DICCIONARIO MÉDICO
Placebo
Un placebo es una sustancia o intervención sin actividad terapéutica específica para la condición que se pretende tratar, administrada de forma que el paciente no puede distinguirla de un tratamiento real. Puede tratarse de un comprimido inerte, una inyección de suero fisiológico o incluso una intervención quirúrgica simulada. Su papel más conocido es el de comparador en la investigación clínica, aunque su historia como concepto médico es bastante anterior al nacimiento del ensayo clínico moderno. La palabra procede del latín placebo, "agradaré", primera persona del futuro de indicativo del verbo placere, "agradar". Correspondía a la primera antífona de las Vísperas del oficio de difuntos en la liturgia medieval, tomada del salmo 116 de la Vulgata: "Placebo Domino in regione vivorum", agradaré al Señor en la tierra de los vivos. Hacia el siglo XIV el término se cargó de un matiz peyorativo: algunas familias pagaban a plañideras para que abrieran el velatorio entonando precisamente ese verso, y de ahí nació la figura del "cantor de placebo", sinónimo de adulador interesado. El salto al vocabulario médico se documenta en 1785, cuando el término empieza a designar un medicamento administrado más para complacer al paciente que para beneficiarlo. En 1811, el diccionario médico de Hooper lo definía como "cualquier medicamento adaptado más para agradar que para curar", una definición que no negaba necesariamente su eficacia, solo la intención declarada de quien lo prescribía. El matiz negativo persistió mucho tiempo. Dentro de esta categoría general, la literatura médica distingue entre placebo puro y placebo impuro. El puro es una sustancia sin acción farmacológica conocida, como un comprimido de lactosa o una inyección de suero fisiológico. El impuro sí tiene actividad farmacológica propia, pero no para la condición que se está tratando: administrar una vitamina a alguien sin déficit vitamínico, o un antibiótico frente a una infección viral, encajan en esta categoría. Existe también el placebo quirúrgico o cirugía simulada, empleado como control en ensayos de procedimientos invasivos: el paciente recibe anestesia, incisión y cuidados postoperatorios idénticos a los del grupo tratado, pero se omite el paso considerado terapéuticamente decisivo. Un ensayo con cirugía simulada en artroscopia de rodilla, publicado a comienzos de los años 2000, mostró mejorías equivalentes entre el grupo operado y el grupo simulado, un resultado que sacudió la práctica habitual en cirugía ortopédica. Más reciente es el placebo abierto (open-label placebo), en el que el paciente sabe desde el principio que está tomando una sustancia inerte. En 2010, un equipo de la Universidad de Harvard dirigido por Ted Kaptchuk publicó un ensayo con pacientes de síndrome de intestino irritable a quienes se entregó, sin ningún engaño, comprimidos etiquetados como "placebo". Mejoraron el doble que el grupo sin tratamiento. La transparencia no anuló el efecto. Uno de los primeros experimentos con un diseño comparable al placebo se atribuye al médico inglés John Haygarth, que en 1799 trató a varios pacientes reumáticos con varillas de madera pintadas para imitar los "tractores metálicos" que el estadounidense Elisha Perkins vendía como remedio contra el dolor. Los resultados con las varillas de madera fueron idénticos a los obtenidos con los tractores auténticos, y Haygarth publicó sus conclusiones al año siguiente. Décadas más tarde, en 1834, el clínico francés Armand Trousseau administró placebo a sus pacientes y llegó a afirmar que su eficacia igualaba, cuando no superaba, la de los preparados homeopáticos de la época. La referencia obligada del siglo XX es Henry K. Beecher, anestesista de Harvard, que en 1955 publicó "The Powerful Placebo" en la revista de la Asociación Médica Americana. Tras revisar quince ensayos con distintas enfermedades, concluyó que un 35 % de los pacientes mejoraba solo con placebo, cifra que durante décadas se citó como si fuera una constante biológica. Un reanálisis posterior de esos mismos ensayos, publicado en 1997, no encontró evidencia sólida de que el placebo hubiera producido ningún efecto real en la mayoría de los casos que Beecher había citado. El debate sigue abierto. El placebo es la sustancia o intervención; el efecto placebo es la respuesta clínica que puede generar en quien lo recibe. Son entradas distintas de este diccionario precisamente porque conviene no confundir el objeto con lo que provoca. El mecanismo psicológico que subyace a esa respuesta (expectativa, condicionamiento, la propia relación con quien administra el tratamiento) se desarrolla con más detalle en la entrada dedicada a la sugestión. Su aplicación como herramienta metodológica en la investigación clínica, con las implicaciones éticas y regulatorias que conlleva, tiene entrada propia en control con placebo en investigación. Por herencia semántica. El verbo latino del que procede significaba agradar, y la palabra llegó a la medicina cargada con el matiz peyorativo que había adquirido en la Edad Media: algo que satisface sin curar. La palabra conservó ese doble filo durante siglos. Depende del contexto. En investigación, su uso está sujeto a normas estrictas: solo se acepta cuando no existe un tratamiento estándar eficaz o cuando el riesgo de prescindir de él durante el estudio es asumible. En la práctica clínica habitual, administrar un placebo sin informar al paciente plantea problemas éticos que buena parte de las guías profesionales desaconsejan. La entrada sobre control con placebo en investigación desarrolla esta cuestión con más detalle. El placebo produce una mejoría atribuible a la expectativa positiva del paciente. El nocebo es el fenómeno inverso: el deterioro o la aparición de síntomas nuevos que la persona experimenta por la expectativa de un daño, aunque la sustancia administrada sea igual de inerte. El término lo acuñó en 1961 el médico Walter Kennedy, construyendo la palabra latina por simetría exacta con placebo: si uno significa "agradaré", el otro significa "dañaré". No. Es más consistente en síntomas subjetivos como el dolor, la fatiga o las náuseas, donde interviene la percepción del paciente. No hay evidencia de que un placebo reduzca el tamaño de un tumor o cure una infección bacteriana, por favorable que sea la expectativa del paciente. Para ampliar contexto sobre este concepto, puede consultar:Qué es un placebo
Tipos de placebo
Investigación histórica sobre su eficacia
Diferenciación con conceptos relacionados
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama así a una sustancia sin efecto terapéutico?
¿Es ético usar placebo en un paciente?
¿Qué diferencia hay entre placebo y nocebo?
¿Funciona igual en todas las enfermedades?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026