DICCIONARIO MÉDICO
Propiltiouracilo
El propiltiouracilo es un fármaco antitiroideo de la familia de las tionamidas, empleado en el hipertiroidismo, incluida la enfermedad de Graves. Inhibe la peroxidasa tiroidea y, a diferencia de otras tionamidas, bloquea también la conversión periférica de la hormona T4 en su forma activa, T3. Su código en la clasificación ATC es H03BA02. Para posología, contraindicaciones, interacciones y seguridad en el embarazo y la lactancia, consulte la ficha técnica oficial en la AEMPS (CIMA). Es un derivado del tiouracilo, con un núcleo de pirimidina-tiona distinto del núcleo de tioimidazol que caracteriza al metimazol, la otra tionamida de uso frecuente. Esa diferencia estructural no afecta al mecanismo principal, la inhibición de la peroxidasa tiroidea, pero sí explica un rasgo particular del propiltiouracilo: su capacidad añadida para inhibir la enzima que convierte la T4 en T3 en los tejidos periféricos, un efecto que el metimazol apenas posee. Su biodisponibilidad oral es alta, entre el 80 y el 95 por ciento, pero su semivida de eliminación es breve, de una a dos horas, sensiblemente más corta que la del metimazol. Se une a proteínas plasmáticas en una proporción considerable, alrededor del 80 por ciento, frente a un metimazol prácticamente libre en el plasma. La historia de este grupo de fármacos empieza con una observación de laboratorio. A comienzos de los años cuarenta, investigadores de la Universidad Johns Hopkins comprobaron que ciertos compuestos con azufre provocaban bocio en animales de experimentación al bloquear la síntesis de hormona tiroidea. Edwin Astwood recogió esa pista y, en 1943, publicó el primer uso clínico de la tiourea y el tiouracilo en pacientes con hipertiroidismo. El tiouracilo original resultó tóxico: provocaba un olor de aliento desagradable y, en algún caso, erupciones cutáneas o agranulocitosis. La búsqueda de análogos menos tóxicos llevó al propio Astwood a desarrollar el propiltiouracilo, aprobado en Estados Unidos en 1947, y más tarde al metimazol. Hoy el metimazol es, en la mayoría de los casos, el antitiroideo de primera elección, gracias en parte a su semivida más larga. El propiltiouracilo ha quedado relegado a situaciones concretas, entre ellas la tormenta tiroidea, donde su capacidad adicional para frenar la conversión de T4 en T3 aporta una ventaja que el metimazol, en la práctica, no ofrece. En el núcleo de la molécula: el propiltiouracilo deriva del tiouracilo, con estructura de pirimidina-tiona, mientras que el metimazol tiene un núcleo de tioimidazol. Ambos inhiben la misma enzima, la peroxidasa tiroidea, pero solo el propiltiouracilo bloquea además la conversión periférica de T4 a T3. Porque su efecto adicional sobre la desyodasa periférica frena la formación de T3, la hormona tiroidea con mayor actividad biológica, algo que el metimazol no consigue en la misma medida. Esa propiedad resulta útil precisamente en los cuadros más graves de exceso hormonal. Desde 1947, año de su aprobación en Estados Unidos. Es, junto con el metimazol, uno de los antitiroideos con más recorrido histórico en uso clínico continuado. Para ampliar conceptos relacionados con el propiltiouracilo, puede consultar:Qué es el propiltiouracilo
Origen histórico de las tionamidas
Propiltiouracilo y metimazol: un reparto de papeles
Preguntas frecuentes
¿En qué se diferencia químicamente del metimazol?
¿Por qué se sigue usando en la tormenta tiroidea?
¿Desde cuándo se usa el propiltiouracilo?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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