DICCIONARIO MÉDICO
Sofoco
El sofoco es la sensación brusca de calor, casi siempre acompañada de enrojecimiento y sudoración, que se origina cuando el centro termorregulador del hipotálamo reacciona de forma exagerada a un descenso de estrógenos. Es el síntoma más característico del climaterio, aunque también aparece en otras situaciones que alteran el equilibrio hormonal. Sofoco desciende del latín suffocare (sub, bajo, más fauces, garganta), el mismo verbo del que procede sofocación. Durante siglos ambas palabras compartieron el sentido de ahogo o dificultad para respirar; el diccionario de la lengua todavía recoge esa acepción común bajo la entrada sofocar. Solo con el tiempo, y ya en el uso corriente, sofoco se especializó para nombrar algo distinto: una oleada repentina de calor, casi siempre en la cara, el cuello y el pecho, que puede dejar tras de sí escalofríos y, en ocasiones, palpitaciones. El fenómeno tiene un nombre técnico más preciso, síntoma vasomotor, porque su origen está en una alteración pasajera del tono de los vasos sanguíneos cutáneos: una vasodilatación brusca que el cuerpo interpreta, erróneamente, como la señal para perder calor. El centro termorregulador se encuentra en el hipotálamo y funciona, en la práctica, como el termostato del organismo: mantiene la temperatura central dentro de un margen muy estrecho, ajustando la sudoración y el flujo de sangre a la piel según haga falta perder calor o conservarlo. La caída de estrógenos característica de la transición menopáusica estrecha aún más ese margen. El resultado es que oscilaciones de temperatura mínimas, las que en condiciones normales pasarían inadvertidas, disparan una respuesta desproporcionada: vasodilatación cutánea, sudoración y, a menudo, un breve episodio de frío al final, cuando el cuerpo se enfría más de lo necesario. No hay un consenso cerrado sobre qué desencadena, exactamente, esa hipersensibilidad del termostato. Las hipótesis más sólidas señalan a los neurotransmisores implicados en la regulación de la temperatura, en particular la noradrenalina, como intermediarios entre el descenso hormonal y la respuesta vascular. La menopausia concentra la inmensa mayoría de los casos, con una incidencia que las series publicadas sitúan entre el 58 % y el 93 % de las mujeres tras el cese de la menstruación. Pero el mismo mecanismo, un descenso hormonal brusco que desestabiliza el termostato hipotalámico, puede activarse por otras vías: en varones sometidos a tratamientos que reducen de forma drástica los niveles de andrógenos, o en mujeres jóvenes tras la extirpación quirúrgica de ambos ovarios. Existen, además, causas ajenas al eje hormonal reproductivo. El hipertiroidismo, el síndrome carcinoide y algunos fármacos figuran entre ellas. Cuando el sofoco se presenta fuera del contexto esperable del climaterio, o se acompaña de otros signos llamativos, conviene no dar por hecho que la causa es hormonal sin más. El rubor es el enrojecimiento cutáneo en sí, el signo visible; puede aparecer por vergüenza, por calor ambiental o como parte de un sofoco, pero también de forma aislada, sin el componente térmico ni la sudoración que definen a este último. El sofoco es, en cierto modo, más amplio que el rubor: incluye el enrojecimiento, pero también la sensación subjetiva de calor y la sudoración que lo acompañan. Con la sofocación, en cambio, el parentesco es puramente etimológico. Ambas voces nacen del mismo sofocar latino, pero una nombra hoy una alteración vasomotora y la otra, una forma de asfixia mecánica por obstrucción de la vía respiratoria. No comparten mecanismo, ni gravedad, ni campo de estudio. Porque hereda el nombre del verbo latino sofocar, que en origen englobaba cualquier sensación de ahogo o acaloramiento intenso. Entre unos segundos y treinta minutos, según las series publicadas, aunque la mayoría se resuelve en pocos minutos. La duración total del cuadro, contando meses o años de episodios repetidos, es otra cuestión: en un porcentaje relevante de mujeres se prolonga más de cinco años. Sí, aunque con mucha menor frecuencia que a las mujeres, porque el descenso de testosterona ligado a la edad suele ser gradual. La excepción son los varones sometidos a una caída hormonal brusca e inducida, por ejemplo durante ciertos tratamientos oncológicos que reducen de forma drástica los andrógenos. En esos casos, la intensidad y la frecuencia de los episodios pueden acercarse a las que se observan en la menopausia. No todas, ni con la misma intensidad. Las cifras varían mucho según el estudio y la población, pero varias series sitúan la prevalencia por encima del 70 % de las mujeres en la transición menopáusica.Qué es el sofoco
Mecanismo: el termostato hipotalámico
Cuándo aparece: más allá de la menopausia
Diferenciación con el rubor y con la sofocación
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama sofoco si no tiene que ver con la respiración?
¿Cuánto dura un sofoco?
¿Afecta también a los hombres?
¿Todas las mujeres menopáusicas tienen sofocos?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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