DICCIONARIO MÉDICO
Síndrome QT largo
El síndrome de QT largo es un grupo de enfermedades de los canales iónicos del corazón que retrasan la repolarización ventricular y alargan el intervalo QT en el electrocardiograma, con riesgo de arritmias ventriculares graves. Reúne formas hereditarias, con dos variantes clásicas descritas a mediados del siglo XX, y formas adquiridas por fármacos o trastornos electrolíticos que reproducen el mismo patrón eléctrico sin mutación de base. El nombre es descriptivo, no un epónimo: designa a un grupo de enfermedades genéticas de los canales iónicos cardiacos, y en ocasiones a un trastorno adquirido, en los que la fase de repolarización del ventrículo se alarga más de lo normal. En el electrocardiograma de superficie ese retraso se traduce en un intervalo QT prolongado, la distancia entre el inicio de la despolarización ventricular y el final de su repolarización que esta misma obra desarrolla con más detalle en la entrada dedicada al intervalo QT. Aquí interesa el síndrome como entidad clínica y genética, no la medida electrocardiográfica en sí. Dentro del síndrome conviven dos formas hereditarias con nombre propio, el síndrome de Jervell y Lange-Nielsen y el síndrome de Romano-Ward, además de variantes adquiridas sin base genética. Las tres comparten el hallazgo electrocardiográfico, pero difieren en herencia, en pronóstico y en los rasgos que las acompañan. La primera descripción es noruega. En 1957, Anton Jervell y Fred Lange-Nielsen publicaron en el American Heart Journal el caso de una familia con seis hijos, cuatro de ellos sordos de nacimiento; tres de los cuatro murieron de forma súbita, y todos mostraban un intervalo QT llamativamente largo en el electrocardiograma. Los padres, sin sordera ni alteración alguna en su propio trazado, no daban ninguna pista de lo que ocurría en su descendencia. Casi al mismo tiempo, y por dos caminos distintos, llegó la segunda forma clásica. El pediatra italiano Cesare Romano describió en 1963 un síncope familiar recurrente con QT prolongado y sin sordera; un año después, en Irlanda, el también pediatra Owen Conor Ward publicó, sin conocer el trabajo de Romano, una familia con el mismo cuadro. La coincidencia dio nombre al síndrome de Romano-Ward, la forma hereditaria más frecuente del grupo. La genética molecular llegó después. En 1991 se localizó, en el cromosoma 11, la primera mutación responsable de una de las formas dominantes, y a partir de ahí se han ido sumando genes hasta reunir en torno a dieciséis variantes distintas. La mayoría, sin embargo, se concentra en solo tres. El músculo cardiaco se despolariza y se repolariza en cada latido gracias al movimiento ordenado de sodio, potasio y calcio a través de canales específicos de la membrana celular. En el síndrome de QT largo, una mutación afecta a la subunidad de uno de esos canales (con mayor frecuencia los de potasio, con menos frecuencia el de sodio) y retrasa la salida de carga positiva de la célula durante la repolarización. El resultado es eléctrico, no estructural: el corazón late sobre un músculo anatómicamente normal, pero con un potencial de acción alargado que facilita despolarizaciones prematuras y, con ellas, la aparición de arritmias ventriculares como la taquicardia helicoidal. Los tres genes responsables de la inmensa mayoría de los casos identificados son KCNQ1, que codifica un canal de potasio y explica entre el 40 y el 55 por ciento de los diagnósticos genéticos; KCNH2, otro canal de potasio, presente en el 30 a 45 por ciento; y SCN5A, el canal de sodio, implicado en el 5 al 10 por ciento restante. En torno a una quinta parte de los casos con fenotipo compatible no llega a identificar mutación alguna. El síndrome de Romano-Ward se hereda de forma autosómica dominante, no se acompaña de sordera y es, con diferencia, la variante más frecuente; Orphanet estima su prevalencia en torno a uno de cada 2.500 recién nacidos vivos. El síndrome de Jervell y Lange-Nielsen, en cambio, exige heredar la mutación de ambos progenitores (herencia autosómica recesiva), añade una sordera neurosensorial bilateral y profunda presente desde el nacimiento, y es mucho más raro: entre uno de cada 100.000 y uno de cada un millón de nacimientos. Junto a ellas, la nomenclatura molecular numera hasta ocho variantes clásicas según el gen implicado, de LQT1 a LQT8, aunque dos merecen una mención aparte por haberse tratado durante años como subtipos del síndrome de QT largo sin serlo del todo: el síndrome de Andersen-Tawil, ligado al gen KCNJ2, que Orphanet ya no incluye dentro del síndrome de QT largo pese a compartir la prolongación del intervalo; y el síndrome de Timothy, causado por mutaciones en CACNA1C, que añade sindactilia, rasgos faciales característicos y alteraciones del neurodesarrollo ausentes en las formas puramente cardiacas. Existe además una forma adquirida, sin mutación de base, en la que ciertos fármacos o desequilibrios del potasio, el magnesio o el calcio prolongan transitoriamente la repolarización y reproducen el mismo patrón electrocardiográfico que las formas hereditarias. El síndrome de QT largo se confunde a veces con el síndrome de Brugada, y no sin motivo: ambos son canalopatías hereditarias que predisponen a la muerte súbita, y el mismo gen, SCN5A, puede estar alterado en uno y en otro. Sin embargo, el electrocardiograma los distingue con claridad. El síndrome de Brugada muestra una elevación característica del segmento ST en las derivaciones precordiales derechas, con un intervalo QT normal o casi normal, y sus episodios predominan durante el sueño; el síndrome de QT largo alarga el intervalo QT y desencadena arritmias, en muchos casos, con el ejercicio, la emoción o un sobresalto. También conviene distinguirlo de la taquicardia helicoidal (torsades de pointes) que puede complicarlo: el síndrome de QT largo es el sustrato eléctrico, la anomalía de fondo, mientras que la taquicardia helicoidal es la arritmia concreta que ese sustrato puede desencadenar. No toda taquicardia helicoidal ocurre en un síndrome de QT largo hereditario, y no todo síndrome de QT largo termina en ella. De la propia medida electrocardiográfica que lo define. Willem Einthoven bautizó las ondas del trazado cardiaco como P, Q, R, S y T inspirándose en la costumbre de Descartes de nombrar con letras los puntos sucesivos de una curva, y el intervalo entre la Q y la T, alargado en este síndrome, terminó dando nombre a la enfermedad. No. El síndrome de Jervell y Lange-Nielsen es una de las dos formas hereditarias clásicas del síndrome de QT largo, la que además cursa con sordera congénita. No, aunque a veces comparten el gen SCN5A. El patrón electrocardiográfico, el momento típico de las arritmias y la herencia asociada son distintos en cada uno. Sí. Existe una forma adquirida, ligada a determinados fármacos o a alteraciones del potasio, el magnesio o el calcio, que prolonga el intervalo QT sin que exista una mutación genética de base.Qué es el síndrome de QT largo
Origen histórico: dos descripciones independientes
Mecanismo: una alteración de los canales iónicos
Clasificación: formas hereditarias y formas adquiridas
Diferenciación con otras canalopatías
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre del síndrome de QT largo?
¿Es lo mismo que el síndrome de Jervell y Lange-Nielsen?
¿El síndrome de QT largo y el síndrome de Brugada son la misma enfermedad?
¿Puede aparecer sin ser hereditario?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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