DICCIONARIO MÉDICO
Prueba de pentolinio
La prueba de pentolinio es un test farmacológico de supresión que se utilizó en el estudio del feocromocitoma. Se basa en la administración intravenosa de pentolinio, un bloqueante ganglionar: en la hipertensión esencial, la catecolaminemia desciende tras la inyección, mientras que en el tumor secretor permanece elevada. El pentolinio es una sal de amonio cuaternario, en concreto un derivado del pentametonio en el que los dos nitrógenos terminales quedan integrados en sendos anillos de pirrolidina en lugar de ir trimetilados por separado. Actúa como antagonista nicotínico sobre los receptores de los ganglios autónomos, de ahí que se le clasifique entre los bloqueantes ganglionares, un grupo farmacológico hoy prácticamente en desuso. Bajo el nombre comercial Ansolysen se empleó durante los años cincuenta como antihipertensivo, antes de que su capacidad para suprimir de forma selectiva el tono simpático nervioso (sin afectar a la secreción autónoma de un tumor) lo convirtiera en herramienta diagnóstica. La empresa británica May & Baker lo desarrolló a comienzos de esa misma década, dentro de una serie de compuestos con actividad ganglioplégica. Los primeros ensayos clínicos, en 1952, corrieron a cargo del neozelandés Horace Smirk, en el Hospital de Dunedin. Los ganglios autónomos son el punto de relevo obligado entre la neurona preganglionar y la posganglionar del sistema nervioso simpático. Bloquear ahí la transmisión nicotínica interrumpe la llegada de impulsos nerviosos a la médula suprarrenal y a las terminaciones simpáticas periféricas. En un paciente con hipertensión esencial, buena parte de la catecolaminemia circulante depende precisamente de ese tono nervioso, así que la inyección de pentolinio la hace descender hasta valores normales. En el feocromocitoma sucede lo contrario: el tumor libera catecolaminas de forma autónoma, al margen de cualquier estímulo nervioso, y el bloqueo ganglionar no tiene nada sobre lo que actuar. El fármaco corta el cable, pero la fuga sigue el mismo tubo, ajena al interruptor. El respaldo clínico de la prueba procede de un estudio publicado en 1981 en The Lancet por Brown, Allison, Jenner, Lewis y Dollery. Los autores analizaron a 26 pacientes con sospecha de feocromocitoma sometidos a cateterismo venoso selectivo; en 18 de ellos se confirmó y extirpó un tumor. Tras administrar 2,5 mg de pentolinio por vía intravenosa, las catecolaminas plasmáticas se normalizaron en los 8 pacientes sin tumor, pero permanecieron elevadas en quienes sí lo tenían. Los autores señalaron además que la adrenalina plasmática, casi toda ella de origen medular suprarrenal, resultaba especialmente útil para detectar tumores pequeños. La noradrenalina, en cambio, procede en buena parte de terminaciones nerviosas periféricas y diluye esa señal. La prueba de pentolinio no es la única supresión farmacológica descrita para el feocromocitoma. La prueba de clonidina persigue el mismo objetivo por una vía distinta: la clonidina es un agonista alfa-2 de acción central que reduce el tono simpático actuando sobre el tronco del encéfalo, no sobre el ganglio periférico. Ambas comparten la misma lógica (suprimir lo fisiológico sin tocar lo tumoral), aunque difieren en el punto anatómico donde intervienen. Con las pruebas de provocación ocurre justo lo contrario. El glucagón, la histamina o la tiramina buscan desencadenar una crisis hipertensiva para confirmar la hiperreactividad tumoral, en vez de suprimir una secreción fisiológica. Es un enfoque más arriesgado, hoy prácticamente abandonado por el riesgo de complicaciones graves. En la práctica actual, ni la prueba de pentolinio ni la de clonidina se solicitan con frecuencia. Las metanefrinas libres en plasma, con una sensibilidad cercana al 99 %, han relegado a las pruebas farmacológicas de supresión a un papel casi anecdótico, reservado a los casos con biomarcadores en zona límite. Porque su lugar de acción es muy concreto: el ganglio autónomo periférico. Otros antihipertensivos actúan sobre el músculo liso vascular o sobre el sistema renina-angiotensina, puntos que no permiten distinguir el origen nervioso del tumoral de una catecolaminemia elevada. No. Al contrario, busca suprimir una elevación ya existente de catecolaminas. Por eso se clasifica entre las pruebas de supresión y conviene no confundirla con el glucagón o la histamina, de mecanismo opuesto. El punto donde actúa cada fármaco. El pentolinio bloquea el ganglio autónomo periférico; la clonidina actúa de forma central, sobre el tronco del encéfalo. El resultado esperado, sin embargo, es el mismo: supresión en la hipertensión esencial y ausencia de supresión en el feocromocitoma. En 1981, cuando Brown y su equipo publicaron en The Lancet un estudio con 26 pacientes que confirmó su capacidad de distinguir el feocromocitoma de la hipertensión esencial mediante la determinación de adrenalina plasmática. Rara vez. Los manuales de referencia la describen como una prueba de segunda línea, útil solo cuando las metanefrinas plasmáticas ofrecen un resultado dudoso. Si desea profundizar en conceptos asociados a la prueba de pentolinio, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la prueba de pentolinio
Mecanismo: por qué distingue el tumor de la hipertensión esencial
Origen y validación clínica
Diferenciación con otras pruebas funcionales
Preguntas frecuentes
¿Por qué se emplea un bloqueante ganglionar y no otro fármaco?
¿Es una prueba de provocación?
¿Qué diferencia hay entre la prueba de pentolinio y la prueba de clonidina?
¿Cuándo se validó clínicamente esta prueba?
¿Se sigue solicitando en la práctica clínica actual?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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