DICCIONARIO MÉDICO
Retinopatía diabética de fondo
La retinopatía diabética de fondo es la fase inicial de la retinopatía diabética no proliferativa, en la que la diabetes daña los capilares de la retina y provoca microaneurismas, hemorragias puntiformes y exudados duros, sin isquemia extensa ni crecimiento de vasos nuevos. El nombre remite al fondo del ojo, la superficie interior donde se localizan estas primeras lesiones vasculares. Dentro de la retinopatía diabética, la variante de fondo ocupa el primer peldaño: describe las alteraciones que la hiperglucemia produce en los capilares de la retina antes de que aparezca cualquier signo de isquemia. El adjetivo procede del latín fundus, "base" o "parte más honda de algo", de la raíz indoeuropea *bhudh-, la misma que dio fundamento y profundo. En oftalmología nombra el fondo de ojo, la cara interna del globo ocular que solo puede examinarse con instrumental óptico. Ese instrumental no existió hasta 1851, cuando Hermann von Helmholtz publicó la descripción de su oftalmoscopio, mejorado a partir de un prototipo que el matemático Charles Babbage había construido en 1847. Antes de esa fecha, el daño diabético de la retina era, en sentido literal, invisible. Eduard Jaeger documentó los primeros hallazgos en 1855, en su obra Beiträge zur Pathologie des Auges, ilustrada con pinturas del fondo de ojo hechas a mano. La confirmación de que se trataba de una lesión vascular real, y no de un artefacto inflamatorio, llegó en 1872 con el trabajo histopatológico de Edward Nettleship. El proceso arranca en el capilar retiniano. La hiperglucemia mantenida daña primero a los pericitos, las células que envuelven y sostienen la pared capilar; su pérdida debilita el vaso y favorece la formación de microaneurismas, la lesión más temprana y característica de toda la retinopatía diabética. La membrana basal se engruesa a la vez que la pared capilar se vuelve más permeable, lo que permite la fuga de plasma, lípidos y proteínas hacia el tejido retiniano. De ahí proceden las hemorragias puntiformes y los exudados duros, depósitos amarillentos de material lipoproteico que delatan puntos de fuga antigua. Ninguno de estos cambios cierra todavía capilares en extensión suficiente para producir zonas de isquemia, la frontera que separa esta fase de la retinopatía diabética preproliferante. La reunión de expertos celebrada en 1968 en Airlie House, Virginia, que fijó la primera clasificación internacional de la enfermedad, ya empleaba el término inglés background retinopathy para las lesiones no proliferativas, del que "retinopatía de fondo" es traducción directa. Las clasificaciones posteriores (la del Diabetic Retinopathy Study en 1981 y la del Early Treatment Diabetic Retinopathy Study en 1991) sustituyeron ese nombre descriptivo por una escala numérica de gravedad dentro de la categoría no proliferativa, y la escala clínica internacional publicada en 2003 simplificó de nuevo esos niveles para el uso diario. El término "de fondo" sigue empleándose, aunque no siempre con el mismo alcance: algunos manuales lo usan como sinónimo de toda la fase no proliferativa, mientras que los programas de cribado británicos lo reservan para las alteraciones más leves y distinguen aparte la fase preproliferativa, ya con isquemia establecida. Frente a la retinopatía diabética simple, que nombra a menudo el mismo estadio desde una tradición terminológica distinta, "de fondo" pone el acento en la localización anatómica del daño más que en su gravedad relativa. La línea que separa esta fase de la preproliferativa es la aparición de venas arrosariadas, anomalías microvasculares intrarretinianas y hemorragias extensas en los cuatro cuadrantes, signos de una isquemia ya extendida que esta fase, por definición, no presenta. Por el fondo de ojo, la cara interna del globo ocular donde se localizan las lesiones. El adjetivo no indica gravedad, sino ubicación. En sentido amplio, sí: buena parte de la bibliografía médica trata ambos términos como sinónimos. Los programas de cribado del Reino Unido, sin embargo, distinguen dentro de la fase no proliferativa dos grados: el de fondo, con cambios leves, y el preproliferativo, con signos de isquemia más avanzados. Casi nunca. La ausencia de molestias en esta fase explica por qué buena parte de los casos se detecta solo mediante revisiones oculares programadas, no por percepción del propio paciente. Eduard Jaeger fue el primero en documentarlas, en 1855, con pinturas del fondo de ojo hechas a mano; el oftalmoscopio que permitió observarlas directamente llevaba entonces solo cuatro años inventado. La confirmación de que se trataba de una lesión vascular real llegó en 1872, con el trabajo histopatológico de Edward Nettleship.Qué es la retinopatía diabética de fondo
Mecanismo
Clasificación
Diferenciación
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama "de fondo"?
¿Es lo mismo que la retinopatía diabética no proliferativa?
¿Provoca síntomas?
¿Quién describió estas lesiones por primera vez?
Referencias
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