DICCIONARIO MÉDICO
Reflejo de micción
El reflejo de micción es el mecanismo neurofisiológico que coordina el almacenamiento de la orina en la vejiga y su expulsión periódica a través de la uretra. En él participan la musculatura lisa vesical, los dos esfínteres uretrales y varios centros nerviosos repartidos entre la médula sacra y el tronco del encéfalo. Funciona en dos fases opuestas y complementarias: una de llenado, en la que el sistema se mantiene en guardia, y otra de vaciado, en la que esa guardia se desactiva de golpe. Micción procede del latín mictio, formado sobre el verbo mingere (orinar), la misma raíz de la que deriva el vulgarismo "mear". El término médico designa algo más preciso que el acto voluntario de orinar: el circuito nervioso involuntario que hace posible ese acto, y que sigue funcionando aunque la voluntad no intervenga, como ocurre en el lactante o en ciertas lesiones neurológicas. No se trata de un reflejo espinal simple como el rotuliano. La médula sacra ejecuta la orden, pero quien decide cuándo darla es un centro situado en el tronco del encéfalo. Esa dependencia de una estructura tan alta en el sistema nervioso es lo que distingue a la micción de otros reflejos viscerales de recorrido más corto. Mientras la vejiga se llena, dos mecanismos trabajan en el mismo sentido. El sistema simpático, a través del nervio hipogástrico, relaja el músculo detrusor y mantiene contraído el cuello vesical. El nervio pudendo, de naturaleza somática, sostiene a la vez la contracción del esfínter uretral externo. El resultado es la continencia: la vejiga se distiende sin que se escape una gota, y ese equilibrio puede sostenerse durante horas. Los mecanorreceptores de la pared vesical registran continuamente el grado de distensión y envían esa información a la médula sacra a través de los nervios pélvicos. En un adulto sano, el volumen que suele desencadenar la primera sensación de urgencia ronda los 300 mililitros, aunque la vejiga puede admitir bastante más antes de que el reflejo de vaciado se imponga. Cuando la señal aferente supera cierto umbral, se activa una estructura del puente troncoencefálico conocida como núcleo de Barrington, o centro pontino de la micción. Su función es doble: apaga el reflejo de guarda descrito antes e inicia la orden contraria. Las fibras parasimpáticas sacras (S2 a S4), que viajan por los nervios pélvicos, liberan acetilcolina sobre receptores muscarínicos M3 del detrusor y provocan su contracción. Al mismo tiempo, ambos esfínteres se relajan. La sincronía es la clave del proceso. Un detrusor que se contrae contra un esfínter todavía cerrado no vacía la vejiga; solo eleva la presión intravesical. Por eso el núcleo de Barrington actúa como conmutador, no como simple amplificador de la señal: no basta con activar el vaciado, hay que apagar la guarda primero. El neurofisiólogo británico Frederick Barrington localizó esta región del puente en una serie de experimentos con gatos publicados en 1925: al lesionar de forma bilateral una zona muy concreta del tegmento pontino, los animales desarrollaban retención urinaria permanente, mientras que lesiones fuera de esa zona no producían el mismo efecto. Ese trabajo de localización estereotáxica, hecho con instrumental muy rudimentario para lo que se pedía de él, sigue siendo la referencia sobre la que se apoya toda la literatura posterior sobre el llamado centro pontino de la micción. Del latín mictio, mictionis, derivado del verbo mingere. Comparte raíz con "mingitorio", el mueble sanitario, y con el verbo coloquial "mear". El reflejo de micción descrito aquí es el mecanismo fisiológico normal, sometido en la persona sana al control voluntario que ejerce la corteza cerebral sobre el núcleo de Barrington. La vejiga refleja es un concepto clínico distinto: la vejiga se vacía por reflejo puro, sin que la persona lo perciba ni pueda controlarlo, cuando una lesión medular por encima del nivel sacro interrumpe la vía de control superior sin dañar el arco reflejo sacro en sí. Sí. La corteza cerebral, a través de vías descendentes hacia el núcleo de Barrington y de un refuerzo directo sobre el esfínter uretral externo por el nervio pudendo, puede posponer el vaciado incluso con la vejiga muy llena. Esa capacidad de aplazamiento es aprendida, no innata. No. El arco reflejo sacro funciona desde el nacimiento, pero la vía de control voluntario que lo somete a la corteza tarda entre dos y tres años en madurar por completo, lo que explica por qué el control de esfínteres se adquiere de forma progresiva y no de un día para otro.Qué es el reflejo de micción
La fase de llenado: el reflejo de guarda
La fase de vaciado: el núcleo de Barrington
Desarrollo histórico
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra "micción"?
¿Qué diferencia hay entre el reflejo de micción y la llamada vejiga refleja?
¿Puede inhibirse voluntariamente?
¿Es igual en el recién nacido que en el adulto?
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Referencias
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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