DICCIONARIO MÉDICO
Signo de Kernig
El signo de Kernig es la resistencia dolorosa que aparece al intentar extender la rodilla de una persona tumbada boca arriba con la cadera flexionada a noventa grados, y constituye uno de los hallazgos clásicos de irritación meníngea. Se obtiene mediante la maniobra de Kernig y acompaña, con distinta frecuencia según la causa, a la meningitis y a la hemorragia subaracnoidea. El nombre honra a Vladimir Mikhailovich Kernig (1840-1917), también citado como Woldemar Kernig, internista y neurólogo de origen ruso-báltico alemán nacido en Liepāja, en la actual Letonia. Trabajó buena parte de su carrera en el hospital Obújov de San Petersburgo, donde llegó a dirigir la sección femenina. Presentó su observación en un congreso médico de esa ciudad en 1882 y la publicó ese mismo año en la St. Petersburger Medizinische Wochenschrift. Dos años más tarde volvió sobre el hallazgo. Lo expuso de nuevo en un congreso celebrado en Copenhague y lo publicó en 1884 en la Berliner Klinische Wochenschrift, esta vez con una casuística más amplia. Fue esa segunda publicación la que terminó de asentar el signo en la práctica clínica europea. El gesto exacto de la exploración, cómo se coloca la cadera y cómo se mueve la rodilla, corresponde a la maniobra de Kernig. Lo que interesa aquí es el hallazgo en sí mismo: qué significa que la maniobra resulte positiva y hasta qué punto ese dato es fiable. Cuando las meninges se inflaman, ya sea por una infección o por la presencia de sangre en el espacio subaracnoideo tras una hemorragia, cualquier tracción sobre las raíces nerviosas que las atraviesan se vuelve dolorosa. Extender la rodilla con la cadera flexionada tensa el nervio ciático y las raíces lumbosacras que discurren junto a esas meninges irritadas. El cuerpo responde con una contractura protectora de los isquiotibiales, el grupo muscular posterior del muslo, que frena el movimiento antes de que la extensión se complete. Ese freno, y el dolor que lo acompaña, es lo que el explorador registra como signo positivo. No hay ningún artefacto mecánico de por medio: es una respuesta refleja. El rendimiento del signo como prueba aislada es más modesto de lo que su fama sugiere. Series amplias de pacientes con sospecha de meningitis sitúan su sensibilidad en torno al cinco por ciento: la inmensa mayoría de quienes tienen la enfermedad no llegan a presentarlo. Su especificidad, en cambio, es alta, cercana al noventa y cinco por ciento. Un signo de Kernig negativo, por tanto, no descarta nada; uno positivo sí apunta con bastante fuerza hacia la irritación meníngea. (Metaanálisis que agrupan estudios heterogéneos elevan esa sensibilidad hasta cifras próximas al veintitrés por ciento, sin que cambie la conclusión práctica.) Tampoco es exclusivo de la meningitis. Una hernia discal lumbar, una ciática intensa, la artrosis de cadera o una simple contractura de isquiotibiales pueden producir la misma resistencia dolorosa sin que exista irritación meníngea alguna. En los niños menores de dos años, además, suele faltar incluso con meningitis confirmada; en esa franja de edad conviene fijarse más en la fontanela abombada, el rechazo del alimento o el llanto agudo que en esta exploración concreta. El signo de Kernig comparte terreno con el de Brudzinski y con el de Lasègue, y conviene no confundirlos. El de Brudzinski parte del cuello: al flexionarlo, las caderas y las rodillas se doblan de forma involuntaria. El de Lasègue parte también de la pierna, pero con un gesto distinto: eleva la pierna extendida desde la cadera, en lugar de fijar la cadera a noventa grados y mover solo la rodilla. Esa diferencia técnica tiene consecuencias clínicas, porque el signo de Lasègue orienta hacia la compresión de una raíz nerviosa aislada, típica de la hernia discal, mientras que el de Kernig orienta hacia una irritación más difusa de las meninges. Sí. La ciática, la hernia discal o la simple rigidez de los isquiotibiales pueden reproducir la misma resistencia dolorosa sin que las meninges estén afectadas. Lo presentó por primera vez en San Petersburgo en 1882 y volvió sobre él dos años después, en un congreso de Copenhague y en un artículo con más casos publicado en 1884 en la Berliner Klinische Wochenschrift. Fue esa segunda publicación la que difundió el signo por Europa. No. Su sensibilidad es baja, en torno al cinco por ciento en las series más citadas, así que un resultado negativo no excluye la enfermedad. Poco. Por debajo de los dos años el signo suele faltar incluso con meningitis confirmada, y la exploración se apoya entonces en otros datos: la fontanela abombada, el rechazo del alimento, el llanto agudo.Qué es el signo de Kernig
Por qué aparece la resistencia
Cuánto vale como dato diagnóstico
Diferenciación con otras exploraciones cercanas
Preguntas frecuentes
¿Duele el signo de Kernig aunque no haya meningitis?
¿Cuándo describió Kernig este signo?
¿Un resultado negativo descarta la meningitis?
¿Es fiable en bebés y niños pequeños?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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