DICCIONARIO MÉDICO
Rubeosis del iris
La rubeosis del iris es la aparición de vasos sanguíneos anormales sobre la superficie del iris, en respuesta a una isquemia retiniana crónica. El nombre alude al aspecto rojizo que adoptan el borde pupilar y el ángulo del ojo cuando esos vasos proliferan. Es un signo clínico, no una enfermedad en sí misma, y su presencia obliga siempre a buscar la afección retiniana que la origina. El término combina el latín rubeus, rojizo, con el sufijo -osis, que denota un proceso o estado. Significa literalmente iris rojo, y algunos textos de oftalmología insisten en reservarlo para ese hallazgo visible en la exploración con lámpara de hendidura: el término preciso para describir el hecho biológico subyacente, el crecimiento de vasos donde antes no los había, es neovascularización del iris. En la práctica, ambas expresiones conviven, aunque no son estrictamente sinónimas: una nombra la apariencia, la otra el mecanismo. Los vasos neoformados suelen aparecer primero como finas asas capilares alrededor del borde pupilar, sin patrón radial (a diferencia de la vascularización normal del iris, dispuesta en radios regulares desde la raíz hacia la pupila). Con el tiempo alcanzan el ángulo iridocorneal, la zona por donde drena el humor acuoso, y ahí es donde empieza el verdadero riesgo para la visión. El oftalmólogo escocés George Coats fue el primero en describir, en 1906, la aparición de vasos nuevos en el iris de ojos con obstrucción de la vena central de la retina. Durante décadas se consideró un hallazgo raro; los estudios de Ohrt, a finales de los años sesenta, con la lámpara de hendidura entonces recién popularizada, mostraron que era mucho más frecuente de lo que se pensaba en la retinopatía diabética avanzada, y que su probabilidad aumentaba con los años de evolución de la diabetes. Hoy se conoce bien el mecanismo molecular. La retina isquémica libera factores angiogénicos, sobre todo el factor de crecimiento endotelial vascular (VEGF), en un intento de compensar la falta de oxígeno mediante nuevos vasos. Ese impulso no distingue de dónde vienen las señales de freno: en un ojo sano, el VEGF compite con el factor derivado del epitelio pigmentario (PEDF), que inhibe la angiogénesis. El desequilibrio entre ambos, más que el VEGF por sí solo, explica que unos ojos isquémicos desarrollen rubeosis y otros no. Las series clásicas, recogidas por Kanski en su tratado de oftalmología, atribuían algo más de un tercio de los casos a la oclusión de la vena central de la retina, un tercio a la retinopatía diabética proliferativa y el resto, principalmente, a la oclusión de la arteria central de la retina y al desprendimiento de retina. Un estudio poblacional coreano más reciente, sobre más de quinientos ojos, invierte el orden: la retinopatía diabética explicaba el 63 % de los casos, la oclusión venosa el 19 %, el síndrome isquémico ocular el 4,5 % y el desprendimiento de retina algo más del 3 %. La diferencia probablemente refleja tanto el momento del diagnóstico como la composición de cada población estudiada. El peligro no está en el iris, sino en lo que ocurre cuando el tejido fibrovascular alcanza el ángulo y obstruye la salida del humor acuoso. Antes de fijarse el nombre actual, esa complicación recibió etiquetas distintas según el autor: glaucoma hemorrágico, congestivo, trombótico o rubeótico. Fue Weiss, en 1963, quien propuso el término que ha perdurado: glaucoma neovascular. Se trata de una de las formas más difíciles de tratar dentro de los glaucomas secundarios, y su pronóstico visual depende en gran medida de si la retina isquémica se trata a tiempo, antes de que la neovascularización progrese hasta el ángulo. No. La rubeosis es el signo, los vasos anómalos sobre el iris; el glaucoma neovascular es la complicación que puede seguir cuando esos vasos, o el tejido fibroso que dejan tras de sí, bloquean el drenaje del ojo. No de forma directa. Solo tratando a tiempo la enfermedad retiniana isquémica que la desencadena. Porque el nombre describe lo que se ve, no dónde se origina: el enrojecimiento aparece en el iris aunque la causa esté en la retina. Cuando el mismo proceso de crecimiento vascular ocurre directamente sobre el tejido retiniano, recibe un nombre distinto, que puede consultarse en la entrada dedicada a esa cuestión terminológica. En su fase más temprana, solo visible con lámpara de hendidura, aparecen unos pocos vasos finísimos, casi imperceptibles, sobre todo en iris poco pigmentados. Es la fase en la que el tratamiento tiene más probabilidades de evitar el glaucoma neovascular.Qué es la rubeosis del iris
De la observación clínica al mecanismo molecular
Causas y frecuencia
La complicación que le da su verdadera gravedad
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo la rubeosis del iris que el glaucoma neovascular?
¿Se puede prevenir?
¿Por qué se llama rubeosis si el problema empieza en la retina?
¿Qué aspecto tiene al principio, antes de que se note a simple vista?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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