DICCIONARIO MÉDICO
Síndrome antifosfolípido
El síndrome antifosfolípido es una enfermedad autoinmune en la que ciertos anticuerpos dirigidos contra proteínas ligadas a fosfolípidos crean un estado de hipercoagulabilidad persistente. Puede aparecer aislado o junto a otra enfermedad autoinmune, sobre todo el lupus eritematoso sistémico, y su rasgo distintivo no es un órgano concreto, sino la tendencia repetida a formar trombos donde no debería haberlos. El nombre describe el mecanismo, no un órgano ni un síntoma: los anticuerpos antifosfolípidos, de los que ya se ocupan por separado el anticoagulante lúpico y el anticuerpo anticardiolipina, no atacan en realidad al fosfolípido en sí, sino a proteínas plasmáticas que se unen a él, principalmente la beta-2-glucoproteína I y la protrombina. El síndrome se diagnostica cuando esos anticuerpos coinciden, de forma mantenida, con un episodio clínico real de trombosis o con complicaciones obstétricas de repetición. Conviene distinguir entre tener los anticuerpos y tener el síndrome. Un porcentaje nada desdeñable de la población presenta anticuerpos antifosfolípidos sin haber sufrido jamás un episodio trombótico, y esa positividad aislada no basta para hablar de enfermedad. El reumatólogo británico Graham Hughes, del hospital St. Thomas de Londres, presentó en 1982 el caso de una adolescente con anticuerpos anticardiolipina positivos y sin ningún dato de lupus que, sin embargo, sufría trombosis de repetición. Un año después, en 1983, publicó en el British Medical Journal el artículo que unió por primera vez trombosis, abortos de repetición, enfermedad cerebral y anticoagulante lúpico bajo un mismo cuadro. Por esa razón, el síndrome se conoce también como síndrome de Hughes. Los criterios que hoy se usan para clasificarlo se fijaron en un simposio celebrado en Sapporo en 1998 y se revisaron después en Sídney, en 2006. Ambas revisiones exigen la combinación de un criterio clínico documentado y una prueba de laboratorio positiva, confirmada al menos doce semanas después. Se llama primario cuando aparece de forma aislada, sin ninguna otra enfermedad autoinmune de fondo, y secundario cuando se asocia a otra entidad, casi siempre el lupus eritematoso sistémico. La distinción tiene interés práctico, porque el pronóstico y el seguimiento no son idénticos en ambos grupos. Existe además una variante extrema, descrita por Ronald Asherson en 1992 y conocida por eso como síndrome de Asherson: el síndrome antifosfolípido catastrófico. Afecta a menos del uno por ciento de los pacientes, pero en pocos días produce trombosis simultáneas en varios órganos pequeños a la vez, con una mortalidad que ronda el cincuenta por ciento. Su rareza y su gravedad lo convierten en la forma más temida, aunque también la menos frecuente, de todo el espectro. Los anticuerpos antifosfolípidos favorecen la trombosis por varias vías a la vez: activan las plaquetas, interfieren con las proteínas anticoagulantes naturales del organismo y alteran el endotelio vascular, la capa que recubre por dentro los vasos sanguíneos. No existe un único mecanismo que explique todos los casos, y esa multiplicidad de vías es, en parte, lo que dificulta encontrar un tratamiento dirigido a la causa en lugar de a sus consecuencias. No debe confundirse con el lupus eritematoso sistémico, aunque ambos comparten pacientes con frecuencia. El lupus es una enfermedad multisistémica con criterios propios; el síndrome antifosfolípido puede darse en personas que nunca desarrollan lupus, y de hecho la forma primaria representa una parte sustancial de los casos. Tampoco equivale a cualquier estado de hipercoagulabilidad. Otras trombofilias, como el factor V Leiden o el déficit de proteína C, tienen un origen genético y hereditario, mientras que el síndrome antifosfolípido es una enfermedad autoinmune adquirida, aunque su base genética predisponente sigue siendo objeto de estudio. No. La sola presencia de los anticuerpos, sin trombosis ni complicaciones obstétricas documentadas, no cumple los criterios de clasificación. Se estima que entre el uno y el cinco por ciento de la población general los tiene sin llegar a desarrollar la enfermedad. En honor a Graham Hughes, el reumatólogo que en 1983 describió por primera vez la asociación completa entre trombosis, complicaciones del embarazo y anticoagulante lúpico en el British Medical Journal. Comparten los mismos criterios diagnósticos, pero no el contexto. El primario aparece solo; el secundario, junto a otra enfermedad autoinmune, sobre todo el lupus eritematoso sistémico. Una forma extrema y muy poco frecuente, descrita por Ronald Asherson en 1992, en la que se producen trombosis en varios órganos a la vez en menos de una semana. Representa menos del uno por ciento de los casos de síndrome antifosfolípido, pero su mortalidad supera el cincuenta por ciento. No. Predomina claramente en mujeres, sobre todo entre los veinte y los cuarenta años, edad que coincide con la etapa reproductiva y que explica el peso que tienen las complicaciones obstétricas entre sus manifestaciones clásicas.Qué es el síndrome antifosfolípido
Historia del síndrome
Formas clínicas: primario, secundario y catastrófico
Mecanismo
Diferenciación con otros cuadros
Preguntas frecuentes
¿Toda persona con anticuerpos antifosfolípidos tiene el síndrome?
¿Por qué se llama también síndrome de Hughes?
¿Es lo mismo el síndrome primario que el secundario?
¿Qué es exactamente el síndrome catastrófico?
¿Afecta por igual a hombres y mujeres?
Referencias
Entradas relacionadas
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026