DICCIONARIO MÉDICO
Reumatismo
Reumatismo es el nombre con el que, durante siglos, se ha designado cualquier dolor, rigidez o hinchazón de las articulaciones, los músculos o los tejidos que los rodean, sin precisar de qué enfermedad concreta se trata. Sigue empleándose en el lenguaje cotidiano, pero la medicina actual ha ido sustituyéndolo por diagnósticos mucho más precisos, agrupados bajo el nombre de enfermedades reumáticas. La palabra, curiosamente, no habla en origen de huesos ni de articulaciones, sino de un líquido que fluye. La voz procede del griego rheîn, "fluir", de donde sale rheûma, "flujo", y de ahí rheumatismós: el proceso patológico causado por ese flujo. Los médicos griegos Dioscórides, en el siglo I, y Galeno, en el siglo II, ya usaban el término en ese sentido. La medicina hipocrático galénica sostenía que el cuerpo se regía por cuatro humores, y que el dolor articular aparecía cuando uno de ellos se desbordaba y "fluía" hacia una articulación, distendiendo sus ligamentos. De ahí el nombre: no describía la articulación dañada, sino el supuesto mecanismo que la dañaba. En español, la voz reumatismo se documenta por primera vez en 1495, en una traducción anónima del Lilio de medicina de Bernardo de Gordonio, todavía con ese sentido antiguo de "flujo patológico de los humores". Tuvieron que pasar casi dos siglos para que el término se independizara de la teoría humoral y empezara a designar, sin más, el conjunto de síntomas que hoy asociamos a él: dolor, rigidez e inflamación del aparato locomotor. El Diccionario histórico de la Real Academia Española data ese cambio de sentido en 1686, en la Carta filosófico médico chímica de Juan de Cabriada. La teoría humoral, con sus sangrías y sus purgas para "desviar" el humor errante, se mantuvo como explicación dominante hasta bien entrado el siglo XIX. El primer paso serio para desmontarla lo dio el médico francés Guillaume de Baillou, que en el siglo XVI empezó a describir el reumatismo como una entidad clínica con entidad propia, y no como un simple síntoma de desequilibrio humoral. Sus notas se publicaron de forma póstuma en 1642, bajo el título Liber de rheumatismo et pleuritide dorsali. El reumatismo tardó todavía más de dos siglos en fragmentarse en las enfermedades que hoy conocemos por separado. El hito que suele señalarse como punto de partida es de 1858: ese año, el médico británico Alfred Baring Garrod propuso el nombre de artritis reumatoide, precisamente para separarla de la gota, con la que se confundía con frecuencia. Garrod se apoyó en un dato objetivo, la presencia o ausencia de ácido úrico en sangre, algo que ninguna teoría de humores había podido ofrecer nunca. A partir de ahí, el reumatismo dejó de ser una sola cosa para convertirse en el nombre de familia de docenas de enfermedades distintas. Dentro de lo que tradicionalmente se llamó reumatismo se distinguen dos grandes grupos. El reumatismo articular afecta directamente a las articulaciones; la artritis reumatoide es su ejemplo más conocido, aunque el término histórico también cubría la gota y la fiebre reumática. El reumatismo no articular, o de partes blandas, afecta a estructuras vecinas como tendones, ligamentos o músculos sin que la articulación en sí esté enferma; la fibromialgia es el ejemplo que se cita con más frecuencia en la literatura actual sobre este grupo. Esa misma línea divisoria separa hoy, con otro vocabulario, las artropatías inflamatorias de las degenerativas: la primera categoría agrupa procesos de origen inmunitario como la propia artritis reumatoide, mientras que la segunda corresponde al desgaste mecánico del cartílago, cuyo ejemplo característico es la artrosis. El término reumatismo, al no distinguir entre ambos mecanismos, ha ido perdiendo utilidad clínica precisamente donde esta distinción importa más: a la hora de elegir tratamiento. En la práctica clínica de hoy, "reumatismo" ha sido sustituido casi por completo por "enfermedades reumáticas", un catálogo amplio que incluye desde la artritis reumatoide hasta el lupus o la espondilitis anquilosante, y por la especialidad médica que las estudia y trata, la reumatología. El cambio no es solo cosmético: cada una de esas enfermedades tiene un origen, un pronóstico y un tratamiento distintos, algo que el término genérico nunca pudo reflejar. Con todo, la palabra resiste. Sigue apareciendo en el habla cotidiana, en el lenguaje de la farmacia y hasta en algunas publicaciones especializadas, casi siempre como sinónimo impreciso de dolor articular crónico. Su valor hoy es más histórico y coloquial que diagnóstico. Del griego rheîn, fluir. La medicina antigua creía que el dolor articular se debía a un humor corporal que "fluía" hacia la articulación, y ese supuesto flujo dio nombre a la enfermedad. Galeno ya usaba el término en el siglo II. No, o no una sola. Es un nombre paraguas que históricamente ha cubierto docenas de enfermedades distintas del aparato locomotor. La medicina actual prefiere nombrarlas por separado. El proceso llevó siglos, pero suele situarse un hito claro en 1858, cuando Alfred Baring Garrod propuso el nombre de artritis reumatoide para distinguirla de la gota a partir de un análisis de sangre, no de una teoría. El articular afecta a las articulaciones mismas, como en la artritis reumatoide. El no articular, o de partes blandas, afecta a los tejidos que las rodean (tendones, ligamentos, músculos) sin que la articulación esté propiamente enferma; la fibromialgia es su ejemplo más citado.Qué es el reumatismo
Historia del concepto
Reumatismo articular y no articular
Uso actual del término
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra reumatismo?
¿Es el reumatismo una enfermedad?
¿Quién empezó a separar el reumatismo en enfermedades distintas?
¿Qué diferencia hay entre reumatismo articular y no articular?
Referencias
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