DICCIONARIO MÉDICO
Síndrome nefrótico
El síndrome nefrótico es el conjunto de alteraciones clínicas y analíticas que resulta de un aumento sostenido de la permeabilidad de la pared glomerular a las proteínas: proteinuria superior a 3,5 gramos al día, hipoalbuminemia, edema e hiperlipidemia. No hay inflamación destacada de por medio. El glomérulo deja pasar proteína no porque esté inflamado, sino porque su barrera de filtración ha perdido selectividad, casi siempre por un daño en los podocitos que la sostienen. Como ocurre con el síndrome nefrítico, tampoco el nefrótico es una enfermedad concreta. Es la vía final común por la que se manifiestan enfermedades del glomérulo muy distintas entre sí, unidas por un mismo desenlace bioquímico: una fuga de proteína que supera la capacidad del hígado para reponerla. En este diccionario puede consultarse la entrada dedicada a la nefrosis, término histórico que definía este mismo territorio clínico antes de que la biopsia renal permitiera clasificar cada caso según su lesión real. Buena parte de lo que antiguamente se llamaba nefrosis se conoce hoy como síndrome nefrótico. El daño se localiza, en la inmensa mayoría de los casos, en los podocitos: las células que envuelven los capilares glomerulares y sostienen, con sus prolongaciones entrelazadas, la última barrera de filtración antes de la orina. Cuando esas prolongaciones se aplanan o se retraen (lo que en microscopía electrónica se describe como borramiento podocitario), la barrera pierde su capacidad selectiva y la albúmina, junto con otras proteínas plasmáticas, escapa en cantidades masivas. Frente a esa fuga, el hígado responde fabricando más proteína. No basta. La síntesis hepática compensatoria también eleva la producción de lipoproteínas, de ahí la hiperlipemia que acompaña casi siempre al cuadro, mientras que la caída de la presión oncótica del plasma empuja el líquido hacia el espacio intersticial y genera el edema, típicamente en párpados y tobillos. Las causas se dividen en primarias, cuando la enfermedad nace en el propio riñón, y secundarias, cuando el glomérulo resulta dañado por un trastorno que se origina en otro lugar del organismo. En el niño domina, con diferencia, la enfermedad de cambios mínimos: hasta nueve de cada diez síndromes nefróticos infantiles se deben a ella, y su nombre alude a que el daño solo se aprecia con microscopía electrónica, invisible al microscopio óptico convencional. En el adulto el reparto cambia. La glomerulosclerosis focal y segmentaria y la nefropatía membranosa ganan peso, y a ellas se suman causas secundarias como la diabetes mellitus, el lupus eritematoso sistémico y ciertas infecciones víricas, entre las más frecuentes según el Manual MSD. Compartir sufijo con el síndrome nefrítico no implica compartir mecanismo. Aquí no hay hipercelularidad glomerular ni hematuria relevante: el sedimento urinario nefrótico muestra cilindros grasos y cuerpos grasos ovales, con muy pocas células, un cuadro bien distinto del sedimento nefrítico, cargado de hematíes dismórficos. Ambos cuadros pueden solaparse en una misma enfermedad glomerular a lo largo de su evolución, un fenómeno que la propia nomenclatura clínica reconoce con el nombre de síndrome mixto nefrótico-nefrítico. Del griego nephrós, riñón, con el sufijo -osis, que en la nomenclatura médica clásica denotaba un proceso degenerativo y no inflamatorio. El desarrollo completo de ese término, nefrosis, su antecedente histórico directo, puede consultarse en la entrada de este diccionario dedicada a él. La hinchazón, o edema, es casi siempre el primer signo que el paciente nota. Se debe a que la albúmina, la proteína que retiene agua dentro de los vasos sanguíneos por efecto osmótico, escasea en la sangre. Sin esa fuerza de retención, el líquido se escapa hacia el espacio entre las células. Por la mañana, tras horas en posición horizontal, se acumula sobre todo alrededor de los ojos. A lo largo del día, la gravedad lo desplaza hacia las zonas más bajas del cuerpo, y por la tarde predomina en tobillos y pies. En los casos más intensos puede acumularse también en el abdomen, en forma de ascitis. No. La proteína que se pierde por la orina no es solo albúmina: se van también inmunoglobulinas y factores de la coagulación. En el niño, la edad media de diagnóstico se sitúa entre los 5 y los 6 años, según el Manual MSD. Hay una excepción: la forma congénita, que aparece ya durante el primer año de vida. En el varón menor de 8 años la incidencia es mayor que en la niña; a partir de esa edad, ambos sexos se igualan.Qué es el síndrome nefrótico
Mecanismo del daño glomerular
Causas y clasificación
Diferenciación con el síndrome nefrítico
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el término "nefrótico"?
¿Por qué se hinchan los tobillos y los párpados?
¿Afecta solo a los riñones?
¿A qué edad es más frecuente?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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