DICCIONARIO MÉDICO
Recirculación linfocitaria
La recirculación linfocitaria es el desplazamiento continuo de los linfocitos entre la sangre y los órganos linfoides secundarios, un ciclo que les permite recorrer el organismo hasta encontrar el antígeno para el que están programados. No es un fenómeno pasivo: depende de una secuencia precisa de reconocimiento entre el linfocito y el endotelio especializado de esos órganos, y sigue patrones distintos según la célula sea virgen o haya sido ya activada por un antígeno. El ciclo empieza en la sangre. Un linfocito virgen, que todavía no ha encontrado su antígeno, abandona el torrente circulatorio al entrar en un ganglio linfático, el bazo o una placa de Peyer a través de las vénulas de endotelio alto, unos vasos poscapilares especializados en captar linfocitos. Dentro del órgano linfoide recorre la zona de células T en busca de una célula presentadora que exhiba su antígeno; si no lo encuentra, sale de nuevo por los vasos linfáticos eferentes, atraviesa otros ganglios de la cadena y termina reincorporándose a la sangre a través del conducto torácico. El mecanismo molecular que permite la entrada por las vénulas de endotelio alto (el reconocimiento inicial, la detención y el paso a través de la pared vascular) se explica con detalle en la entrada dedicada a la vénula de endotelio alto. La existencia de este ciclo se demostró en la rata a finales de la década de 1950. El inmunólogo británico James Gowans canuló el conducto torácico de ratas para drenar de forma continua sus linfocitos y observó que, si esos linfocitos se reinyectaban en el animal, el drenaje que había ido disminuyendo con el tiempo volvía a recuperarse. La conclusión era que los linfocitos no se agotaban. Regresaban a la sangre y volvían a incorporarse al conducto torácico una y otra vez. Gowans y Knight completaron el mapa del circuito en 1964, con linfocitos marcados radiactivamente, al describir la ruta completa desde la sangre hasta los ganglios linfáticos y de vuelta a la sangre por el conducto torácico. Ese mismo año, Marchesi y Gowans documentaron con microscopía electrónica cómo el linfocito atraviesa la pared de la vénula pasando entre las células endoteliales, sin destruirlas. No todos los linfocitos recirculan por el mismo circuito. Los vírgenes se limitan, en gran medida, a los órganos linfoides secundarios: entran por las vénulas de endotelio alto, salen por la linfa eferente y regresan a la sangre, sin acceder apenas a los tejidos no linfoides. En 1990, Mackay, Marston y Dudler demostraron esta diferencia de forma directa, al comprobar en la oveja que la linfa aferente (la que llega a un ganglio desde los tejidos periféricos) contenía linfocitos de memoria pero prácticamente ningún linfocito virgen, lo que confirmaba que solo las células ya activadas abandonan la sangre a través de tejidos distintos de los órganos linfoides. Los linfocitos efectores y de memoria adquieren durante su activación un repertorio distinto de moléculas de adhesión y de receptores de quimiocinas que los dirige hacia el tejido periférico donde se originó la infección, ya sea la piel, el intestino o las mucosas respiratorias, según el contexto en el que fueron activados. Esa capacidad de dirigirse a un destino concreto amplía el concepto original de recirculación homogénea entre órganos linfoides hacia un mapa de rutas específicas, cada una adaptada al tipo de amenaza que la célula ya conoce. La utilidad de este tránsito constante es, en el fondo, una cuestión de probabilidad. Cada linfocito virgen reconoce un solo antígeno entre un repertorio de millones de especificidades distintas, y las probabilidades de que ese antígeno concreto aparezca justo donde está la célula en un momento dado son mínimas. Al recorrer de forma sucesiva decenas de órganos linfoides a lo largo de su vida, el linfocito multiplica sus oportunidades de encontrarse con la célula presentadora que porta precisamente el antígeno para el que está programado. No siempre. Los linfocitos vírgenes de vida larga pueden recircular durante meses o años sin encontrar su antígeno, pero en cuanto uno lo encuentra y se activa cambia de patrón: parte de su descendencia se convierte en células efectoras de vida corta y otra parte, en células de memoria que seguirán recirculando con un mapa de destinos distinto al que tenía la célula virgen original. Con microscopía electrónica. Marchesi y Gowans lo documentaron en 1964: el linfocito se desliza entre dos células endoteliales contiguas sin romper la integridad del vaso. Son procesos distintos aunque compartan gran parte de la maquinaria molecular. La recirculación ocurre entre órganos linfoides sin que medie ninguna alteración patológica; el reclutamiento, en cambio, responde a una señal de alarma y lleva al leucocito hasta un punto concreto de un tejido dañado o infectado. La entrada dedicada al reclutamiento desarrolla esta distinción y el modelo de pasos consecutivos que explica ambos fenómenos. En 1959, en el Journal of Physiology, aunque ese primer trabajo describía sobre todo la reversibilidad del drenaje linfático tras la reinfusión de las células. El mapa completo del circuito, con la ruta específica desde la sangre hasta los ganglios y de vuelta a la sangre por el conducto torácico, llegó cinco años después, en el estudio de 1964 con Knight.Qué es la recirculación linfocitaria
El hallazgo de Gowans
Patrones distintos: vírgenes, efectores y de memoria
Preguntas frecuentes
¿Recircula el mismo linfocito toda la vida?
¿Cómo se demostró que el linfocito atraviesa físicamente la pared del vaso?
¿Qué diferencia hay entre recirculación y reclutamiento?
¿Cuándo se publicó por primera vez el hallazgo de Gowans?
Referencias
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