DICCIONARIO MÉDICO

Síndrome del iris nevo

El síndrome del iris-nevo es una de las tres variantes clínicas del síndrome iridocorneal endotelial (ICE), un grupo de endoteliopatías corneales unilaterales y de evolución lenta. Su rasgo distintivo son los nódulos pigmentados en la superficie del iris, que recuerdan a nevos pero no lo son en sentido estricto. La denominación epónima es síndrome de Cogan-Reese, en referencia a los dos oftalmólogos que lo describieron en 1969. Afecta predominantemente a mujeres adultas y no es hereditario.

Qué es el síndrome del iris-nevo

El síndrome del iris-nevo, también llamado síndrome de Cogan-Reese, designa una endoteliopatía proliferativa del segmento anterior del ojo en la que las células del endotelio de la córnea adoptan una morfología anómala y migran a lo largo del ángulo iridocorneal hasta tapizar la superficie del iris. Esa membrana endotelial ectópica, al contraerse, deforma el iris y genera los hallazgos clínicos que distinguen al cuadro.

El nombre descriptivo combina dos elementos. Iris, del griego ἶρις (îris, arcoíris), por el aspecto coloreado de la membrana ocular que regula el paso de la luz. Nevo, del latín naevus, designa una mancha o marca cutánea congénita y, en oftalmología, una proliferación benigna de melanocitos. La etiqueta nació de la apariencia exterior: en la exploración con lámpara de hendidura, los nódulos pigmentados del iris recordaban a pequeños nevos diseminados sobre la superficie.

El nombre es, en rigor, engañoso. Los nódulos no son verdaderas proliferaciones melanocíticas. Estudios histológicos posteriores demostraron que se trata de islotes de estroma iridiano normal que han quedado atrapados y delimitados por la membrana endotelial que recubre el resto del iris. Lo que parece un nevo es, en realidad, un fragmento de iris intacto rodeado de tejido patológico. La denominación, ya asentada en la literatura, perduró pese a su imprecisión.

El espectro iridocorneal endotelial

El síndrome del iris-nevo no se entiende aislado, sino dentro de un grupo de tres variantes que comparten mecanismo y se distinguen por la predominancia de unos rasgos sobre otros. Las tres se incluyen bajo el término genérico de síndrome iridocorneal endotelial (ICE), acuñado por Campbell en 1978 al constatar que las afecciones descritas por separado durante décadas eran manifestaciones distintas de una misma endoteliopatía.

Atrofia esencial del iris. Descrita por Harms en 1903 como una entidad propia, predomina la pérdida de tejido iridiano: el iris se afina, aparecen agujeros, la pupila se desplaza (corectopía) y pueden formarse pupilas adicionales (policoria). La afectación corneal es habitualmente discreta en las fases iniciales.

Síndrome de Chandler. Caracterizado por Chandler en 1956 como una forma de glaucoma unilateral con escasas alteraciones del iris. Lo que define a esta variante es el edema corneal, frecuentemente desproporcionado para la presión intraocular medida. El endotelio está más alterado que en las otras dos formas.

Síndrome del iris-nevo o de Cogan-Reese. La variante objeto de esta entrada. David G. Cogan y Algernon B. Reese publicaron en 1969 los dos primeros casos en los que, junto a las alteraciones endoteliales y de glaucoma, llamaba la atención la presencia de múltiples nódulos pigmentados sobre el iris. Esa es su firma clínica y el dato que la separa del resto.

Mervyn Shields publicó en 1979 un trabajo que consolidó el agrupamiento. En Survey of Ophthalmology revisó las tres entidades y argumentó que constituyen un espectro continuo de gravedad, no enfermedades independientes. La distinción entre ellas depende a menudo del momento evolutivo en que el paciente acude a consulta y del rasgo que predomine en ese instante.

Mecanismo: la membrana endotelial proliferativa

Lo que une a los tres síndromes del espectro ICE es una alteración del endotelio corneal. Las células endoteliales normales, encargadas de mantener la transparencia de la córnea mediante la regulación del trasiego de líquido, adoptan en estos pacientes una morfología atípica: pierden su patrón hexagonal regular, aumentan de tamaño y adquieren capacidad proliferativa y migratoria que no tenían. En microscopía especular su imagen invertida (oscuros con reflejo central brillante) es lo bastante característica como para haber recibido el nombre de células ICE, marca patognomónica del síndrome.

Esas células anómalas no se limitan a la córnea. Atraviesan el ángulo iridocorneal y forman una membrana que tapiza primero el trabéculo y luego la cara anterior del iris. La contracción posterior de esa membrana arrastra el tejido al que se ha adherido. En el ángulo, genera sinequias anteriores periféricas que cierran progresivamente el drenaje del humor acuoso. Sobre el iris, lo deforma, lo retrae y crea las imágenes que dan nombre a cada variante: agujeros en la atrofia esencial, edema discreto y deformidad pupilar en el Chandler, y nódulos atrapados en el iris-nevo.

El origen de la endoteliopatía sigue siendo objeto de debate. La hipótesis con más respaldo experimental implica al virus del herpes simple, cuyo ADN se ha detectado en muestras de córnea de algunos pacientes tras queratoplastia. Esta vía explicaría también el carácter unilateral, adquirido y no hereditario del cuadro.

Los nódulos del iris: qué son en realidad

Conviene aclarar la naturaleza de las lesiones que dan nombre al síndrome porque son la fuente de la confusión nominal. En la lámpara de hendidura aparecen como pequeñas formaciones pigmentadas, marronáceas o amarillentas, distribuidas por la superficie del iris. A menudo son pediculadas (con una base estrecha) y miden de fracciones de milímetro a algunos milímetros. Su aspecto evoca a los nevos del iris auténticos, lesiones melanocíticas benignas.

La histología cuenta otra historia. Cuando se examinan al microscopio, los nódulos no son nevos: corresponden a focos de estroma iridiano de aspecto normal que han quedado aislados, rodeados y comprimidos por la membrana endotelial que ha cubierto el resto del iris. La pigmentación aparente procede del propio iris, mejor visualizada por contraste contra la membrana circundante, no de una proliferación melanocítica nueva. Por eso, hablar de «nevos» en este contexto es una metáfora morfológica, no un diagnóstico citológico.

Los nódulos aparecen casi siempre tardíamente, cuando la membrana endotelial ya ha avanzado lo suficiente sobre el iris como para dejar islotes residuales del estroma original. En las fases iniciales del cuadro suele predominar la afectación corneal o las sinequias del ángulo, sin nódulos visibles, lo que dificulta clasificar al paciente como iris-nevo en sentido estricto desde el primer momento.

Frecuencia y distribución

El síndrome ICE en su conjunto es raro. No existen cifras precisas de prevalencia, en parte por la dificultad de la clasificación y en parte porque los casos leves pueden pasar inadvertidos durante años. La variante del iris-nevo es la menos frecuente de las tres, y se estima que apenas un 10-15 % de los pacientes con ICE encajan en este subgrupo.

El cuadro afecta predominantemente a mujeres de mediana edad, con un pico entre los 30 y los 50 años. La afectación es casi siempre unilateral, lo que ha llevado a descartar un origen hereditario. La distribución geográfica es bastante uniforme: no se han descrito agrupaciones étnicas ni geográficas significativas.

Diferenciación con otras lesiones nodulares del iris

Nevo iridiano verdadero. Lesión melanocítica benigna del iris, habitualmente única, estable durante años y de aspecto plano o ligeramente elevado. Histológicamente se compone de melanocitos atípicos en el estroma. No se asocia con alteraciones del endotelio corneal ni con glaucoma secundario.

Melanoma del iris. Proliferación maligna de melanocitos, también unilateral, que crece con el tiempo. La diferenciación con el síndrome del iris-nevo es importante porque el patrón pigmentario puede inducir a confusión inicial, aunque la ausencia de la endoteliopatía corneal y la evolución del propio nódulo orientan.

Nódulos de Lisch. Pequeñas pápulas iridianas, generalmente bilaterales y múltiples, características de la neurofibromatosis tipo 1. Son hamartomas melanocíticos benignos. Su carácter bilateral, su asociación con manchas café con leche y otros rasgos sistémicos los separan con claridad del síndrome del iris-nevo.

Quistes iridianos. Lesiones huecas, traslúcidas, sin pigmentación intensa. Pueden ser primarios o secundarios, congénitos o adquiridos, pero no comparten con el iris-nevo ni la endoteliopatía corneal ni las sinequias.

Preguntas frecuentes

¿De dónde viene el nombre síndrome del iris-nevo?

Del aspecto que ofrecen los nódulos pigmentados que aparecen sobre el iris en esta variante: recuerdan a nevos. La denominación la introdujeron Cogan y Reese en 1969 al describir los dos primeros casos. En la literatura conviven el nombre descriptivo (iris-nevo o iris nevus syndrome) y el epónimo (síndrome de Cogan-Reese), con preferencia variable según las escuelas.

¿Los nódulos del iris son verdaderos nevos?

No. Pese al nombre, los nódulos no son proliferaciones melanocíticas. Histológicamente corresponden a islotes de estroma iridiano normal que han quedado rodeados por la membrana endotelial anómala que cubre el resto del iris. El aspecto recuerda a un nevo, pero la naturaleza biológica es completamente distinta.

¿Es lo mismo el síndrome del iris-nevo que el síndrome de Cogan-Reese?

Sí. Son denominaciones equivalentes para la misma variante clínica del síndrome ICE. La primera es descriptiva; la segunda, epónima. En la literatura más reciente aparecen indistintamente, y los textos suelen citar ambas para evitar ambigüedades.

¿Cómo se distingue de las otras variantes del síndrome ICE?

Las tres variantes comparten mecanismo y solapan rasgos. La atrofia esencial del iris se reconoce por la pérdida de tejido y la deformación pupilar marcada; el síndrome de Chandler, por el edema corneal predominante con escaso compromiso iridiano; y el síndrome del iris-nevo, por la presencia de nódulos pigmentados sobre el iris junto a las alteraciones endoteliales y angulares comunes.

¿Es hereditario?

No. El síndrome ICE en su conjunto y, en particular, su variante del iris-nevo se presenta de manera esporádica y unilateral. No se han descrito agregaciones familiares ni patrones genéticos consistentes. La hipótesis etiológica más explorada apunta a una posible relación con el virus del herpes simple, que se ha detectado en muestras corneales de algunos pacientes.

Referencias

  1. National Organization for Rare Disorders (NORD). Síndrome de Cogan-Reese.
  2. Orphanet. Síndrome endotelial iridocorneal. ORPHA:64734.
  3. Pérez Suárez E, et al. Síndrome iridocorneoendotelial: síndrome de Cogan Reese. Rev Cubana Oftalmol.
  4. Sociedad Española de Oftalmología. Síndrome iridocorneoendotelial. Studium Ophthalmologicum.

Entradas relacionadas en el diccionario

Si desea profundizar en conceptos asociados al síndrome del iris-nevo, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:

  • Síndrome ICE: término paraguas que agrupa al iris-nevo con las otras dos variantes del espectro iridocorneal endotelial.
  • Síndrome de Cogan-Reese: denominación epónima equivalente al síndrome del iris-nevo.
  • Síndrome de Chandler: variante del mismo espectro definida por el edema corneal predominante.
  • Iris: estructura ocular sobre la que asientan los nódulos característicos del cuadro.
  • Nevus: proliferación melanocítica benigna a la que los nódulos del síndrome solo recuerdan morfológicamente.
  • Endotelio: capa celular cuya disfunción es el origen de la membrana anómala que define al cuadro.
  • Córnea: estructura cuyo endotelio se afecta y a partir del cual migra la membrana proliferativa.
  • Ángulo iridocorneal: zona de drenaje del humor acuoso por la que avanza la membrana hacia el iris.
  • Sinequia anterior: adherencia entre iris y córnea resultante de la contracción de la membrana endotelial.
  • Cámara anterior: compartimento ocular comprometido por la endoteliopatía y las sinequias.
  • Presión intraocular: parámetro que se eleva por el cierre angular y define el glaucoma secundario del cuadro.

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