DICCIONARIO MÉDICO
Plasmodium malariae
Plasmodium malariae es la especie de Plasmodium que causa la fiebre cuartana, con accesos cada tres días. Es la de ciclo más lento y, a la vez, la más tenaz: aunque no deja formas dormidas en el hígado, puede sobrevivir en la sangre a niveles muy bajos durante años, e incluso decenios, antes de volver a dar la cara. Está repartida por gran parte del mundo tropical, siempre en menor proporción que las demás especies. Plasmodium malariae Parásito de la fiebre cuartana Tipo: protozoo Grupo: esporozoo del filo Apicomplexa Transmisión: vectorial, por la picadura de mosquitos Anopheles hembra Reservorio: humano Patogenicidad: primario Enfermedades: paludismo Es una de las cuatro especies clásicas del paludismo humano, la responsable de la cuartana. Su nombre no esconde metáforas: malariae es el genitivo latino de malaria, de modo que significa, sin más, de la malaria. Fue el parásito con el que Laveran asoció por primera vez la enfermedad, y la referencia que Marchiafava y Celli usaron al fijar el género Plasmodium en 1885. Es selectiva con sus víctimas: prefiere los glóbulos rojos viejos, ya cerca del final de su vida. Como estos son escasos, las cargas de parásito que alcanza son bajas, y la infección suele cursar de forma más apagada que la de otras especies. Dentro del hematíe, el parásito adopta a veces una disposición en banda que lo atraviesa de lado a lado, un detalle morfológico que ayuda a identificarlo. La particularidad de P. malariae es su persistencia. No fabrica hipnozoítos, las formas latentes del hígado que explican las recaídas de P. vivax. Su truco es otro: se mantiene en la sangre en cantidades ínfimas, por debajo de lo que a veces detecta un análisis, durante periodos larguísimos. Se han documentado reapariciones décadas después de la infección inicial, en personas que habían abandonado hacía mucho la zona endémica. A esa reactivación desde una parasitemia mínima se la llama recrudescencia, y la distingue de la recaída hepática de otras especies. Esa convivencia prolongada tiene un precio conocido. En algunos casos, sobre todo en niños, la infección crónica por P. malariae se ha asociado a una lesión del riñón, la llamada nefropatía cuartana, ligada al depósito mantenido de complejos inmunitarios en el filtro renal. Es una asociación clásica de esta especie y poco habitual en las demás. Al microscopio, P. malariae es casi indistinguible de P. knowlesi, la especie de origen simio del sudeste asiático. Durante años, muchos casos de knowlesi se etiquetaron como malariae por su parecido, hasta que las técnicas moleculares permitieron separarlos. La diferencia importa: mientras que malariae rara vez se agrava, knowlesi sí puede hacerlo. Por eso, en un viajero procedente de Malasia o Borneo, un supuesto malariae obliga a descartar al primo peligroso. Es el acceso febril que se repite cada tres días, contando de forma inclusiva. Corresponde al ciclo de 72 horas de P. malariae dentro de los glóbulos rojos, el más lento de las especies humanas. Sí. Es su rasgo más característico. P. malariae no se esconde en el hígado, pero persiste en la sangre a niveles muy bajos y puede reactivarse décadas más tarde. A esa reaparición se la llama recrudescencia. Porque sus formas dentro del glóbulo rojo son casi idénticas al microscopio. La distinción fiable llegó con las pruebas moleculares, que revelaron que numerosos casos diagnosticados como malariae en el sudeste asiático eran en realidad knowlesi. Para situar Plasmodium malariae dentro de su grupo, puede consultar:Qué es Plasmodium malariae
El parásito que no se marcha
Una confusión con consecuencias
Preguntas frecuentes
¿Qué es la fiebre cuartana?
¿Puede reaparecer muchos años después?
¿Por qué se confunde con P. knowlesi?
Referencias
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