso corporal, persiste en cantidades más modestas en el adulto y ha resultado, en contra de lo que se pensó durante décadas, metabólicamente activo también fuera de la infancia. Es, junto con el blanco, una de las dos variedades clásicas del tejido adiposo. Se le llama multilocular porque sus adipocitos, a diferencia de los del tejido blanco, no acumulan la grasa en una sola gota sino en muchas pequeñas repartidas por el citoplasma, entre una densidad de mitocondrias muy superior a la de cualquier otro tejido adiposo. Son esas mitocondrias, ricas en hierro, las que dan al tejido su color pardo característico cuando se observa en fresco. El primero en describirlo, en 1551, fue el naturalista suizo Conrad Gessner, que lo encontró al diseccionar una marmota y no supo bien cómo clasificarlo: en sus notas dejó constancia de un tejido dorsal abundante que no le parecía ni grasa propiamente dicha ni carne, sino algo a medio camino, comparable por su aspecto a una glándula mamaria. La confusión de Gessner no era descabellada: durante siglos se le llamó «glándula hibernante», convencidos de que se trataba de un órgano secretor y no de un tipo de grasa. A escala de tejido, los adipocitos pardos se agrupan en lobulillos separados por tabiques de tejido conectivo ricos en vasos sanguíneos y en fibras nerviosas simpáticas, una vascularización e inervación mucho más densas que las del tejido adiposo blanco. Esa doble red no es casual: el frío activa el sistema nervioso simpático, que libera noradrenalina sobre los adipocitos pardos y desencadena la oxidación de ácidos grasos dentro de sus mitocondrias. El detalle molecular de esa oxidación (la proteína desacoplante UCP1 y el mecanismo por el que disipa la energía en forma de calor sin producir ATP) se desarrolla en la entrada dedicada al adipocito. Aquí basta decir que la investigación sobre esa proteína, iniciada por David Nicholls y Daniel Ricquier a mediados de los años setenta, tardó más de tres décadas en confirmar algo que hoy parece obvio: que el tejido adiposo pardo no desaparece con la infancia. En el recién nacido, el tejido adiposo pardo se concentra sobre todo en la región interescapular, el cuello y el mediastino, una localización estratégica para proteger órganos vitales de la pérdida de calor en un momento en que el temblor muscular, otro mecanismo termogénico, todavía no es eficaz. Durante buena parte del siglo XX se dio por hecho que ese tejido involucionaba casi por completo tras los primeros años de vida. Esa idea se revisó en 2009, cuando tres grupos de investigación distintos, usando tomografía por emisión de positrones, identificaron de forma independiente depósitos de tejido adiposo pardo metabólicamente activo en adultos sanos, localizados sobre todo en las regiones supraclavicular y paravertebral. Las tres investigaciones se publicaron el mismo mes en la misma revista. La diferencia funcional es la más citada (quemar grasa frente a almacenarla), pero no la única. El tejido adiposo pardo tiene, además, mucha menos matriz extracelular relativa por el espacio que ocupan sus abundantes mitocondrias, una vascularización varias veces más densa y una respuesta directa a la estimulación nerviosa que el tejido blanco no comparte, regulado este último de forma predominantemente hormonal. Por el número de gotas de grasa que contiene cada adipocito: varias pequeñas, frente a la única gota grande del adipocito blanco (unilocular). Sí, aunque en cantidades modestas y muy variables entre personas. La confirmación definitiva llegó en 2009 con tres estudios de tomografía por emisión de positrones que lo localizaron, activo, en las regiones supraclavicular y paravertebral de adultos sanos. Son expresiones equivalentes para el mismo tejido: «tejido adiposo pardo» es la denominación histológica, «grasa parda» su forma coloquial. Este diccionario mantiene ambas entradas por separado. El naturalista suizo Conrad Gessner, en 1551, al diseccionar una marmota para su Historiae animalium. No disponía todavía del concepto de tejido (que tardaría dos siglos y medio más en formularse) y describió lo que veía como una estructura a medio camino entre la grasa y una glándula.Qué es el tejido adiposo pardo
Organización tisular y mecanismo
Distribución e importancia clínica del hallazgo de 2009
Diferenciación con el tejido adiposo blanco
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama multilocular al tejido adiposo pardo?
¿Sigue existiendo tejido adiposo pardo en los adultos?
¿Es lo mismo tejido adiposo pardo que grasa parda?
¿Quién describió por primera vez el tejido adiposo pardo?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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