DICCIONARIO MÉDICO
Pinzas
Las pinzas son uno de los instrumentos más antiguos y más usados del quirófano: dos ramas articuladas que se aproximan entre sí para sujetar, separar o comprimir. Bajo ese nombre común conviven decenas de modelos distintos, cada uno pensado para un tejido, una fuerza de agarre o una maniobra concretos. La palabra llegó al español desde el francés pince, tenaza. Ese término procede del verbo francés antiguo pincier, «pellizcar», que a su vez hunde sus raíces en un latín vulgar reconstruido, *pinctiare, cruce entre punctiare (de punctus, «punto», pinchar) y piccare (picar). La imagen que arrastra la palabra desde su origen medieval, algo que se aprieta entre dos puntas, describe con bastante fidelidad lo que hace el instrumento siglos después. En cirugía, una pinza es cualquier instrumento formado por dos ramas articuladas que se accionan para aproximar sus extremos y ejercer presión sobre un tejido, un vaso sanguíneo o un objeto. Sirven para tres tareas: sujetar, separar o comprimir. Rara vez cortan; de eso se ocupan las tijeras y los bisturíes. Ya en el siglo VI antes de nuestra era, el tratado indio Sushruta Samhita describía más de un centenar de instrumentos quirúrgicos, entre ellos pinzas rudimentarias de bronce y hierro, lo que sitúa el origen del instrumento mucho antes que el propio nombre que hoy usamos para él. Toda pinza comparte una anatomía básica, aunque con variaciones según el modelo. Las ramas terminan en la mandíbula, la parte que entra en contacto con el tejido y que puede ser lisa, estriada o dentada según la firmeza de agarre que necesite. En el otro extremo está el mango, y aquí es donde aparece la primera gran diferencia entre familias de pinzas. Unas se sostienen entre el pulgar y el índice, sin más mecanismo que la elasticidad del propio metal: al soltar la presión de los dedos, las ramas se separan solas. Otras incorporan anillos para los dedos y una cremallera situada cerca de la articulación (también llamada caja de traba) que permite dejarlas cerradas sobre el tejido sin mantener la presión de la mano. Esto resulta útil cuando la pinza debe quedar ocluyendo un vaso sangrante mientras el cirujano tiene las manos ocupadas en otra maniobra. Esa diferencia de cierre marca la primera gran división del instrumental de aprehensión: pinzas de pulgar, también llamadas pinzas de agarre o sin bloqueo, frente a pinzas de anillo, con cremallera y bloqueo. Dentro de cada grupo, la función concreta determina el resto de variantes. Las pinzas de disección sujetan y separan tejidos blandos sin necesidad de bloqueo. Las hemostáticas comprimen vasos sangrantes y sí incorporan cremallera, con modelos que van desde los más delicados hasta los diseñados para pedículos de mayor calibre. Las de prensión sostienen firmemente un tejido u objeto durante toda la maniobra, y las de campo fijan los paños quirúrgicos a la piel del paciente, con modelos históricos como la pinza de Backhaus, de cremallera, o la de Doyen, que se sujeta por la sola convergencia elástica de sus ramas. Por la forma de sus ramas se distinguen además pinzas rectas, curvas, acodadas en ángulo recto y en bayoneta, pensadas estas últimas para alcanzar estructuras profundas sin que el mango obstaculice la visión del campo operatorio. La longitud, que oscila entre los 10 y los 30 centímetros según el modelo, se elige en función de la profundidad a la que trabaja el instrumento. Cuando las ramas son especialmente robustas, el instrumento recibe a veces el nombre de fórceps, aunque esa palabra suele reservarse en la práctica clínica para dos contextos muy distintos: el instrumento obstétrico que ayuda a la salida de la cabeza fetal en un parto instrumental, y ciertas pinzas de cirugía ósea empleadas para sujetar o reducir fragmentos. Pinza, en cambio, es el término que engloba en español prácticamente todo el instrumental de aprehensión del quirófano. La confusión es comprensible: en inglés, forceps designa indistintamente a ambos, y de ahí que muchos catálogos y manuales traducidos mezclen los dos nombres sin distinción. Del francés pince, derivado del verbo pincier («pellizcar»), con una raíz latina vulgar reconstruida que combina la idea de pinchar y la de picar. Entró en el español documentado ya con el sentido actual de herramienta de dos brazos. No. Depende de qué se vaya a sujetar. Los dientes finos, llamados a menudo «diente de ratón», aumentan el agarre sobre piel o tejido resistente, pero pueden dañar estructuras delicadas como un vaso o un nervio. Para esos tejidos se emplean mandíbulas lisas o con estrías romas. Clamp es simplemente la palabra inglesa para las pinzas con cierre de cremallera, sobre todo las hemostáticas. En español no aporta ningún matiz que no tenga ya «pinza de anillo» o «pinza hemostática», por lo que su uso es más una costumbre de catálogo que una necesidad terminológica. Casi siempre de acero inoxidable quirúrgico, con aleaciones que resisten la esterilización repetida en autoclave. Existen variantes en titanio para procedimientos que requieren compatibilidad con resonancia magnética o menor peso del instrumento.Qué son las pinzas
Partes y mecanismo
Clasificación
Diferenciación con el fórceps
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene exactamente la palabra pinza?
¿Todas las pinzas quirúrgicas tienen dientes?
¿Es lo mismo una pinza que un clamp?
¿De qué material se fabrican?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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