DICCIONARIO MÉDICO
Prehensión
La prehensión es la capacidad de sujetar un objeto con la mano, cerrando los dedos sobre él con fuerza suficiente para retenerlo. En el recién nacido aparece como un reflejo automático; en el adulto se convierte en un gesto voluntario que la neurología clasifica según la fuerza y la precisión que exige cada tarea. El término convive en español con prensión, su forma más antigua y la única que registra el diccionario académico como entrada propia. Ambas proceden del latín prehensio, prehensionis, derivado del verbo prehendere (agarrar, asir), formado a su vez por el prefijo prae- y el verbo hendere, emparentado, según el Diccionario Etimológico, con el inglés get. Prehensión es un cultismo de uso más reciente, muy extendido en la literatura médica y en terapia ocupacional, quizá por influjo del francés préhension o del inglés prehension. En la práctica clínica, los dos términos funcionan como sinónimos exactos. Conviene no confundirla con la aprensión, palabra de raíz vecina pero significado distinto: mientras la prehensión describe un acto motor, la aprensión designa un estado de inquietud o recelo ante una amenaza percibida. Al nacer, el ser humano ya dispone de un repertorio de reflejos primitivos que no dependen de la voluntad ni de la maduración cortical. Uno de ellos es el reflejo de prensión palmar: basta rozar la palma abierta del bebé para que cierre la mano en torno al estímulo con una fuerza que sorprende a quien lo comprueba por primera vez. No hay intención en el gesto. Algunos recién nacidos llegan a sostener buena parte de su propio peso agarrados con ambas manos, aunque ningún pediatra recomienda comprobarlo por diversión. Existe un reflejo equivalente en el pie, el reflejo de prensión plantar, que se explora presionando la base de los dedos y que tarda más tiempo en desaparecer. Según la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, este reflejo, como otros reflejos arcaicos del recién nacido, se apaga de forma progresiva a medida que el sistema nervioso madura. Su persistencia más allá de la edad en que debería haber desaparecido puede ser, precisamente por eso, un dato que el pediatra decida investigar. El reflejo palmar se apaga hacia el quinto o sexto mes de vida, y no lo hace por azar: es sustituido, casi sin solución de continuidad, por un gesto que el bebé empieza a controlar. Entre los cuatro y los ocho meses, aproximadamente, la maduración de la coordinación entre la vista y la mano permite lo que se conoce como prensión dirigida: el niño mira el objeto, calcula la distancia y cierra los dedos sobre él con una intención de la que el recién nacido carecía. Es el momento en que la prensión deja de depender de la médula espinal y pasa a depender de la corteza cerebral. En 1956, el anatomista británico John Napier publicó en el Journal of Bone and Joint Surgery un estudio que se sigue citando hoy en biomecánica y en terapia ocupacional. Napier distinguió dos patrones básicos de agarre en la mano humana: la prensión de fuerza y la prensión de precisión. En la primera, el objeto queda encerrado entre los dedos flexionados y la palma, como al sujetar un martillo o una barra, y el pulgar refuerza el cierre sin intervenir en el control fino. En la segunda, el objeto se sostiene entre las yemas del pulgar y de uno o varios dedos, sin apoyo palmar, en un gesto que exige más destreza que fuerza: enhebrar una aguja, sostener un lápiz, recoger una moneda del suelo. La oposición del pulgar, esto es, su capacidad de girar y enfrentar la yema a la de los demás dedos, es la que hace posible este segundo patrón. Distingue, además, a la mano humana de la de la mayoría de los demás primates. En un adulto sano, el reflejo de prensión no existe: la corteza frontal lo mantiene inhibido durante toda la vida. Por eso, cuando reaparece, adquiere un valor diagnóstico por completo distinto del que tiene en el bebé. Se explora deslizando dos dedos por la palma del paciente mientras se le pide, de forma explícita, que no agarre nada. Si, a pesar de la instrucción, los dedos se cierran sobre el estímulo, y sobre todo si el paciente no logra soltarlos por propia voluntad, se habla de reflejo de prensión forzada. Es uno de los llamados signos de liberación frontal y, cuando aparece en un solo lado del cuerpo, señala con bastante fiabilidad una lesión en el lóbulo frontal contrario. También puede presentarse de forma bilateral en cuadros más difusos, como ciertas demencias o un aumento generalizado de la presión intracraneal. Sí. Ambas descienden del mismo étimo latino, prehensio, y designan idéntico acto de agarrar. El Diccionario de la lengua española solo registra prensión como entrada propia, pero prehensión circula con total normalidad en los textos médicos y de rehabilitación. Ninguna de las dos formas es incorrecta. No. La prehensión es motora: agarrar un objeto con la mano. La aprehensión es un estado emocional de inquietud o temor anticipado. Comparten raíz latina, pero designan realidades tan distintas como el gesto y el miedo. Sí, aunque suele ser más débil. El reflejo de prensión palmar aparece en etapas tempranas de la gestación y gana intensidad con la maduración neurológica, de modo que en los grandes prematuros puede resultar apenas perceptible. El calificativo distingue este reflejo patológico del gesto voluntario de agarrar algo a propósito. Forzada subraya justo lo contrario de lo que ocurre en la vida diaria: el paciente no decide sujetar el objeto, ni puede evitarlo, ni logra soltarlo cuando se le pide. Esa pérdida de control es lo que convierte un gesto tan común en un dato neurológico.Qué es la prehensión
El reflejo de prensión en el recién nacido
Del reflejo automático a la prensión voluntaria
Clasificación de la prensión en la mano adulta
Cuando el reflejo reaparece: significado en el adulto
Preguntas frecuentes
¿Prensión y prehensión significan lo mismo?
¿Es lo mismo prehensión que aprehensión?
¿Tienen este reflejo los bebés prematuros?
¿Por qué se llama forzada al reflejo del adulto?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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