DICCIONARIO MÉDICO
Reflujo hepatoyugular
El reflujo hepatoyugular es una maniobra de exploración física del cuello que consiste en presionar de forma firme y sostenida el hipocondrio derecho del paciente, sobre la proyección del hígado, mientras se observa la columna venosa yugular. Si esa columna se eleva y permanece elevada durante toda la compresión, el signo se considera positivo y orienta hacia un fallo del retorno venoso al corazón derecho. Lo describió el médico inglés William Pasteur en The Lancet, en 1885. No es un fenómeno espontáneo, sino una respuesta provocada: el explorador la desencadena con una maniobra concreta. El nombre describe la mecánica con precisión, una presión sobre el hígado que produce, cuando el corazón derecho no acomoda bien el aumento de retorno venoso que le llega, un reflujo hacia las venas yugulares del cuello. Su interés clínico está en que es una de las formas más simples, rápidas y baratas de sospechar una ingurgitación yugular oculta y, con ella, una congestión venosa sistémica todavía sin otros signos visibles. En la práctica conviven dos nombres casi intercambiables. "Reflujo hepatoyugular" es la forma popular, la más usada en los hospitales de habla hispana. "Reflujo abdominoyugular" es la denominación que prefiere la literatura cardiológica reciente, porque el efecto se obtiene comprimiendo la cavidad abdominal en general (la maniobra funciona igual si se presiona en otro punto del abdomen) y no específicamente el parénquima hepático. La forma clásica se mantiene por tradición histórica y porque, en la práctica, el hipocondrio derecho sigue siendo el punto de referencia anatómico más cómodo. "Reflujo" procede del latín medieval refluxum (de re-, "hacia atrás", y fluere, "fluir"), documentado en español desde 1424 con el sentido de flujo retrógrado de un líquido. El término se ajusta bien a este signo, porque la sangre refluye hacia el sistema venoso superior cuando, con el corazón derecho insuficiente, se le añade una carga extra desde el abdomen. Conviene distinguirlo de un error fonético habitual, "reflejo hepatoyugular". Un reflejo (del latín reflexus, "doblado hacia atrás") es una respuesta neurológica involuntaria mediada por un arco nervioso, como el reflejo rotuliano. Aquí no interviene ningún arco neurológico: el fenómeno es puramente hemodinámico. La confusión está lo bastante extendida como para que la literatura médica le haya dedicado artículos específicos a aclararla. La técnica clásica sitúa al paciente en decúbito supino, con el tronco elevado entre 30 y 45 grados y la respiración tranquila, sin maniobras de Valsalva ni apnea que falsearían el resultado. El explorador identifica primero la columna venosa yugular en condiciones basales y aplica después, con la palma de la mano, una presión firme y sostenida sobre el cuadrante superior derecho del abdomen. La presión se mantiene entre diez segundos y un minuto, según la fuente consultada; las guías más recientes fijan diez segundos como umbral mínimo válido. En condiciones normales puede haber una elevación inicial mínima que cede en pocos latidos aunque se mantenga la presión: el ventrículo derecho absorbe sin dificultad el aumento de precarga. Se considera positivo cuando la columna venosa se eleva más de tres centímetros y permanece así durante toda la compresión, descendiendo bruscamente al soltar la mano. Esa diferencia (elevación transitoria que cede sola frente a elevación sostenida que solo cede al retirar la presión) es la clave de la interpretación. Si el paciente tiene dolor al presionar el hipocondrio derecho, la maniobra se repite en otro punto del abdomen con resultado equivalente, lo que confirma que el factor determinante es la compresión abdominal en general. Un resultado positivo orienta hacia un corazón derecho incapaz de manejar el aumento de retorno venoso que le envía la compresión abdominal. La causa más característica es la insuficiencia cardíaca derecha, con una sensibilidad descrita de entre el 55 y el 84 por ciento y una especificidad alta, del 83 al 98 por ciento, en pacientes con disnea. También aparece en la pericarditis constrictiva, en la insuficiencia tricuspídea (el cuadro en el que Pasteur lo describió por primera vez), en la miocardiopatía restrictiva y, con menor frecuencia, en el infarto del ventrículo derecho. La congestión hepática de origen cardíaco suele cursar con reflujo positivo. La debida a síndrome de Budd-Chiari, en cambio, lo tiene negativo: allí la obstrucción al retorno venoso está por debajo del hígado, en las venas suprahepáticas, y la presión no llega a transmitirse al cuello. Ese matiz ayuda a diferenciar dos cuadros que cursan con hepatomegalia dolorosa pero tienen origen y manejo opuestos. William Pasteur describió el signo en The Lancet, en 1885, mientras exploraba a pacientes con insuficiencia tricuspídea, y registró que la compresión del hígado producía una distensión visible y mantenida de la vena yugular. Trece años después, en 1898, Rondot refinó la descripción técnica de la maniobra. En 1925, Lian y Blondel demostraron que la presión en cualquier punto del abdomen, no solo el hepático, producía el mismo efecto, lo que dio origen al término más mecanicista "reflujo abdominoyugular". A pesar de las casi cuatro décadas que separan estas tres aportaciones, el nombre que se ha consolidado en el uso médico sigue siendo el original de Pasteur. El reflujo hepatoyugular forma parte, junto a la ingurgitación yugular y al pulso yugular, de la exploración clásica de las cavidades derechas a través del cuello. Los tres abordan la misma realidad (las presiones del corazón derecho) por vías distintas. La ingurgitación valora la altura basal de la columna venosa; el pulso, las pulsaciones que reflejan el ciclo cardíaco; y el reflujo hepatoyugular, la respuesta dinámica del sistema cuando se le añade una carga venosa extra desde el abdomen. No debe confundirse con el signo de Kussmaul, que es el aumento paradójico de la columna venosa yugular durante la inspiración, no durante la presión abdominal; ambos signos pueden coexistir en la pericarditis constrictiva, pero la maniobra que los provoca es distinta. No. La forma correcta es "reflujo", del latín refluxum, flujo retrógrado de un líquido, en este caso sangre venosa. "Reflejo" designa una respuesta neurológica automática y aquí no hay ningún arco nervioso implicado: el fenómeno es hemodinámico. Por la descripción original de Pasteur en 1885, que comprimía específicamente el hígado. La nomenclatura más reciente prefiere "abdominoyugular" porque cualquier compresión sostenida del abdomen produce el mismo efecto: lo determinante es el aumento del retorno venoso esplácnico, no la compresión del hígado en sí. En la práctica hispanohablante sigue predominando el nombre clásico. Un aumento de la columna venosa yugular superior a tres centímetros que se mantiene durante toda la compresión, al menos diez segundos, y que cae bruscamente al retirar la presión. Una elevación transitoria que cede sola es respuesta normal. Sobre todo en la insuficiencia cardíaca derecha o global. También en la pericarditis constrictiva, la insuficiencia tricuspídea, la miocardiopatía restrictiva y, con menor frecuencia, el infarto del ventrículo derecho. Es característicamente negativo en la congestión hepática por síndrome de Budd-Chiari, lo que ayuda a diferenciar ambos cuadros. La técnica es la misma, pero si hay dolor a la presión sobre el hígado (por una hepatopatía dolorosa, por ejemplo) el explorador puede comprimir otro punto del abdomen. El resultado es equivalente.Qué es el reflujo hepatoyugular
Etimología y un error frecuente
Cómo se explora la maniobra
Significado clínico
Pasteur, 1885
Diferenciación con otros signos del cuello
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo "reflujo" que "reflejo" hepatoyugular?
¿Por qué se llama "hepatoyugular" si la presión es abdominal?
¿Qué se considera un resultado positivo?
¿En qué enfermedades aparece?
¿Se explora igual en todos los pacientes?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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