DICCIONARIO MÉDICO
Síndrome del iris nevo
El síndrome del iris-nevo, o síndrome de Cogan-Reese, es una de las tres variantes clínicas del síndrome iridocorneal endotelial (ICE), un grupo de endoteliopatías corneales unilaterales y de evolución lenta. Su rasgo distintivo son los nódulos pigmentados en la superficie del iris, que recuerdan a nevos sin serlo en sentido estricto. Afecta predominantemente a mujeres adultas y no es hereditario. El síndrome del iris-nevo designa una endoteliopatía proliferativa del segmento anterior del ojo en la que las células del endotelio de la córnea adoptan una morfología anómala y migran a lo largo del ángulo iridocorneal hasta tapizar la superficie del iris. Esa membrana endotelial, al contraerse, deforma el iris y produce los hallazgos que distinguen al cuadro. El nombre descriptivo combina dos elementos. Iris viene del griego ἶρις (îris, arcoíris), por el aspecto coloreado de la membrana ocular que regula el paso de la luz. Nevo procede del latín naevus, una mancha o marca cutánea congénita y, en oftalmología, una proliferación benigna de melanocitos. La etiqueta nació de la simple apariencia exterior: en la lámpara de hendidura, los nódulos pigmentados del iris recordaban a pequeños nevos diseminados sobre su superficie. Resulta, en rigor, un nombre engañoso: los nódulos no son verdaderas proliferaciones melanocíticas. Los estudios histológicos posteriores demostraron que se trata de islotes de estroma iridiano normal, atrapados y delimitados por la membrana endotelial que recubre el resto del iris. Lo que parece un nevo es, en realidad, un fragmento de iris intacto rodeado de tejido patológico, y la denominación, ya asentada en la literatura, perduró pese a su imprecisión. El síndrome del iris-nevo no se entiende de forma aislada. Forma parte de un grupo de tres variantes que comparten mecanismo y se distinguen por la predominancia de unos rasgos sobre otros, agrupadas bajo el término genérico de síndrome ICE (iridocorneal endotelial), acuñado por Campbell en 1978 al constatar que las afecciones descritas por separado durante décadas eran manifestaciones distintas de una misma endoteliopatía. Atrofia esencial del iris. Descrita por Harms en 1903, predomina la pérdida de tejido iridiano: el iris se afina, aparecen agujeros, la pupila se desplaza (corectopía) y pueden formarse pupilas adicionales (policoria). Síndrome de Chandler. Caracterizado por Chandler en 1956 como una forma de glaucoma unilateral con alteraciones leves del iris. Lo que define a esta variante es el edema corneal, con frecuencia desproporcionado para la presión intraocular medida. Síndrome del iris-nevo o de Cogan-Reese, la variante objeto de esta entrada. David G. Cogan y Algernon B. Reese publicaron en 1969 los dos primeros casos en los que, junto a las alteraciones endoteliales y el glaucoma, llamaba la atención la presencia de múltiples nódulos pigmentados sobre el iris. Esa es su firma clínica y el rasgo que la separa del resto. En 1979, M. Bruce Shields revisó las tres entidades en Survey of Ophthalmology y argumentó que constituyen un espectro continuo de gravedad, no enfermedades independientes. Lo que une a los tres síndromes del espectro ICE es una alteración del endotelio corneal. Las células endoteliales normales, encargadas de mantener la transparencia de la córnea regulando el trasiego de líquido, adoptan en estos pacientes una morfología atípica: pierden su patrón hexagonal regular, aumentan de tamaño y adquieren una capacidad proliferativa y migratoria que no tenían. En microscopía especular, su imagen invertida (oscuras, con reflejo central brillante) es lo bastante característica como para haber recibido el nombre de células ICE. Esas células anómalas no se quedan en la córnea. Atraviesan el ángulo iridocorneal y forman una membrana que tapiza primero el trabéculo y luego la cara anterior del iris. Al contraerse, esa membrana arrastra el tejido al que se ha adherido: genera sinequias anteriores que cierran progresivamente el drenaje del humor acuoso, deforma el iris y atrapa los islotes de estroma que, al final, se ven como nódulos. El origen de la endoteliopatía sigue debatiéndose. La hipótesis con más respaldo experimental implica al virus del herpes simple, cuyo ADN se ha detectado en muestras de córnea de algunos pacientes tras queratoplastia. Esta vía explicaría, de paso, el carácter unilateral, adquirido y no hereditario del cuadro. Conviene aclarar la naturaleza de las lesiones que dan nombre al síndrome, porque son la fuente de la confusión. En la lámpara de hendidura aparecen como pequeñas formaciones pigmentadas, marronáceas o amarillentas, distribuidas por la superficie del iris; a menudo pediculadas, con una base estrecha, y de tamaño variable. Su aspecto evoca a los nevos auténticos del iris, lesiones melanocíticas benignas. La histología cuenta otra historia. Los nódulos no son nevos: corresponden a focos de estroma iridiano de aspecto normal que han quedado aislados y comprimidos por la membrana endotelial que ha cubierto el resto del iris. La pigmentación aparente procede del propio iris, mejor visible por contraste contra la membrana circundante, no de una proliferación de melanocitos nueva. Hablar de "nevos" en este contexto es una metáfora morfológica, no un diagnóstico citológico. Los nódulos aparecen casi siempre de forma tardía, cuando la membrana endotelial ya ha avanzado lo suficiente sobre el iris como para dejar islotes residuales del estroma original. En las fases iniciales del cuadro suele predominar la afectación corneal o las sinequias del ángulo, sin nódulos visibles todavía. El síndrome ICE en su conjunto es raro. No existen cifras precisas de prevalencia, en parte por la dificultad de la clasificación y en parte porque los casos leves pueden pasar inadvertidos durante años. La variante del iris-nevo es la menos frecuente de las tres: apenas un 10-15 % de los pacientes con ICE encaja en este subgrupo. El cuadro afecta sobre todo a mujeres de mediana edad, con un pico entre los 30 y los 50 años. La afectación es casi siempre unilateral. No se han descrito agrupaciones étnicas ni geográficas relevantes. Nevo iridiano verdadero. Lesión melanocítica benigna del iris, habitualmente única y estable durante años, de aspecto plano o ligeramente elevado. No se asocia con alteraciones del endotelio corneal ni con glaucoma secundario. El melanoma del iris es otra proliferación de melanocitos que hay que descartar: unilateral, también, pero maligna y de crecimiento progresivo. La ausencia de endoteliopatía corneal y la evolución del propio nódulo orientan hacia uno u otro diagnóstico. Nódulos de Lisch. Pequeñas pápulas iridianas, bilaterales y múltiples, características de la neurofibromatosis tipo 1. Su carácter bilateral y su asociación con manchas café con leche y otros rasgos sistémicos los separan con claridad del síndrome del iris-nevo. Los quistes iridianos, por último, son lesiones huecas y traslúcidas, sin pigmentación intensa, que no comparten con el iris-nevo ni la endoteliopatía corneal ni las sinequias. Del aspecto de los nódulos pigmentados que aparecen sobre el iris en esta variante: recuerdan a nevos. La denominación la introdujeron Cogan y Reese en 1969, al describir los dos primeros casos. En la literatura conviven el nombre descriptivo (iris-nevo) y el epónimo (Cogan-Reese). No. Pese al nombre, no son proliferaciones melanocíticas. Corresponden a islotes de estroma iridiano normal rodeados por la membrana endotelial anómala. El aspecto recuerda a un nevo; la naturaleza biológica es distinta. Sí, son denominaciones equivalentes para la misma variante clínica del síndrome ICE: la primera, descriptiva; la segunda, epónima. La literatura reciente suele citar ambas para evitar ambigüedades. Las tres variantes comparten mecanismo y solapan rasgos. La atrofia esencial del iris se reconoce por la pérdida de tejido y la deformación pupilar marcada; el síndrome de Chandler, por el edema corneal predominante con escaso compromiso iridiano; y el síndrome del iris-nevo, por los nódulos pigmentados junto a las alteraciones endoteliales y angulares comunes a los tres. No. El síndrome ICE se presenta de manera esporádica y unilateral, sin agregaciones familiares descritas. La hipótesis etiológica más explorada apunta a una posible relación con el virus del herpes simple, detectado en muestras corneales de algunos pacientes.Qué es el síndrome del iris-nevo
El espectro iridocorneal endotelial
Mecanismo: la membrana endotelial proliferativa
Los nódulos del iris: qué son en realidad
Frecuencia y distribución
Diferenciación con otras lesiones nodulares del iris
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre síndrome del iris-nevo?
¿Los nódulos del iris son nevos verdaderos?
¿Es lo mismo el síndrome del iris-nevo que el síndrome de Cogan-Reese?
¿Cómo se distingue de las otras variantes del síndrome ICE?
¿Es hereditario?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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