DICCIONARIO MÉDICO
Riñón flotante
El riñón flotante, o nefroptosis, es el descenso del riñón hacia la pelvis al ponerse de pie, por encima del pequeño desplazamiento que el órgano experimenta de forma normal con la respiración y los cambios de postura. El nombre técnico combina dos raíces griegas: nephrós, "riñón", y ptôsis, "caída", la misma que aparece en la ptosis palpebral. Lo acuñó el médico francés Frantz Glénard en 1885, como parte de una teoría más amplia sobre el descenso de las vísceras abdominales a la que llamó enteroptosis. La palabra entró en el vocabulario médico de habla inglesa hacia 1892. El Diccionario de Términos Médicos de la Real Academia Nacional de Medicina recoge, además de nefroptosis, los sinónimos riñón móvil, riñón ptósico y riñón caído. Ningún riñón permanece del todo inmóvil. Está sujeto por la grasa perirrenal, por la fascia de Gerota y por su propio pedículo vascular, no por ligamentos articulados, de modo que se desplaza unos centímetros con cada respiración y con los cambios de posición. Se habla de nefroptosis cuando ese descenso supera los cinco centímetros, o el equivalente a dos cuerpos vertebrales, al pasar de tumbado a de pie. Por debajo de esa cifra, el hallazgo se considera una variante anatómica sin más importancia. La primera referencia a un riñón móvil en la literatura médica se atribuye al cirujano italiano Franciscus de Pedemontanus, en el siglo XIII. El interés clínico moderno arrancó mucho después: en 1864, el internista polaco Józef Dietl describió el cuadro agudo que hoy lleva su nombre. La crisis de Dietl consiste en un dolor cólico intenso en el flanco, con náuseas, vómitos y una disminución pasajera de la orina, provocados por el acodamiento del uréter cuando el riñón desciende de golpe; suele ceder si el paciente se tumba y lleva las rodillas al pecho, maniobra que devuelve el órgano a su posición. En la década de 1870 se probó a resolver el problema extirpando el riñón afectado, práctica que se abandonó pronto por su elevada mortalidad. El cirujano berlinés Gustav Hahn realizó en 1881 la primera nefropexia, fijando la grasa perirrenal a la incisión lumbar. Al año siguiente, Edoardo Bassini introdujo la técnica de suturar la propia cápsula renal al plano muscular, principio del que derivan las nefropexias actuales. George Edebohls popularizó la intervención en Nueva York en 1893, y durante las décadas siguientes llegaron a describirse más de ciento setenta variantes quirúrgicas. El entusiasmo tuvo un lado oscuro. Durante buena parte de ese periodo, la nefroptosis se relacionó, sin ninguna base sólida, con la neurastenia y con un supuesto temperamento nervioso, atribuido sobre todo a mujeres jóvenes y delgadas. El desprestigio del diagnóstico fue tal que, en 1984, dos médicos británicos llegaron a incluir la nefropexia entre los tratamientos ineficaces para enfermedades imaginarias. La cirugía prácticamente desapareció de la práctica europea y estadounidense en las décadas centrales del siglo XX. Solo la laparoscopia, ya en los años noventa, devolvió al procedimiento un lugar, mucho más restringido, en casos concretos de obstrucción documentada. La nefroptosis es más frecuente de lo que su rareza en la consulta sugiere: se ha detectado hasta en el 20% de las mujeres a las que se practica una urografía en decúbito y en bipedestación. Afecta al riñón derecho con más frecuencia que al izquierdo, en parte porque el hígado le resta espacio y en parte porque su sujeción fascial es algo menos consistente. Predomina en mujeres jóvenes, de complexión delgada y cintura larga, y con frecuencia se relaciona con una pérdida de peso importante que deja al riñón con menos grasa protectora a su alrededor. Conviene no confundir la nefroptosis con la ectopia renal. En el riñón ectópico, el órgano nunca alcanzó su posición lumbar habitual durante el ascenso embrionario: se detuvo en la pelvis o en el abdomen bajo y ahí permanece durante toda la vida. La nefroptosis parte, en cambio, de un riñón que sí ascendió con normalidad; lo que falla después es la sujeción. Basta una ecografía en decúbito y en bipedestación para distinguirlos. El ectópico no cambia de posición con la postura. El flotante sí. El término se lo debemos a Frantz Glénard, médico francés que lo propuso en 1885 dentro de su teoría sobre el descenso generalizado de las vísceras abdominales. No exactamente. Los embarazos repetidos figuran entre los factores que debilitan la sujeción del riñón y pueden favorecer una nefroptosis, pero el término designa el hallazgo anatómico en sí, con independencia de cuál sea su causa concreta en cada persona. No. La mayoría de los casos son asintomáticos y se descubren de forma incidental en una prueba de imagen solicitada por otro motivo. Porque a comienzos del siglo XX se operaba con criterios poco definidos, a menudo sobre riñones móviles sin verdadera repercusión clínica, y los resultados fueron decepcionantes. La revisión posterior del diagnóstico, apoyada en pruebas de imagen en decúbito y en bipedestación, junto con las técnicas laparoscópicas, ha permitido reservar la intervención para el pequeño grupo de pacientes con obstrucción del flujo urinario o vascular claramente documentada, algo muy distinto del uso generalizado que tuvo la nefropexia hace más de un siglo.Qué es el riñón flotante
Historia de un diagnóstico controvertido
Quién presenta un riñón flotante
Riñón flotante y riñón ectópico
Preguntas frecuentes
¿Quién le puso nombre a la nefroptosis?
¿Es lo mismo que el riñón caído por el embarazo?
¿Duele siempre un riñón flotante?
¿Por qué se abandonó la cirugía si hoy vuelve a practicarse en algunos casos?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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