DICCIONARIO MÉDICO
Otoconias
Las otoconias son diminutos cristales de carbonato cálcico alojados en el oído interno. Forman parte del sistema que detecta la gravedad y los movimientos lineales de la cabeza, y su desplazamiento anómalo está detrás de uno de los trastornos del equilibrio más frecuentes. Otoconia procede del griego οὖς, ὠτός (oûs, ōtós), oído, y κόνις (kónis), polvo, con el sufijo -ia propio de los sustantivos abstractos. El nombre describe con bastante fidelidad su aspecto: partículas tan pequeñas que, a simple vista, recuerdan al polvo o a granos de arena finísimos. Se localizan sobre la membrana otolítica, una capa gelatinosa que cubre las máculas del utrículo y del sáculo, los dos órganos otolíticos del vestíbulo del oído interno. Su función no es sensorial en sí misma: añaden masa a la membrana para que, ante la gravedad o un cambio brusco de velocidad, esta se desplace y arrastre consigo los cilios de las células sensoriales situadas debajo. Químicamente son carbonato cálcico cristalizado en forma de calcita, uno de los tres polimorfos posibles de este mineral en el oído de los vertebrados. Los anfibios y los peces depositan aragonito en lugar de calcita, y algunos peces primitivos, vaterita; la elección del polimorfo depende, sobre todo, de las proteínas que organizan el cristal durante su formación. En mamíferos y aves, esa función organizadora corre a cargo de dos proteínas principales. La otoconina-90 es la proteína matriz mayoritaria y determina, junto con el calcio disponible, la morfología final del cristal. La otolina-1, por su parte, forma redes que actúan como andamiaje estructural. Ninguna de las dos basta por sí sola para producir la forma característica de la otoconia; su efecto se vuelve visible solo cuando actúan juntas. Todo este proceso de biomineralización ocurre durante el desarrollo embrionario, antes de que el sistema vestibular entre en funcionamiento. El utrículo y el sáculo se reparten el trabajo. La mácula utricular, orientada de forma aproximadamente horizontal, responde sobre todo a la aceleración lineal horizontal y a la inclinación de la cabeza. La mácula sacular, dispuesta en un plano más vertical, detecta preferentemente los desplazamientos verticales, como los que se producen al subir en un ascensor. El mecanismo es el mismo en ambos casos. Cuando la cabeza se mueve o cambia de posición, el peso de las otoconias hace que la membrana otolítica se desplace por inercia con un ligero retraso respecto al resto de los tejidos. Ese desfase inclina los cilios de las células ciliadas subyacentes, lo que genera una señal eléctrica que viaja hacia el encéfalo a través del nervio vestibulococlear. El cerebro traduce esa señal, junto con la información visual y propioceptiva, en una estimación de la posición y el movimiento de la cabeza. En español, otoconia y otolito suelen usarse como sinónimos, y en el contexto humano lo son. La distinción cobra sentido al comparar especies: los peces óseos poseen tres otolitos grandes y únicos por oído, estructuras masivas frente a los miles de partículas diminutas que forman el complejo otoconial de los mamíferos. Ambos sistemas cumplen la misma función mecánica, pero su arquitectura es radicalmente distinta. Cuando algunas otoconias se desprenden de su ubicación habitual y migran hacia los conductos semicirculares, un fenómeno conocido como vértigo posicional paroxístico benigno, dejan de aportar información útil sobre la gravedad y pasan a generar señales erróneas ante determinados giros de la cabeza. Es la alteración más conocida asociada a estas estructuras, aunque su abordaje clínico corresponde a otra ficha. De carbonato cálcico cristalizado en forma de calcita, depositado sobre una matriz de glicoproteínas en la que la otoconina-90 y la otolina-1 son las proteínas principales. Sí, en el ser humano ambos términos se usan como sinónimos. La palabra otolito procede del griego λίθος (líthos), piedra, y se aplica también, en sentido estricto, a las estructuras únicas y de mayor tamaño que poseen los peces óseos, distintas de las miles de partículas diminutas del oído humano. No de forma directa. Se localizan en el utrículo y el sáculo, dos órganos dedicados al equilibrio y a la detección de la gravedad, no en la cóclea, que es la estructura encargada de transformar el sonido en impulso nervioso. Pueden migrar hacia alguno de los conductos semicirculares y generar allí señales de movimiento que no se corresponden con la posición real de la cabeza. Este desplazamiento es el mecanismo conocido del vértigo posicional paroxístico benigno, uno de los trastornos vestibulares más frecuentes en la práctica clínica.Qué son las otoconias
Composición y formación
Localización y función en el equilibrio
Diferenciación con los otolitos de peces
Preguntas frecuentes
¿De qué están hechas exactamente las otoconias?
¿Es correcto llamarlas también otolitos?
¿Las otoconias intervienen en la audición?
¿Qué ocurre cuando las otoconias se desplazan de su posición?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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