DICCIONARIO MÉDICO
T-helper
T-helper es la denominación funcional de los linfocitos T CD4+, la subpoblación de linfocitos T que coordina la respuesta inmunitaria activando a otras células defensivas en lugar de destruir directamente a la célula infectada. Tras su activación se diferencian en distintos subtipos, cada uno especializado en un tipo de amenaza. El nombre combina dos piezas de origen distinto. La T procede de timo, el órgano donde estos linfocitos completan su maduración; fue el inmunólogo Jacques Miller quien, en 1961, demostró en la revista The Lancet que ese órgano torácico no era un vestigio embrionario sino la sede de un proceso clave para la defensa inmunitaria del organismo, lo que dio pie a bautizar como linfocitos T a las células que allí se forman. Helper, por su parte, describe la función: activar y dirigir a otras células del sistema inmunitario en lugar de eliminar directamente al patógeno. A mediados de los años setenta, Harvey Cantor y Edward Boyse, trabajando con marcadores de superficie Ly en ratones, demostraron que los linfocitos T no formaban un grupo homogéneo, sino subclases funcionalmente distintas. Poco después, en 1979, Ellis Reinherz identificó en humanos el anticuerpo monoclonal OKT4, capaz de reconocer de forma selectiva a la población que hoy llamamos CD4+. Esa molécula de superficie, CD4, es la que da nombre a la variante más citada del término: linfocito T CD4+. Un T-helper permanece inactivo (virgen o naive, en la jerga inmunológica) hasta que una célula presentadora de antígeno (macrófago, célula dendrítica o linfocito B) le muestra un fragmento de proteína extraña unido a una molécula del complejo mayor de histocompatibilidad de clase II (MHC-II). El receptor de la célula T (TCR) reconoce ese complejo, y la molécula CD4 se une simultáneamente a la porción invariable del MHC-II, estabilizando el contacto. Ese primer reconocimiento no basta. Se necesita una segunda señal, la coestimulación, que llega cuando la proteína B7 de la célula presentadora se une al receptor CD28 del linfocito. Sin coestimulación, no hay respuesta: el T-helper entra en anergia, un estado de inactividad que impide reacciones contra tejidos propios. Con las dos señales presentes, el linfocito prolifera y comienza a secretar las citocinas propias de su subtipo. En 1986, Timothy Mosmann y Robert Coffman describieron, a partir de clones de linfocitos T de ratón, dos patrones de secreción de citocinas claramente diferenciados; llamaron a esos patrones Th1 y Th2. Cuatro décadas después, la distinción sigue vigente. Los Th1 producen interferón gamma bajo el control del factor de transcripción T-bet y dirigen la defensa frente a patógenos intracelulares, bacterias y virus que invaden el citoplasma de la célula. Los Th2, regidos por el factor GATA3, secretan interleucina 4, 5 y 13 y orquestan la respuesta frente a parásitos extracelulares como los helmintos. Con el paso de los años se ampliaron los subtipos conocidos. Los Th17, cuyo regulador maestro es el factor RORγt, producen interleucina 17 y protegen las mucosas frente a hongos y bacterias extracelulares. Los linfocitos T reguladores (Treg), definidos por el factor Foxp3, no atacan nada: frenan al resto del sistema inmunitario para evitar que reaccione contra los tejidos propios. Existe además un quinto grupo, los T-helper foliculares (Tfh), especializados en migrar a los folículos linfoides para ayudar a los linfocitos B a madurar y producir anticuerpos de alta afinidad. Conviene no confundir al T-helper con el linfocito T citotóxico (CD8+), que reconoce antígenos presentados por moléculas MHC de clase I y elimina directamente a la célula infectada o tumoral en lugar de coordinar a terceros. Tampoco debe confundirse con el linfocito B, que produce anticuerpos pero necesita, precisamente, la señal de un T-helper para hacerlo con eficacia frente a la mayoría de los antígenos. Un desequilibrio sostenido entre subtipos (un exceso de actividad Th2 frente a alérgenos inocuos, o una insuficiencia de Treg que module la tolerancia) se relaciona con distintos procesos de base inmunitaria; su estudio y abordaje pertenecen a la especialidad clínica correspondiente en cada caso. Hace referencia al timo, el órgano donde estos linfocitos maduran antes de pasar a la circulación. El nombre se remonta a los trabajos de Jacques Miller en 1961, el primero en demostrar que el timo cumplía una función inmunitaria y no era, como se creía hasta entonces, un vestigio sin utilidad. Sí. CD4 es el nombre de la molécula de superficie que caracteriza a esta población, mientras que T-helper describe su función. En la práctica, ambos términos designan al mismo grupo de células. No. Cada subtipo (Th1, Th2, Th17, Treg o Tfh) secreta un perfil de citocinas propio, determinado por el factor de transcripción que activa su programa genético durante la diferenciación. Un mismo linfocito virgen puede terminar en cualquiera de esos programas según el entorno de citocinas que encuentre en el momento de su activación. Timothy Mosmann y Robert Coffman la publicaron en 1986 en la revista Journal of Immunology, tras analizar clones de linfocitos T de ratón mantenidos en cultivo. Observaron que unos clones producían interferón gamma e interleucina 2, y otros interleucina 4, 5 e interleucina 10, sin apenas solaparse entre sí. Esa observación, hecha con herramientas de laboratorio relativamente sencillas para la época, sentó las bases de toda la clasificación funcional posterior de los linfocitos T-helper.Qué es T-helper
Cómo se activa un T-helper
Subtipos de T-helper
Diferenciación con otros linfocitos T
Preguntas frecuentes
¿Qué significa la T en T-helper?
¿Es lo mismo un T-helper que un linfocito T CD4+?
¿Todos los T-helper producen las mismas citocinas?
¿Cómo se descubrió la distinción entre Th1 y Th2?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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