DICCIONARIO MÉDICO
Petit mal
El petit mal es una denominación histórica, de origen francés, que la neurología del siglo XIX aplicó a un grupo de crisis epilépticas de escasa expresividad motora. El término está en desuso en la clasificación vigente, que lo sustituye, según el caso, por categorías más precisas como la ausencia típica. Petit mal es una locución francesa que se traduce literalmente como pequeño mal. Con ella, los alienistas franceses del siglo XIX designaban crisis epilépticas breves y de escasa manifestación externa, en oposición al grand mal, la crisis convulsiva mayor. El adjetivo pequeño no aludía a la gravedad del trastorno subyacente, que puede ser considerable, sino a la brevedad y a la discreción del episodio observado desde fuera. La expresión sobrevivió más de siglo y medio en la literatura médica y en el habla común, a pesar de sucesivas reformas de la nomenclatura epileptológica. Hoy se considera un arcaísmo terminológico, aunque sigue apareciendo con frecuencia en la consulta y en materiales antiguos. El vocablo tiene una genealogía precisa. En 1824, el psiquiatra francés Louis-Florentin Calmeil introdujo el término ausencia (absence) para las interrupciones súbitas de la conciencia que observaba en sus pacientes del hospital de Charenton. Fue su maestro, Jean-Étienne Dominique Esquirol, quien en 1838 empleó por primera vez la expresión petit mal, en su tratado sobre las enfermedades mentales. Ambos términos convivieron durante generaciones con el de grand mal, acuñado en el mismo entorno médico francés para las crisis convulsivas generalizadas. Ninguno de los dos designaba, en origen, un cuadro único. Esa imprecisión de partida explica buena parte de la confusión terminológica que arrastró el término durante el siglo siguiente. En 1945, el neurólogo estadounidense William G. Lennox amplió considerablemente el alcance del término al proponer la llamada tríada del petit mal: un conjunto formado por las ausencias, las crisis mioclónicas y las crisis acinéticas, que el propio Lennox rebautizó como astáticas en 1951. Bajo este esquema, petit mal dejó de nombrar un único tipo de crisis para convertirse en una etiqueta paraguas que agrupaba fenómenos electroclínicos distintos entre sí, unidos por la brevedad del episodio y por un trazado electroencefalográfico de punta-onda que, andando el tiempo, resultó ser más heterogéneo de lo que Lennox había supuesto. Más confusión que claridad generó, en la práctica, la propuesta. La escuela de Marsella, encabezada por Henri Gastaut, terminó por disociar los tres componentes de la tríada y por describir con criterios propios lo que hoy se conoce como síndrome de Lennox-Gastaut, una entidad muy distinta de las ausencias simples que Esquirol había tenido en mente un siglo antes. La reclasificación operativa de la Liga Internacional contra la Epilepsia (ILAE), de 2017, no incluye petit mal entre sus categorías. Lo que el siglo XIX y buena parte del XX agrupaban bajo esa etiqueta corresponde, en la nomenclatura vigente, sobre todo a la ausencia típica. El solapamiento, con todo, no es completo: algunas crisis que Lennox habría llamado petit mal encajan hoy en las ausencias atípicas o en las crisis mioclónicas, entidades con evolución y abordaje propios que la neurología moderna prefiere no mezclar. Las versiones novena y décima de la Clasificación Internacional de Enfermedades todavía recogen la terminología antigua, mientras que la undécima prescinde por completo de los tipos de crisis y organiza las epilepsias por etiología y síndrome. El desajuste, así, desaparece de raíz en los registros más recientes. En la consulta y en el lenguaje coloquial, sin embargo, petit mal sigue empleándose, con frecuencia, como sinónimo impreciso de crisis de ausencia. De la locución francesa que significa literalmente pequeño mal. La empleó por primera vez el psiquiatra Jean-Étienne Dominique Esquirol en 1838, como contrapartida menor del grand mal. No exactamente. La correspondencia es la más cercana entre los términos actuales, pero el petit mal histórico, sobre todo tras la tríada de Lennox de 1945, incluía también crisis mioclónicas y acinéticas que hoy se clasifican como entidades independientes. Porque agrupaba, bajo una misma palabra, fenómenos con mecanismos, pronósticos y edades de aparición distintos. La neurología moderna prefiere nombres que describan la semiología de la crisis (ausencia, mioclonía, atonía) en lugar de una valoración impresionista de su gravedad aparente, que además resultó engañosa en más de un caso. Sí, en la CIE-9 y la CIE-10, que conservan la terminología clásica de grand mal y petit mal. La CIE-11 no recoge tipos de crisis. Si desea profundizar en conceptos asociados al petit mal, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el petit mal
Origen histórico del término
La tríada de Lennox y la ampliación del concepto
Vigencia actual del término
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre petit mal?
¿Es lo mismo petit mal que ausencia típica?
¿Por qué se abandonó el término?
¿Sigue apareciendo en algún sistema de clasificación?
Referencias
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