DICCIONARIO MÉDICO
Oxigenación
La oxigenación es el proceso por el que el oxígeno del aire llega hasta la sangre y, desde ella, hasta cada célula del organismo. El término engloba dos fases distintas: la incorporación del gas en los pulmones y su llegada a los tejidos. No equivale a la ventilación, que es solo el movimiento de aire dentro y fuera del pulmón, ni a la perfusión, que es el flujo de sangre por los tejidos. En medicina, la oxigenación designa tanto el proceso fisiológico como su resultado medible: el grado en que la sangre y los tejidos disponen del oxígeno necesario para su metabolismo. Se emplea, por ejemplo, cuando se habla de vigilar la oxigenación de un paciente durante una anestesia o tras una cirugía. La palabra desciende de oxígeno, término acuñado en 1777 por el químico francés Antoine Lavoisier a partir del griego oxys (agudo, ácido) y genes (que genera, que produce). Lavoisier creía, de forma errónea, que este elemento formaba parte de todos los ácidos; el nombre se conservó aunque esa idea se abandonara después. Sobre esa raíz se construye oxigenación mediante el sufijo -ación, del latín -atio, que indica acción y efecto: la acción de oxigenar. El proceso se describe habitualmente en dos niveles. El primero ocurre en los pulmones: el aire llega hasta los alvéolos y el oxígeno atraviesa la membrana alveolocapilar para unirse a la hemoglobina de los glóbulos rojos. El indicador de referencia en este nivel es la saturación arterial de oxígeno, que cuenta con entrada propia en este diccionario. El segundo nivel es tisular. La sangre ya oxigenada debe llegar a cada órgano y ceder el oxígeno a las células. En este paso intervienen el gasto cardíaco, la cantidad de hemoglobina disponible y el estado de la microcirculación. Una saturación arterial normal no garantiza, por sí sola, una oxigenación tisular adecuada: el organismo puede fallar en cualquiera de los dos escalones de forma independiente. Conviene distinguir la oxigenación de otros procesos con los que suele confundirse. La ventilación es el movimiento mecánico de aire dentro y fuera de los pulmones; puede mantenerse dentro de parámetros normales y, aun así, coexistir con una oxigenación deficiente si el intercambio gaseoso en el alvéolo está alterado, como ocurre en ciertos desajustes entre las zonas ventiladas y las perfundidas del pulmón. La perfusión es, en cambio, el flujo de sangre a través de los tejidos: necesaria, pero no suficiente en solitario para garantizar la oxigenación. Y la respiración, en su sentido fisiológico más amplio, engloba tanto el intercambio de gases en el pulmón como su empleo final en las células; la oxigenación se centra, de forma más concreta, en el transporte y la disponibilidad de ese oxígeno en cada uno de esos puntos. Del griego antiguo, aunque el término lo acuñó un científico del siglo XVIII. Lavoisier buscaba un nombre que describiera lo que él pensaba que era la función del elemento: generar ácidos. El error conceptual no impidió que la palabra se extendiera a todas las lenguas europeas, con adaptaciones mínimas en cada una. No. Un paciente puede ventilar con normalidad, es decir, mover aire dentro y fuera de los pulmones sin dificultad aparente, y tener al mismo tiempo una oxigenación insuficiente. Esto sucede, por ejemplo, cuando existe un desajuste entre las zonas del pulmón que reciben aire y las que reciben sangre, de modo que parte del aire inspirado no llega a intercambiarse con la circulación. Existen dos vías principales, una no invasiva y otra directa. La primera mide, mediante un sensor colocado en un dedo o en el lóbulo de la oreja, la proporción de hemoglobina unida al oxígeno; esta técnica tiene su propia entrada en el diccionario. La segunda analiza una muestra de sangre arterial en el laboratorio y ofrece, además de la saturación, la presión parcial de oxígeno disuelto en el plasma. Sí, y ese fenómeno tiene nombre propio: hipoxemia silente. Se describió con detalle durante la pandemia de COVID-19, a partir de 2020, cuando varios equipos clínicos observaron pacientes con cifras de saturación muy bajas que referían poca o ninguna sensación de ahogo. Los mecanismos propuestos incluyen el desajuste entre ventilación y perfusión y la presencia de microtrombos en la circulación pulmonar. El fenómeno no es exclusivo de esa enfermedad: se había descrito antes en otras afecciones respiratorias crónicas. Lo llamativo es la disociación entre un dato objetivo, la saturación medida por el aparato, y la percepción subjetiva del paciente. Por ese motivo, en determinados contextos clínicos se recurre a la medición directa en lugar de fiarse únicamente de los síntomas referidos.Qué es la oxigenación
Niveles del proceso: pulmonar y tisular
Diferenciación con la respiración, la ventilación y la perfusión
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra oxígeno?
¿Es lo mismo oxigenación que ventilación?
¿Cómo se valora la oxigenación de una persona?
¿Puede fallar la oxigenación sin que la persona note dificultad para respirar?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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